miércoles, 28 de octubre de 2026

Sangre en la celda 9 (2/2)

Debo decir que esta es una de mis historias favoritas, me divertí mucho escribiéndola y me arrepiento de no haberla extendido más. Junto a Miedo a morir fueron las dos mejores historias que he escrito hasta ahora.

Puede que como lectores no las hayan disfrutado mucho y prefieran otras pero desde el lado de la escritura ame cada segundo escribiendo a estos personajes. Sin otra cosa que agregar me despido.

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Sangre en la celda 9

Parte II

Una alarma sonó por toda la prisión, los guardias corrieron a encerrar nuevamente a todos los prisioneros.

—Este es el segundo. Después del Alcaide no pensé que se atreverían a seguir.

—Como es posible que haya dos muertos. El prisionero que acaban de matar no importa, pero la muerte del Alcaide… —conversaban dos guardias mientras escoltaban a una gran cantidad de personas.

Gloria escucho todo, solo ella sabía la verdad.

—Philip… —murmuraba en voz baja.

No podía delatarlo, hacerlo sería incriminar a su propio cuerpo y si él se enteraba la regresaría a su cuerpo para que pagará su insubordinación.

Lo mejor era seguir su juego esperando a que él no dejara evidencia en su contra, el cambio de cuerpo no existía ¿verdad? Nadie le creería si se lo dijera.

Vivir en ese cuerpo viejo y cansado no era fácil, todas las noches lloraba y no podía verse al espejo. No podía hablar con nadie, todos le tenían miedo y los guardias lo odiaban por lo que ni siquiera le dirigían la palabra.

La prisión no solo era física con cuatro paredes alrededor de ella, sino que también era una prisión de carne, de la que rezaba escapar.

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“Gloria Miller” bajaba de su auto. Había manejado varias horas a un pueblo olvidado por dios en los límites de lo que el mundo consideraba civilización. El lugar era mágico, la mitad era el inicio de un frondoso bosque mientras que si caminabas a la dirección contraría te encontrabas con un paisaje seco casi desértico.

Hacía unos meses el ojo público no conocía ese poblado, pero desde que capturaron a Philip Lincoln se volvió un sitio de nicho para los fanáticos de los asesinos seriales.

Habían pasado meses desde que lo arrestaron, una semana desde que cambio de cuerpo con Gloria y mató al Alcaide y un día desde que asesino a uno de los reos que más odiaba.

Philip tomo el día libre de su “trabajo”, nadie sospecharía que una enfermera hubiera podido matar de esa forma a un tipo que pesaba el doble de ella.

Aprovecho el día para regresar al lugar de su captura, espero tiempo pues no quería que reporteros o televisoras imprudentes lo molestaran.

La fama tan pronto como llego se fue y solo los aficionados seguían visitando ese lugar, pero su nombre quedaría grabado en los libros de historia.

—¿Puedo rentar una habitación? Solo por esta noche —le dijo Philip con su mejor imitación de Gloria.

—Claro querida. Que te la pases bien —dijo una viejita dueña del lugar.

Con mucho esfuerzo subió la maleta que llevaba, su nuevo cuerpo era débil y delicado todo lo contrario a lo que era.

Cerró la puerta con llave y se desvistió hasta quedar desnudo.

—No me canso de esto —decía mientras empezaba a tocar su cuerpo.

Desde el intercambio Philip había violado la intimidad de Gloria, usaba sus manos para tocarlo con morbo, se introducía cualquier cosa que tuviera a la mano y se tomaba fotos sugerentes para usarlas como chantaje en el futuro.

Le encantaba tener orgasmos femeninos, eran mucho mejores a los que tenía cuando era hombre, en ese momento estaba usando uno de los juguetes que se había llevado con él, estaba a punto de correrse cuando la luz del exterior desapareció y un aroma a azufre lleno la habitación. El demonio con el que había hecho el pacto había aparecido.

—¿Te encuentro en un mal momento? —decía casi con burla a la mujer desnuda que tenía frente.

—Sí, estaba a punto de venirme hasta que llegaste. ¿Qué quieres?

—Estoy hambriento —decía el ser de oscuridad— necesito más almas. Era parte del trato.

—Y las estoy consiguiendo. Acabo de matar a una persona ayer en prisión —decía Philip mientras intentaba vestirse.

—No es suficiente. Necesito más, y rápido. No quieres que te regrese a tu cuerpo y te haga sufrir por toda la eternidad.

—Estoy en ello. Por eso vine a este lugar. Esta noche te vas a saciar y me dejarás en paz un poco más.

—Más te vale… —dijo el demonio mientras desaparecía dejando al hombre dentro del cuerpo de la mujer solo en la habitación.

Philip había vuelto al pueblo de su mayor desgracia no por nostalgia, era parte de su camino de venganza.

Quería encontrar a quien lo delató, quería hacerlo pagar por sus crímenes y en ese momento sabía dónde se encontraba.

Fue al bar que frecuentaba, con su nuevo cuerpo lleno de grandes atributos y con ropa que él había comprado para la ocasión no fue difícil de que sen fijara en él. 

Unas copas de más y el hombre lo llevo a su casa, no dieron ni 3 pasos dentro cuando toda la ropa había desaparecido.

La acción continua en la cama del sujeto, tomo a Philip y lo penetro con fuerza, los gritos de mujer de placer se escucharon por todo el lugar. Fue una sesión sin descanso hasta que ambos terminaron rendidos en la cama.

—Espero que te haya gustado como a mi Frank porque ese fue tu ultimo orgasmo —le dijo Philip.

—¿De qué hablas? —pregunto el hombre sin entender las palabras de la mujer acostada junto a él.

—Oh Frank. Es que no me reconoces. Después de todo lo que pasamos juntos olvidas a un viejo amigo y más después de abandonarlo.

Ese tono de voz, esas palabras y esa mirada hicieron que Frank recordará a alguien. Pero era imposible.

—No puede ser tu…

—Y no olvides mi cara, maldito.

La mujer saco un cuchillo y apuñalo al hombre varias veces con una sonrisa y una risa maniaca igual de fuerte que los gemidos que hizo.

Nadie iba a encontrar al perpetrador del crimen, un poco de magia y sus rastros desaparecerían. Como lo hizo siempre excepto una vez que confió en el hombre que estaba muerte ahora debajo de él.

Solo faltaba una persona más. Y estaba listo para terminar su venganza.

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Un hombre dio un golpe con el que tiró a Gloria al suelo. Llevaba casi dos semanas en ese cuerpo, intento mantener la fachada de ser un hombre rudo, pero ella nunca fue así, era uno princesa dentro del cuerpo de una bestia incapaz de dar un golpe.

Trato de evitar la confrontación, pero en la prisión es imposible, tarde o temprano tienes que defenderte. Al principio lo demás la evitaban por su historial, pero poco a poco se dieron cuenta de que algo era diferente.

Ahora los demás reos le perdieron el respeto que el Philip real había conseguido, el miedo había desaparecido y quienes fueron intimidados por Philip en el pasado ahora se cobraban todo lo que les hizo.

—Eres un asco monstruo —le dijeron los guardas mientras levantaban a Gloria del suelo lleno de sangre— Adivina que… tu abogado el gran Alastar Smith va a venir a prisión por invitación del gobierno de la ciudad. Parece que se burlarán de ti. Jajajaja. Me alegro de no estar en tus zapatos.

Gloria no tenía que ser muy lista para saber lo que iba a suceder a continuación, estaba pensando en un plan, era la única alternativa, porque solo ella podía evitar una masacre.

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Alastar Smith y su firma era los más buscados en todo el condado, desde el juicio de Philip Lincoln se había vuelto una celebridad en el negocio del derecho y la farándula. Aparecía en programas de televisión para realizar entrevistas y las revistas de chismes le encantaba buscar cosas de su vida privada.

Estaba viviendo el mejor momento de su vida y no podía esperar al futuro.

Ese día junto al Fiscal, el Juez y el nuevo Alcaide de la prisión visitaría a su antiguo cliente. Era parte de un documental que estaban haciendo del caso y donde era también productor.

Tenía un poco de miedo de volver a ver a Philip, pero sabía que la seguridad haría lo imposible por protegerlo. 

Si ese hombre supiera que hace solo unos días habían matado a dos personas en ese lugar no iría, pero el personal de la prisión mantuvo el asunto en silencio. De forma oficial el Alcaide había muerto de un infarto en casa y el otro reo murió por una riña. Seguían investigando, pero no querían alarmar a nadie. El documental ayudaría para obtener nuevos fondos para la prisión y era de suma importancia que todo saliera perfecto.

Alastar era un ignorante feliz, solo esperaba que la visita fuera rápida, no quería quedarse ahí más tiempo del debido.

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Desde que regreso del pueblo abandonado por dios Philip había vuelto a ser la tierna Gloria, la enfermera de la prisión. Pero además había asesinado a otras tres víctimas en los últimos días.

El demonio cada vez estaba más hambriento y necesitaba un poco más de tiempo para concluir su plan de venganza.

Esa mañana se levantó temprano, dormía desnudo con ese cuerpo y se quedaba admirándolo y tomándose fotos en el espejo. Era el día en que Alastar Smith iría a la prisión y estaba preparado para ello.

Se puso su uniforme, modificado para resaltar su cuerpo, usaba sus atributos como Gloria nunca los uso, le facilitaba mucho su trabajo.

El lugar estaba rodeado, si bien, la seguridad siempre era alta esta vez tenían al doble de personal para cuidar tanto a los invitados como para evitar que pasara un accidente. Nadie sospechaba de la pequeña chica que se dirigía al área médica.

Instalo un mecanismo que en cuanto cualquier persona entrará quedará bloqueado. 

Esperaba paciente a que el recorrido llevara a los hombres hasta sus aposentos. Entrarían solos, no iban a tomar precauciones al entrar a la oficina de una mujer pequeña. Cuando los tres hombres entraron mostro una sonrisa y los hizo pasar, encerrándolos en esa habitación.

Les dio un recorrido por toda la bahía medica hasta llegar a una sala estéril en donde por fin dejo su mascara y mostro su verdadero ser.

—Se acabaron las farsas. Me extrañabas Alastar.

El hombre no entendía las palabras de la mujer, pero sabía que algo raro estaba pasando.

—Tengo un cuerpo diferente, pero sigo siendo yo. Recuerdas como te reíste de mi la primera vez que nos conocimos y dijiste que no me ibas a ayudar, que todo era solo para encumbrar tu carrera como abogado. O que dice usted señor Juez. Como me susurro al oído que me iba pudrir en la cárcel por toda la eternidad y se burló de mí. O usted nuevo Alcaide, a que no sabe quién mato al anterior. Jajaja.

La cara de los hombres solo pudo expresar terror cuando se dieron cuenta quien se encontraba frente a ellos.

—¡Auxilio! ¡Guardias! Por favor ayuda, sáquenme de aquí —gritaba Alastar.

—Nadie a salvarlos. El lugar esta insonorizado y la puerta bloqueada. Nadie escuchara sus gritos. Y me divertiré muchos con ustedes.

El Juez y el Alcaide intentaron atacarla, después de todo eran dos hombres grandes enfrente de una mujer débil pero la magia era un as en la manga que no esperaban, con un simple susurro quedaron tirados en el suelo a su merced.

—Con quien empiezo…

Philip empezó a desollar a sus víctimas, disfrutaba escuchar sus gritos y ver sus caras de terror. Amaba lo que hacía. Oficialmente había matado entre 10 y 20 personas, pero la verdad era que su número de víctimas era mucho mayor.

La magia ocultó a la mayoría de ellas, era el mayor asesino en serie vivo y estaba orgulloso de ello,

—Cuando termine con ustedes robaré un nuevo cuerpo y seré libre una vez más. La pobre Gloria morirá en mi cuerpo y también al incauto que le robe el cuerpo.

Embriagado por la sensación de poder no se dio cuenta que Gloria en su cuerpo había entrado a la habitación.

Sabía que algo así iba a suceder. Ella planeo esconderse hasta que llegara el momento, más personal no significa más seguridad. Había más personas vigilando, pero estaban más interesadas en los visitantes que en los reos. La mitad de ellos estaba esperando al equipo que iba a grabar el documental que no se dieron cuenta que la “estrella” del show se había colado al área médica. 

Espero hasta que todos estuvieran en su sitio, sabía que no podía confrontar a Philip uno contra uno así que tuvo que esperar a que estuviera jugando con sus víctimas para atacarlo.

El hombre dentro del cuerpo de la mujer estaba riendo, cortando partes de sus víctimas, disfrutando tanto el momento que no se dio cuenta que Gloria estaba detrás de él y con un movimiento rápido y clavo un cuchillo en su corazón.

De un solo corte la vida de Philip Lincoln se había esfumado. Lo último que vio el hombre fue el rostro del demonio burlándose de él y llevándose su alma para hacerlo sufrir por toda la eternidad.

—Vamos, no mueran por favor —decía la mujer intentando mantener a los tres hombres con vida.

Pero a pesar del intento dos de ellos fallecieron antes de que llegaran los demás. 

Cuando el equipo de seguridad llego vio en la escena a Philip Lincoln junto a tres cadáveres y un hombre moribundo.

Lo atraparon y lo llevaron directo a su celda. Alastar aún tenía signos vitales y lo llevaron a urgencias.


Epílogo

Gloria en el cuerpo de Philip Lincoln fue condenada a la silla eléctrica. Fue la primera persona en casi un siglo en tener una sentencia de muerte.

Alastar Smith logro sobrevivir, pero quedo en estado vegetativo. Vivía con el trauma de que Philip regresara a terminar el trabajo, nunca supo que murió, su castigo fue vivir esperando un momento que nunca iba a llegar.

En su último día con vida Gloria pidió como ultima comida un platillo que su abuela le preparaba cuando era niña. Al probarlo y cerrar los ojos recordaba esos bellos momentos de su infancia cuando todo era más simple.

Los guardias la escoltaron a la silla eléctrica.

El lugar estaba lleno de personas, reporteros y periodistas llegaron a cubrir la noticia. El caso causo un shock en toda la nación y fue el tema de moda por varios meses.

En el publico Gloria pudo mirar a sus padres, lo miraban por odio por haber matado a su hija sin saber que dentro del hombre estaba ella, quería ir con ellos y explicarles todos, pero sabía aun si le creyeran eso lo haría aún peor.

Se sentó en la silla y prepararon el lugar. Las personas hablaron a las cámaras, estaban televisando el caso a nivel nacional.

—Listos, a la cuenta de 10, 9, 8…

Gloria cerro los ojos. Su vida estaba a punto de acabar, pero sabía que había hecho lo correcto, acabo con un asesino en serie. Si ella no lo hacía seguiría suelto matando a quien sabe cuántas personas.

Era una heroína solo que el mundo nunca lo sabría. Sonrió, ya había hecho las pases con sus dioses, estaba segura que había salvado al mundo.

—3, 2 1…

¡BUM! Una descarga eléctrica recorrió la sala hasta la silla. Para el mundo Philip Lincoln había muerto, el asesino en serie por fin murió.

Y el alma de Gloria por fin iba a descansar en paz.


FIN.

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