martes, 13 de octubre de 2026

Travesuras de los duendes

Esta es la última petición del mes, una vez más elegida por la temática. Aunque siento que es muy parecida a "El Casillero". Intente que se diferenciaran un poco para que no sientan que leyeron lo mismo otra vez.

Estoy trabajando en el calendario de diciembre y ya llevo la mitad, espero poder terminar pronto para enfocarme en algo que quiero hacer en enero y después tomarme unas pequeñas vacaciones. Adelanto las cosas para no dejarlos sin contenido y quiero aprovechar la racha creativa que tengo porque cuando llega el bloqueo es imposible sacar historias de mi cabeza.

Menos bla bla y mejor les dejo con la petición de hoy.

Petición de Danny Skywalker:

Unos niños van con sus madres que son las damas de honor en una boda en la antigua casona de su abuelos, pero están aburridos, sus madres les dicen que vayan y exploren el lugar para que se distraigan, encuentran el antiguo salón de trofeos de su abuelo ya que se contaba que el era cazador de criaturas míticas, encuentran un baúl extraño que dice no abrirlo, pero como niños curiosos lo abren liberando a unos duendes o trolls que escapan, en eso sus madres llegan a buscarlos por que ya se va a realizar la ceremonia de la boda y en eso momento los duendes posee a las mujeres para así pasar desapercibidos y mezclarse aprovechando sus nuevos cuerpos para divertirse en la fiesta.

Travesuras de los duendes

Rupert caminaba sigilosamente por el frondoso bosque delante de él. De vez en cuando se detenía para observar las pisadas en el lodo, sabía que sus presas iban directo a su trampa.

Cargaba un rifle, no quería dañar a las creaturas, pero lo llevaba en caso de una emergencia. Podía escuchar el follaje de las hojas moviéndose, rápidamente siguió el sonido.

Y tal como había previsto sus presas cayeron directo en su trampa.

—Por fin. Son las creaturas más escurridizas que he conocido toda mi vida —decía el afamado cazador de seres mágicos— serán una gran adición a mi colección. No puedo esperar a presumirlas frente a todo el mundo.

Después de atraparlas se fue del lugar, por fin después de casi un mes regresaría a casa. Quería ver a su esposa y descansar feliz.

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25 años después…

Leticia y Mónica acaban de llegar a la antigua casona de sus abuelos. Las primas siempre se habían llevado bien cuando eran niñas, pero con el tiempo se distanciaron, años después ambas se embarazaron en fechas similares y cuando se divorciaron se volvieron a encontrar.

Vivir experiencias de vida tan similares hizo que se volvieran de nuevo grandes amigas y mantuvieron el contacto para apoyarse en esos duros momentos.

Sus hijos Nando y Ricardo se habían vuelto grandes amigos, los chicos ahora tenían 6 años y parecían hermanos.

Los cuatro habían llegado a la casona para asistir a la boda de una de sus otras primas, Rebecca.

La finca era enorme y antigua, había pertenecido a los abuelos de las mujeres, ahora la familia lo usaba para las fiestas familiares

Ellas habían sido elegidas como Damas de Honor y estaban orgullosas y emocionadas a partes iguales.

Los niños no querían ir, ese tipo de eventos les parecían aburridos, pero ellas no tenían dinero para que alguien los cuidara así que los llevaron con ellas.

Los chicos al ver el lugar quedaron fascinados y se les olvido que no querían visitar ir en primer lugar. Sus madres les contaban historias de su abuelo, la gente decía que era un cazador de monstruos y que su cada estaba lleno de artefactos mágicos que usaba para luchar contra ellos.

—Pueden ir y explorar el lugar —decía Mónica.

—Solo permanezcan dentro del terreno, y no toquen nada —les dijo Leticia.

La boda se iba a realizar en el campo verde al lado de la casona, ellas iban a ir a una de las carpas a prepararse para la boda, aún tenían que ponerse el vestido, el peinado y el maquillaje.

A los niños no les interesaba eso así que haciendo caso a sus madres fueron a la casona a explorar el lugar.

La mansión era increíblemente grande, con decenas de habitaciones y pasillos. Estaba llena de mucha gente caminando de un lado a otro preparando cosas para la boda, los niños caminaban entre las piernas de los adultos abriéndose paso para conocer más del lugar.

Ellos llegaron al lugar que habían estado buscando desde el principio, la sala de Trofeos de su bisabuelo.

Una gran foto del hombre encima de chimenea adornaba el lugar, a los lados como trofeos se vislumbraban todos los seres míticos y mágicos que había capturado.

Desde hadas, animales crípticos y seres mitológicos estaban ahí, junto con herramientas y armas que el hombre usaba para capturarlos.

Nando y Ricardo caminaban admirando uno por uno, no podían creer que su abuelo fuera un gran cazador. Al llegar a una esquina de la habitación vislumbraron apartado lleno de polvo un baúl cerrado.

Los chicos estaban llenos de curiosidad y mientras los adultos estaban ocupados haciendo otras cosas ellos se dispusieron a abrir el baúl. Su cerradura era vieja pero muy difícil de abrir, usaron todo objeto que encontraron por ahí pero después de mucha paciencia (y muchos golpes) lograron forzar la cerradura.

Se miraron el uno al otro y a la cuenta de tres abrieron el baúl, una gran luz salió del interior y de dentro salieron saltando dos duendes, pequeños y de color verde. Corrieron por todos lados.

Lo que no sabían era que fueron la ultima captura de su bisabuelo. Después de atraparlos en el baúl tomo su avioneta para regresar a su casa junto a su esposa, para su mala suerte una tormenta cruzo en su camino y se terminó estrellando.

El baúl fue lo único que lograron recuperar, fue entregado a su esposa y ella aun en luto por la pérdida lo arrumbo en el fondo de su sala de trofeos y fue olvidado por 25 años hasta este momento en donde sus bisnietos lo volvieron a abrir liberando a las creaturas.

Los chicos entraron en pánico no sabían que hacer, en ese momento de incertidumbre los dos duendes del baul escaparon de la habitación y salieron fuera de la habitación.

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Leticia y Mónica acaban de salir de la carpa, se estaban tomando fotos con las otras damas de honor. La ceremonia iba a empezar pronto así que fueron a buscar a sus hijos dentro de la casona.

Casi todo el mundo estaba listo afuera, las mujeres caminaron por los pasillos cuando vieron a sus hijos corriendo hacia afuera, estaban a punto de regañarlos cuando ambas sintieron un frio en su espalda, algo se estaba introduciendo dentro de ellas y perdieron el conocimiento.

—Por fin —decía el cuerpo de Leticia— un cuerpo humano.

—Ha pasado tanto desde que tuvimos uno —dijo el cuerpo de Mónica.

Las dos mujeres saltaban y se reían mientras sus hijos estaban frente a ellas, los niños estaban petrificados. Habían visto como ambos duendes habían poseído a sus madres y sabían que nadie les creería una palabra de lo que dijeran.

—Estos cuerpos son increíbles, tienen una gran reserva de grasa para conservar energía —decía el duende tocando sus tetas enormes.

—Parece que esto es una… boda —decía el otro duende. Obteniendo un poco de los conocimientos de sus nuevos cuerpos.

—Y esos son sus hijos —dijo mirando a los niños. Después les hablo a ellos— si no quieren que le pase nada a sus madres más vale que mantengan el secreto. Pórtense bien porque nosotros vamos a divertirnos.

Los cuatro fueron a la ceremonia, los niños se veían el uno al otro pensando en que hacer a continuación. Se sentaron en sus lugares mientras veían a los cuerpos de sus madres sentarse con las otras damas de honor.

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El evento sucedió son muchos contratiempos, nadie fuera de los chicos pudo notar el cambio, actuaron casi normal a excepción de algunos momentos.

Pero en la fiesta es cuando los duendes se desataron por completo.

No estaban familiarizados con la comida humana ni con los cubiertos por lo que al recibir el banquete y probarla por primera vez quedaron enamorados del sabor, empezaron a comer con las manos como si fueran animales y con la boca abierta. Todos se les quedaron viendo, pero no dijeron nada.

En el baile la tónica siguió igual, si bien tenían poco conocimiento de esas cosas debido a la memoria de ese cuerpo pensaron que era un ritual de apareamiento.

Para todo espectador en el exterior solo podían ver a dos mujeres haciendo movimientos sugerentes a todos los invitados masculinos que iban a la pista de baile a bailar. La gente pensaba que las mujeres estaban pasadas de copas y las dejaron ser.

Los chicos intentaron que los cuerpos de sus madres no resultaran dañados, los duendes no conocían la anatomía humana y es por eso que no conocían el limite de sus cuerpos, estuvieron a punto de tener graves lesiones graves a lo largo del día, pero gracias a los hijos de sus cuerpos lograron sobrevivir.

—No podemos seguir así —decía Nando.

—Ya casi acaba la boda, solo hay que aguantar un poco más —le dijo Ricardo.

A pesar de la vergüenza que causaron las mujeres en la fiesta, un par de muchas, muchas copas hicieron que muchos hombres las vieran diferentes. Dos de los padrinos tomaron demasiado alcohol y no les importo ir con ellas a un lugar más oscuro.

Se encontraron besando a lo que pensaban eran las damas de honor sin saber que dentro de ellas dos duendes jugueteaban con sus cuerpos.

Los padrinos llevaron a las mujeres a sus alcobas y tuvieron una noche de diversión sin igual mientras que los niños fueron llevados con sus otras tías.

El día siguiente las mujeres despertaron en la cama junto a dos hombres sorprendidas porque no sabía lo que habían pasado.

Estaban desnudas y cubiertas de semen. Buscaron su ropa para vestirse y salieron corriendo de ahí.

—¿Qué nos pasó? —decía Mónica.

—Solo recuerdo estar viendo a Nando y Ricardo corriendo frente a nosotras y de repente despierto junto a ti y dos hombres. —decía asustada Leticia.

—Estuvimos inconscientes dos días. 

—Los niños —grito Leticia.

Las mujeres corrieron buscando a sus hijos. Cuando los encontraron durmiendo los despertaron para abrazarlos y besarlos. Los niños estaban confundidos, pero después se dieron cuenta que sus madres habían vuelto y estaban muy felices.

Ambas mujeres decidieron no decir nada a nadie. Todos pensarían que estaban locas así que se guardaron ese secreto.

Mientras tanto en el techo de la casona los dos duendes estaban muy felices. Por fin eran libres sin nadie capaz de cazarlos.

—Sabes, en lugar de vagar por el mundo como siempre lo hacíamos me gustaría seguir viviendo en el mundo humano —dijo uno de ellos.

—Poseer cuerpos femeninos fue muy divertido. No puedo esperar a poseer otro.

Los duendes rieron, ese solo era su primera posesión de muchas por venir.


FIN.

lunes, 12 de octubre de 2026

Fallo del dispositivo

Espero que no les moleste este pequeño intermedio. Mañana continuamos con el especial del mes con una petición.

Me encanta mucho esta cap, otra vez no hay link, lo sé, pido perdón por eso. Muchas veces no recuerdo de donde saque la cap y no tengo mucho tiempo para buscarla entre toda la avalancha de blogs en inglés que hay, espero que lo entiendan.

Se que está primera mitad de mes tenemos muchas traducciones, la segunda mitad tendrá más historias originales. Si les gustan mis historias es bueno para ustedes pero si solo les interesan las traducciones lo siento mucho. Mucho bla bla, mejor les dejo con la cap de hoy.

domingo, 11 de octubre de 2026

La Vecina

Tenemos una historia de fictionmania (es la penúltima del mes) y del mismo autor que la primera. Es cortita pero muy buena y queda con la temática del mes, espero que la disfruten.

Antes de irme quería comentar algo, no sé si sea yo pero he visto mucho movimiento de los blogs en español, hay muchas publicaciones e historias nuevas y eso me hace muy feliz. Hay épocas en donde es al contrario y casi todos están muertos por lo que ver mucha actividad pone una sonrisa en mi rostro.

No les molesto más y les dejo con la historia de hoy.

The Neighbor

La Vecina

By Eric

Paul y Carrie Scott se mudaron a su nueva casa llenos de ilusión. Paul por fin había conseguido ese ascenso y ese traslado, y ahora que ella tenía veintiún años, el fondo fiduciario que su papá le había creado entró en vigor, por lo que Carrie pudo dejar su trabajo y dedicarse a criar a las gemelas: las niñas de dos años necesitaban a su mamá.

Sus vecinos de la derecha casi nunca estaban en casa, ya que ambos viajaban por motivos de trabajo, pero los Hogg, de la izquierda, eran amables y serviciales.

—¡Hogg es el apellido perfecto para ellos! —le dijo Paul a Carrie esa noche.

—¡Dios, qué gordos están, especialmente la mujer! ¡Me dan escalofríos con solo mirarla!

—¡Cállate! ¡Son muy amables! —dijo Carrie con su encantadora, fluida y refinada acento sureño.

Paul se mostró muy escéptico.

—Supongo que sí… Es solo que no me gustan las personas gordas, ¡especialmente las mujeres gordas! —Sonrió con admiración a su esposa rubia, alta, delgada y encantadora.

—¡Supongo que lo que me estás diciendo entonces es que más me vale no engordar nunca, nunca jamás! ¡Que solo me amas por mi apariencia! —se rió ella.

¡A Paul le costó mucho humillarse para arreglar las cosas, además de regalarle flores!

Pero la vecina Daisy Hogg fue de gran ayuda para Carrie: le dejó usar su teléfono hasta que por fin conectaron el de ellos. Le contó todo sobre el vecindario. Parecía muy entrometida, pensó Carrie con una sonrisa. Parecía saberlo todo sobre todos. 

Daisy no había tenido una vida fácil: su esposo bebía y, de vez en cuando, la golpeaba, y ella tenía diabetes. ¡Siempre se reía diciendo que algún día se quedaría ciega o perdería una pierna! Daisy acababa de cumplir cincuenta años; sus cinco hijos ya se habían ido de casa: uno estaba en la cárcel y la mayoría iba y venía de sus trabajos. Su esposo trabajaba en una fábrica como capataz. 

Pero Daisy era aún mejor para escuchar que para hablar, y Carrie se encontró compartiendo sus problemas y su vida con ella. A Daisy le encantaba ver sus fotos de boda y otras fotos antiguas, y hablar sobre la familia y la vida de Carrie. Era una niñera estupenda y gratuita para las gemelas, y las niñas la adoraban.

—Es una pena que a tu guapo maridito no le caiga bien —dijo Daisy un día.

Carrie se sonrojó y trató de justificarlo.

—No es por ti personalmente, es solo que tiene un prejuicio tonto contra… ah… la gente con sobrepeso.

La señora Hogg le sonrió a su alta y hermosa vecina rubia.

—¡Cariño, por qué no dices simplemente “gordas”! ¡Porque gordas es lo que somos! ¡Mierda! ¡Es hora de mi inyección de insulina!

Carrie se dio la vuelta; ¡odiaba las agujas!

¡La fábrica del señor Hogg cerró por recortes de personal y tuvieron que mudarse a Texas para que él consiguiera otro trabajo! A Carrie le dio pena verlos irse, pero a Paul no.

—¡Quizá le toque alguien delgado y que el esposo no sea un borracho! —Carrie sacudió la cabeza en señal de desaprobación. Daisy la invitó a tomar un café de despedida.

—Te voy a extrañar, Daisy, has sido genial. Tengo un pequeño regalo de despedida para ti —Le entregó unos vasos de cristal que Daisy siempre había admirado, pero ella dijo que no podía quedárselos.

Luego tomaron una última taza de café juntas.

Tenía un sabor extraño y el mundo parecía dar vueltas, así que Carrie cerró los ojos. Cuando los abrió, parpadeó una y otra vez. En lugar de una mujer fea y gorda frente a ella, había una joven hermosa y alta. Aquella visión sonriente de belleza se levantó y dijo con una voz melosa del sur:

—¡Gracias por este cuerpo joven y hermoso y por esta vida maravillosa! ¡Qué gran regalo de despedida! —rió y se retiró con elegancia, con sus largas y sensuales piernas luciendo espectaculares en los pantalones cortos que Carrie había usado para ir a la casa. Carrie se miró y gritó: ¡estaba gorda! ¡Horriblemente gorda! Se tambaleó hasta una puerta con espejo. Daisy Hogg, gorda, fea y de cincuenta años, la miraba desde el cristal. Se desmayó. Cuando Carrie volvió en sí, Harry Hogg la estaba sacando a rastras de la casa.

—¡Por qué no te tomas tu maldita insulina cuando debes! —se quejó él, oliendo a cerveza. 

Se dirigían hacia el destartalado Ford Tempo de los Hogg. Carrie giró la cabeza desesperadamente. Los Scott estaban allí despidiéndose con la mano; podía oír al hombre murmurar «¡adiós y buen viaje!» y a su hermosa y joven esposa haciéndole callar mientras sonreía y saludaba; sus dos lindas niñitas también saludaban. 

La nueva Daisy abrió la boca para protestar, pero no tuvo tiempo de decir nada, ya que su nuevo y gordo marido la empujó al auto y arrancó el motor; giró la cabeza y vio a Paul besando a su hermosa y joven esposa, Carrie. Empezó a llorar: su exmarido había tenido razón, ¡Daisy Hogg no había sido una muy buena vecina!


FIN

viernes, 9 de octubre de 2026

A través del espejo

Si el primero de mes terminamos con las primeras peticiones hoy iniciamos con la segunda tanda. Al igual que la anterior elegí esta porque creo que la historia es un tanto "oscura" y combina con la temática del especial. Espero que les guste.

Petición de DiminicTM:

David y Mirna y su hijo Mateo de 4 años, se mudan a un nuevo apartamento, el precio es barato por los rumores de que esta maldito, pero ellos no creen en fantasmas. Pasado unos días todo marcha con normalidad, Mirna con tiempo libre explora el apartamento encontrando un espejo antiguo pero su reflejo se comienza a distorsionar siendo su alma succionada en el espejo quedando atrapada en el, mientras su cuerpo es poseído por Fernando un fantasma que estaba atrapado en el espejo. David llega del trabajo y escucha sonidos en la sala encontrando a Mirna semi desnuda manoseándose y descuidando a Mateo que estaba llorando, Mirna trata de justificarse, David nota el comportamiento raro de Mirna. Fernando trata de actuar lo mas femenino posible para evitar sospechas tomando a Mateo tratando de que deje de llorar, David noto eso, viendo que en lugar de ser dulce y maternal es juguetona y sinica con su hijo. Fernando trata de comportarse siendo cariñosa y complaciente con Daniel, decide tener relaciones con el para que se olvide de toda sospecha, mientras la verdadera Mirna esta atrapada en el espejo viendo todo sin poder hacer nada.

A través del espejo

David y Mirna eran una joven pareja sin mucho dinero que se acaba de mudar a la vieja casona en los límites de la ciudad.

Cuando ellos vieron el anuncio no se lo podían creer, si bien el lugar estaba lejos y estaba viejo les pareció que era un precio razonable. Además, incluía los muebles así que no tenían que comprar nada.

No eran personas de dinero, David era el que trabajaban mientras que Mirna se dedicaba a cuidar a Mateo y al cuidado del hogar junto con algunos trabajos por fuera. Es por eso que luchaban y vivían al día, pero se amaban mucho y luchaban todos los días por mejorar su situación económica.

No querían perder el lugar así que llamaron en seguida y fueron a visitar la casa ese mismo día.

Era una casona grande y antigua, la dividieron en varias secciones para rentarla a muchas personas. La zona de la casa que les toco a ellos era la más vieja de todas y daba mala espina a quien pasara por ese lugar.

—La tomamos —dijeron ambos a la casera.

—Me alegra. Hemos tenido muchos problemas para rentar esa sección.

—¿Por qué lo dice? —pregunto Mirna.

—No le han realizado mantenimiento en años y no tiene un buen aspecto, pero lo principal son por los rumores que abundan —decía la casera.

—¿Qué rumores? —preguntaba David.

—Dicen que está maldito. En las noches escuchan voces y sonidos extraños, muchas cosas caen de su sitio y es por eso que la gente huye despavorida después de unos días. Es por eso que cobramos un enganche, así ganamos dinero —decía entre risas la mujer.

Ellos también rieron, no creían en los fantasmas.

El día siguiente empacaron sus cosas y fueron a instalarse a su nuevo hogar, Mateo amo el lugar, jugaba con los hijos de los vecinos mientras que la pareja desempacaba toda la ropa que llevaban.

—¿Ustedes son los nuevos vecinos? —pregunto una señora de mediana edad.

—Si, lo somos. Soy David y esa de allí es mi esposa Mirna.

—¿Seguros de que quieren vivir ahí? ¿No les han contado lo que sucede en ese lugar? Nadie dura mucho en esa sección, tendría cuidado si fuera ustedes.

—No se preocupe, son solo rumores. Mi esposa y yo no creemos en esas cosas —dijo David.

Los primeros días en su nuevo hogar fueron normales, tuvieron que adaptarse a ese nuevo lugar.

El trabajo de David quedaba más cerca de su empleo así que gastaban menos en transporte y Mateo iba a un jardín de infantes cercano por lo que Mirna podía llevarlo caminando sin problemas.

Nada de lo que contaban había aparecido hasta el quinto día.

Mientras Mirna hacía las labores del hogar noto que muchas cosas se movían de su sitio. Los ruidos extraños se escuchaban por las noches lo que provocaba que Mateo tuviera pesadillas.

—Yo creo que estamos cansados y es parte de nuestra imaginación —decía Mirna, ella siempre buscaba la explicación lógica a todo.

—Tienes razón amor. Todo esto se resolverá en unos días.

Una mañana después de recoger a Mateo, Mirna regreso y continuo con la limpieza del hogar. Dejo a su hijo viendo televisión cuando de pronto escucho usos ruidos detrás de la pared.

Intrigada se dispuso a investigar el origen de aquel fenómeno, paso a paso se iba acercando hasta encontrar una puerta secreta detrás de un mueble muy antiguo.

Con ayuda de una palanca logro recorrer el mueble y pudo abrir la puerta. 

La habitación estaba llena de polvo, nadie había entrado ahí desde hacía mucho tiempo, ella camino despacio observando todo. El tapiz estaba desgastado, el piso rechinaba con cada paso y el único objeto estaba en el centro de la habitación cubierto con un pedazo de tela,

Ella quito lo que cubría el objeto para encontrar debajo de este un espejo de cuerpo completo. 

La mujer lo miró, inspecciono alrededor del objeto buscando cualquier otra cosa, al acercarse pudo ver su rostro, pero después de unos segundos empezó a distorsionarse y pudo sentir como su alma era succionada dentro de ese espejo.

Estaba atrapada dentro, y pudo ver que al lado de ella estaba otra alma, pero en lugar de ser atraída como ella era expulsada del espejo hacia su cuerpo.

—Por fin, después de tantos años ¡Soy libre! —grito su cuerpo.

El alma que poseyó a Mirna era un hombre llamado Fernando. Era un fantasma que vagaba por la tierra le gustaba poseer personas por diversión hasta que un día fue atrapado dentro de ese espejo por una bruja a la que molesto.

—Estarás atrapado eternamente ese lugar, nunca nadie te encontrará —le dijo la bruja antes de tapar el objeto y esconderlo en donde nadie lo iba a encontrar.

Pero la fuerza de voluntad del espectro era mayor, si bien no se pudo liberar si podía influir en el mundo físico.

Los ruidos, lamentos y los objetos que se caían eran debido a su influencia. Esperaba encontrar a un iluso que lo encontrara. Todos los inquilinos huyeron despavoridos, todos hasta que se encontró a la curiosa Mirna que lo libero de su prisión.

—¡Alguien por favor ayúdeme! —gritaba la mujer atrapada dentro del espejo.

—Nadie te va a escuchar. Ese espejo requiere que alguien lo habite. Debes encontrar a otro tonto que lo vuelva a mirar. Disfruta tu estancia en ese lugar.

Fernando tapo el espejo y volvió a cerrar y ocultar ese lugar.

Había logrado escapar de su encierro, pero a costa de todo su poder. Ya no era un fantasma libre que podía poseer a quien quisiera y no solo eso, había quedado atrapado dentro del cuerpo de una mujer.

Él siempre prefería poseer el cuerpo de un hombre por lo que se lamentó estar atrapado en un cuerpo tan débil.

Pero al caminar con el cuerpo, sentir sus curvas y sus tetas moviéndose se dio cuenta de que tal vez no era tan mala idea.

Caminando por la casa vio que una de las habitaciones había un niño viendo el televisor. Cerró la puerta con cuidado para que no notara sin presencia.

—Genial, el cuerpo que obtuve es madre —se dijo a sí mismo.

Exploro la casa, vio todos los rincones para familiarizarse con el lugar. Después un poco cansada regreso a la sala de estar. Tenía mucho calor así que se quitó la blusa que llevaba puesta y pudo ver los senos bien formados que tenía.

—Esta vieja no esta tan mal —dijo el fantasma.

Empezó a apretar sus nuevos senos, le gustaba la sensación que le proporcionaban, decidió quitarse también los jeans que llevaba puestos para quedar solo en ropa interior.

Con sus manos recorrió su nueva anatomía, acariciando lugares que no sabía que eran erógenos y le gustó mucho.

Jugo consigo un buen rato, distraído de todo el mundo exterior y no se dio cuenta que David, el esposo de la mujer llegaba a casa del trabajo cansado.

El hombre entro a la casa y escuchaba ruidos extraños desde la sala, además escuchaba desde fuera a su hijo llorar desconsoladamente.

Temía lo peor pero quedo petrificado al ver a su esposa semi desnuda tocándose en medio del sofá.

—Mirna… ¿Qué está pasando?

Fernando se detuvo, sabía que este cuerpo estaba casado, pero pensaba que tenía más tiempo antes de que regresará.

—Eh… hola… ¿cariño? —dijo la nueva mujer.

—¿Por qué Mateo está encerrado llorando y por qué estas tocándote en medio de la sala?

El fantasma estaba entre la espada y la pared, tenía que inventar algo para mantener la fachada.

—Yo solo estaba… cansada. Quería desestresarme un poco —fue su justificación.

Corrió directo a la habitación de al lado para tomar a Mateo y hacía cualquier cosa para que dejara de llorar.

David podía ver como su esposa estaba actuando extraña, como si no fuera ella misma. Algo raro estaba pasando y estaba preocupado por ella.

—En lo que cuidas de Mateo voy a preparar la mesa para la cena —dijo David.

La cara de Fernando se pudo blanca, no había preparado nada.

—Eh, ejem… cariño… hoy no prepare nada. Quería comprar algo para comer —se excusó lo mejor que pudo el espectro.

—Amor… sabes que no tenemos dinero para esas cosas. Debemos de ahorrar todo lo que podamos. Son lujos que no nos podemos permitir.

“Además de una mujer termine en una pobre, menuda suerte la mía” pensaba Fernando.

—Solo por hoy amor. Te lo mereces por todo el esfuerzo que haces.

Terminaron pidiendo algo de comer. David no le quito el ojo de encima a su esposa, podía ver que trataba diferente a su hijo. En lugar de actuar de manera maternal como siempre lo hacía se comportaba de una manera más juguetona y cínica. Claro que el niño no iba a notar la diferencia, pero él si lo hacía.

Terminando de comer llevaron al niño a la cama para que durmiera, dejándolos solos por primera vez desde que habían llegado. Fueron a su habitación para prepararse para dormir también.

—Eres un hombre fuerte y trabajador, tú también mereces un descanso de vez en cuando —le decía a David quien creía era su esposa.

—Amor, tenemos que hablar de lo que paso hoy…

—Olvida eso —dijo su “esposa” mientras lo besaba.

Mirna siempre fue una persona dominante por lo que a David no se le hizo extraño que tomara el control de la situación. La mujer en pocos segundos hizo que ambos quedaran completamente desnudos.

Ella tomo sus manos y las llevo a los pechos de ella, el hombre apretó las tetas de su esposa.

Después de eso ella misma se agacho y le quito la ropa interior. Empezó a chupar su polla mirándole a los ojos.

La verdadera Mirna nunca había hecho eso, pero a David poco le importaba eso, estaba disfrutando de la nueva faceta de su esposa.

Cuando estaba a punto de terminar ella se detuvo.

—Aún no —fue lo que dijo.

Se puso en cuatro y lo invito a que metiera su pene dentro de ella. El hombre no tuvo que esperar a que se lo volvieran a decir y la empezó a penetrar rítmicamente.

Estaba viviendo su sueño, después su “esposa” se volteó, lo puso a él abajo mientras ella se puso encima de él y comenzó a “cabalgarlo”. Esas posiciones nunca las habían hecho, solo hacían el misionero y ya, él siempre quiso intentar más cosas, pero ella siempre se negaba y ahora ella estaba haciendo lo que tanto le rogaba.

—Espera… amor... voy… a… venirme… el… condón… —intentaba decir David.

—No lo necesitamos, quiero que termines dentro de mí.

Tanto Fernando como David tuvieron el mejor orgasmo de sus vidas, terminaron exhaustos uno al lado del otro.

“Tal vez ella actuó rara por todo lo que hemos pasado. La mudanza, los problemas económicos, cuidar a Mateo y estaba frustrada sexualmente” pensaba David.

Fernando tenía otros dilemas en su cabeza, no estaba conforme con su cuerpo actual pero después del sexo con David se dio cuenta que no era tan malo. Podía vivir en ese cuerpo y mientras mantuviera complacido a su “esposo” él no sospecharía nada.

El día siguiente se despidieron cuando David se fue a su trabajo, Fernando fue a dejar a Mateo al jardín de infantes y regreso a su casa. Fue a la habitación del espeso para encontrarse con la verdadera Mirna.

—Parece que tu esposo no se dio cuenta de nada. Tenía pensado en escapar de este cuerpo, pero me he acostumbrado a él.

—Por… favor… —decía Mirna cada vez más agotada.

—Espero que hayas escuchado todo lo que paso en tu habitación entre él y yo. Parece que te queda poco tiempo de vida. No creo que tu conciencia sobreviva más. Vas a perder tu individualidad y quedarás integrada al mar de animas. Adiós Mirna, espero que disfrutes tu nueva vida, porque yo sí lo haré con la mía.

Fernando tomo un mazo y destruyo el espejo encerrándolo para siempre en el cuerpo de Mirna. Estaba feliz con su cuerpo y su nueva vida.

Ahora era Mirna y estaba orgullosa de serlo.


FIN.

jueves, 8 de octubre de 2026

SRU - La Piedra de Intercambio (2/2)

Les traigo la segunda y última parte de la historia. El final de esta historia me encanta mucho y creo que la razón por la cual se quedó en mi memoria desde la primera vez que la leí.

Por si no quedo claro el día de ayer la SRU del titulo se refiere a Spell R Us (ya he mencionado que es y si no recuerdan ahí esta el glosario, para eso lo hice).

A pesar de agregar imágenes en estas historias yo prefiero leerlas sin estas. Yo "crecí" leyendo historias en fictionmania y muy rara vez tenían imágenes y tal vez estoy acostumbrada a eso. Pero ustedes prefieren las imágenes (las visitas lo demuestran) así que me esfuerzo un poco en ello.

Esas son mis quejas por hoy, olvídenlas y mejor sigan leyendo que mañana regresamos con otra historia halloweenesca escrita por mí.

Parte Anterior

Parte II 

A Greg le encantaba ver jugar a State y ella misma había jugado cuando estaba en la preparatoria. Greg atravesó el club hasta llegar al bar deportivo y notó que estaba más o menos a la mitad de su capacidad. Rápidamente vio a Kristy en la barra; él estaba mirando una gran pantalla plana que mostraba que el partido acababa de entrar en el segundo cuarto. Mientras Greg se acercaba a Kristy, vio que él giraba la cabeza para seguir con la mirada a una mesera bien dotada que pasaba contoneándose. Sintiéndose a la vez divertida e irritada, Greg le dio un golpecito en el hombro a Kristy. 

—Oye, ya puedes volver a meter los ojos en la cabeza.

Kristy se volvió hacia Greg con aire avergonzado. Luego sonrió. 

—¡No puedo evitarlo! Además, si ella se va a exhibir, yo voy a mirar. 

Era una frase que Greg le había dicho a Kristy, y hasta ese momento no se había dado cuenta de lo molesta que era.


—¿Cómo te va, cariño? —preguntó Kristy.

—Voy dos abajo —dijo Greg, enfadándose de repente—. ¿Por qué esperaste hasta justo antes del partido para cambiar? Si hubiera tenido un par de horas más como tú, o hubiera tenido la oportunidad de practicar con un cubo de pelotas, estaría seis golpes por delante.

Kristy se deslizó del taburete y envolvió a Greg en un fuerte abrazo. 

—Baja la voz —le dijo. Esperó un segundo y luego lo apretó contra sí una vez más antes de soltarlo—. Esperé hasta el último minuto precisamente por eso. Alice me conoce. Si apareciera y de repente jugara mucho mejor que ella, sabría que estoy haciendo trampa. Solo puedes ganar por poco; de lo contrario, podría darse cuenta de que algo anda mal.

Greg sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¡De ninguna manera quería que Alice supiera que había intercambiado cuerpos con Kristy! Alice nunca le permitiría olvidarlo y probablemente lo usaría para chantajearla en el futuro.

—Además, también me preocupaba la compulsión. Verás...

—¿De qué estás hablando? —la interrumpió Greg.

—¿No has notado ningún cambio desde el intercambio? —preguntó Kristy, y luego continuó apresuradamente—: Normalmente detesto el fútbol americano. Pero no puedo dejar de ver este partido; creo que es porque sé que a ti te encanta, así que ahora tengo que verlo. Además, normalmente no me atraen las mujeres, pero me sorprendiste mirando a la mesera.

Greg asintió.

—Sí, cuando salimos de casa me sentía muy descoordinado, pero ahora me siento bien, casi natural. Pero eso es algo bueno, o de lo contrario estaría irremediablemente atrasado en este momento.

—Hasta cierto punto. Nunca le he ganado a Alice en el golf. Si te quedas en mi piel por mucho tiempo, la compulsión podría hacer que perdieras la ronda a propósito. Por eso le dije a Alice que estaba tomando clases, y me he asegurado de decirle que estoy practicando todos los días. Estoy tratando de que parezca razonable que pueda ganar.

Greg miró a Kristy atónito.

—Está bien, creo que es hora de que me digas qué pasa si pierdo».

Kristy asintió, y luego abrió mucho los ojos.

—Hola, Alice. Bueno, nena, parece que tu descanso se acabó.

Mientras Greg se dirigía al hoyo diez, tuvo un mal presentimiento. El comentario de Kristy sobre la compulsión de «SER» la persona con la que te habías intercambiado preocupaba a Greg. ¿Y si empezaba a jugar mal porque sabía que la verdadera Kristy era una golfista pésima?

Como había ganado el último hoyo, Greg pudo dar el primer golpe. Se tomó su tiempo, conectó bien la pelota y sintió que sus preocupaciones se disipaban un poco. La pelota voló por la calle, rebotó y se detuvo antes del dogleg, preparando el segundo golpe de Greg. Resultó que ese era el peor hoyo de Alice. Para cuando Greg embocó su putt, ya llevaba una ventaja de tres golpes en ese hoyo y ahora iba a la cabeza.

—¡Greg debe de haberte dado buenos consejos! —se quejó Alice mientras caminaban hacia el siguiente hoyo—. ¡Jugaste ese hoyo tal como lo hace él!

Greg se estremeció.

—Te dije que he estado tomando clases y que Greg siempre da buenos consejos.

Ante esto, Alice asintió.

 —¿Ya te has acostado con él?

—¡Alice! —chilló Greg, escandalizado.

—Ay, vamos, chica, sé que lo quieres, y no es como si ninguna de las dos fuéramos vírgenes. Además, necesito saber hasta dónde has llegado con él, especialmente si gano.

—Voy a dar el primer golpe ahora —dijo Greg, sonrojándose de vergüenza y sorprendiéndose a sí misma. Había intentado decirle a Alice que un caballero no cuenta sus aventuras amorosas. Pero, en cambio, le había salido de otra manera, como si la conversación le diera vergüenza. La risa de Alice ante la incomodidad de su amiga se sumó a la ilusión. —Debe ser la compulsión —pensó Greg mientras colocaba la bola en el tee—. A Kristy probablemente le daría muchísima vergüenza esa pregunta, ¡estoy reaccionando exactamente como lo haría ella! —Esta vez, el palo pareció retorcerse en las manos de Greg y la bola voló, por segunda vez ese día, hacia los árboles.

—¡Maldición! —exclamó Greg, con la voz grave de Kristy. Greg guardó el palo en la bolsa con enojo y empezó a sentirse preocupada. Había querido decir «joder», pero como esa era una palabra que Kristy nunca usaba, le había salido «¡Maldición!». Esta vez, cuando Alice golpeó la pelota, esta voló perfectamente por la calle. Milagrosamente, Greg logró empatar el hoyo. Parecía que el recordatorio de Kristy sobre la compulsión había hecho que esta se volviera más fuerte. Para el hoyo quince, Alice y Greg estaban empatados una vez más.

Greg estaba ahora más nerviosa de lo que jamás había estado en el campo de golf. «¡Vamos!», pensó Greg, «¡has estado jugando desde que eras una niña pequeña, puedes hacerlo!». Greg dio dos pasos más antes de darse cuenta de lo que había pensado y tropezó mientras una sensación de pánico le retorcía el estómago. «¡Nunca fui una niña pequeña!», quería gritar Greg.

—¿Estás bien, Kristy? —preguntó Alice, con una risita que matizaba su pregunta.

De alguna manera, Greg logró empatar en los hoyos dieciséis y diecisiete. Cada golpe se había sentido como una batalla contra un par de cadenas invisibles. Alice había desviado su drive en el hoyo dieciséis y Greg había llegado al green con un golpe al par. Luego le había tomado tres golpes embocarla, lo que le permitió a Alice ponerse a la par. En el diecisiete, ambos jugaron bien, sin cometer errores, y terminaron con un bogey en ese hoyo. «Ya es oficial», pensó Greg mientras caminaba detrás de Alice hacia el último hoyo, «estoy jugando la peor ronda de golf de mi vida». Aún empatados, se prepararon para dar el primer golpe en el dieciocho.

—¿Lo tienes? —preguntó Alice mientras elegía un driver.

—¿Tengo qué? —preguntó Greg.

—No te hagas la tonta, Kristy —dijo Alice—. ¿Trajiste la piedra que nos vendió el mago?

Greg quería decir que no, o decir que no tenía ni idea de qué estaba hablando Alice. En cambio, dijo: 

—Claro, la tengo aquí mismo en mi bolsa.

—Genial, después de que gane este hoyo, podemos saldar cuentas.

—¿Qué te hace pensar que vas a ganar? —dijo Greg sintiéndose más que un poco asustada. «¿Y qué se gana?», pensó, deseando más que nada poder preguntárselo a Alice, pero, por supuesto, no podía. Kristy sabía lo que estaba en juego.

—Porque yo soy Alice y tú eres Kristy, y siempre gano cuando jugamos golf —dijo Alice con total naturalidad, y luego se dispuso a colocar su pelota en el tee. Ahora Greg no podía hacer nada bien. Su primer golpe se fue al rough y el segundo, al obstáculo de agua. Para cuando Greg llegó al green, ya iba dos golpes por detrás de Alice.

—Estás más lejos, te toca golpear —dijo Alice con aire de suficiencia, mientras Kristy sacaba su putter de la bolsa.

—Lo sé, recuérdame otra vez, ¿qué ganas si ganas este hoyo? —preguntó Greg con toda la inocencia que pudo, y contuvo la respiración.

—Eres tan graciosa, pero no te voy a dejar escapar. Si gano, usamos la piedra.

Por un segundo, la mente de Greg se negó a funcionar.

 —¿Quieres intercambiar cuerpos?

Alice negó con la cabeza. 

—Solo golpea, y ni se te ocurra hacer trampa.

Aunque su mente daba vueltas, Greg se acercó para agacharse detrás de su pelota y examinar el tiro. «Bueno, ahora sé por qué Kristy quería ganar tanto. No quiere intercambiar cuerpos con Alice. Me pregunto cuánto tiempo acordó permanecer intercambiada», pensó Greg, y se estremeció ante la idea de su pequeña y sexy novia en el cuerpo larguirucho de Alice. Por un segundo trató de imaginarse besándose con Alice y luego sacudió la cabeza.

—Está bien, Kristy, concéntrate —dijo Greg en voz baja. Ella alineó cuidadosamente el tiro: «Lo tienes, un putt de doce pies es difícil, pero ya los has hecho antes; apunta un poco a la derecha del hoyo, la pendiente hará que la bola se desvíe hacia atrás», pensó Greg, y luego balanceó suavemente su putter. Por un instante, Greg pensó que había golpeado la pelota con demasiada fuerza, pero el green era lento y, cuando su pelota comenzó a trazar un arco hacia el hoyo, Greg supo que iba a entrar. El sonido de la pelota al caer en la copa fue el sonido más dulce que Greg había escuchado jamás.

—Vaya, Kristy, ese fue un gran golpe.

Alice ya estaba de pie junto a su pelota, luciendo segura de sí misma. Greg se hizo a un lado mientras Alice golpeaba suavemente la pelota. A seis pies, la pelota se deslizó hacia el hoyo con lo que parecía ser el toque perfecto. Luego comenzó a perder velocidad. A cuatro pies, Greg supo que Alice no le había dado suficiente fuerza. La pelota se detuvo a un pie y medio del hoyo.

—Vaya, estos greens están lentos —comentó Alice mientras rodeaba el hoyo.

Greg sintió que su corazón se aceleraba con esperanza. No era un tiro muy difícil, pero hoy ya había visto a Alice fallar desde menos de un pie. —Dios, por favor, que se apresure —susurró Greg en una rápida oración. Si Alice fallaba y luego metía la bola en su siguiente tiro, seguirían empatadas y la apuesta quedaría anulada. ¡En ese momento, Greg lo consideraría una victoria! Greg podía sentir cómo el sudor se le formaba en gotas en la frente y le resbalaba entre los senos mientras observaba a Alice acercarse a la bola.

Lenta y cuidadosamente, Alice golpeó la bola. Esta rodó hacia adelante y a Greg se le cortó la respiración: ¡no la había golpeado con suficiente fuerza! Greg se llenó de euforia al ver cómo la pelota rodaba cada vez más cerca del hoyo. Al llegar al borde, apenas se movía y, por un segundo, pareció detenerse; luego, pareció tambalearse por un instante, antes de caer dentro del hoyo.

Alice se acercó y le dio una palmada en la espalda a Greg.

—Oye, no te sientas mal, es lo más cerca que has estado de vencerme. Esas clases de golf realmente están dando resultado.

Greg seguía en estado de shock mientras veía cómo Alice se acercaba a la bolsa de golf de Kristy y se agachaba para abrir la cremallera del compartimento lateral donde estaba la piedra de intercambio.

—Oye, ¿qué estás haciendo? —preguntó Greg, con la voz ahora llena de alarma. Alice volteó la bolsa y atrapó la piedra blanca. —Supongo que el mago no mentía sobre lo poderosa que es la compulsión —dijo Alice, volviéndose hacia Greg, quien retrocedía.

—Ay, vamos, prometiste que volveríamos a intercambiarnos en cuanto pudiera ganarte en el golf. Me ha tomado una semana, pero la compulsión finalmente funcionó. Gané, de manera justa y honesta.

—Espera un segundo, ¿no deberíamos buscar un lugar más privado primero? Además, Greg está aquí… esperemos hasta que lleguemos a casa. —Entonces las palabras de Alice penetraron en el cerebro aturdido de Greg y ella se quedó paralizada.

—¡No te preocupes, nadie notará nada, y prefiero hacerlo ahora mientras Greg ve el fútbol!

Greg quería gritar.

—¡No soy Kristy ni Alice, soy Greg! —Pero la compulsión la mantenía inmóvil como un insecto en ámbar. Entonces, sin esperar a que Greg dijera otra palabra, Alice se acercó y tocó el brazo de Greg con la piedra. Greg sintió una sacudida como una descarga eléctrica y luego parpadeó. El rostro de Kristy se iluminó con una enorme sonrisa. —¡Ya soy yo otra vez! —susurró.

Sin pensarlo mucho, Greg dejó caer la piedra, ahora negra, y levantó sus nuevas manos para examinarlas. 

—Soy Alice —afirmó Greg, atónita. Antes de que Greg pudiera decir otra palabra, Kristy agarró la piedra del suelo y comenzó a correr hacia el sumidero. Al principio, Greg estaba demasiado aturdida para moverse; luego se dio cuenta de lo que Kristy estaba a punto de hacer y salió corriendo tras ella. Greg tropezó, aún no acostumbrada a sus nuevas piernas, más largas, y a su extraño cuerpo. Luego recuperó el equilibrio y corrió tras la mujer más baja.

—¡Kristy, no, espera, detente! No entiendes. Yo soy... —La voz de Greg se apagó mientras intentaba decirle a Kristy que en realidad era Greg; sin embargo, la compulsión se impuso. A Greg le parecía como si ella y Kristy estuvieran corriendo en cámara lenta; su mente se negaba a aceptar lo que estaba pasando. Greg acortó la distancia... a 20 pies detrás de Kristy… a 15 pies detrás… a 10 pies. Entonces Kristy llegó al borde del estanque y echó el brazo hacia atrás.

—¡Nooooo! —gritó Greg, tratando de alcanzar la mano de Kristy. Entonces el brazo de Kristy se lanzó hacia adelante y arrojó la piedra del intercambio. La roca negra se zambulló en el agua con un chapoteo. Greg se quedó mirando fijamente el estanque, con el corazón a mil.

Kristy se volvió para mirar a Greg, con el rostro sonrojado por el esfuerzo. 

—Mira, Alice, sé que acordamos usar esa cosa, pero es malvada. ¿Te acuerdas de la semana pasada? A ti nunca te ha gustado Greg, pero sabes que yo lo amo, así que te pegaste a él. Acordamos esta estúpida apuesta de golf antes de intercambiarnos, y luego, cuando quise cancelarla y simplemente volver a intercambiarnos, dijiste que no. Luego escondiste la piedra y fingiste ser yo. La compulsión me hizo SER tú. No sé si fue la magia lo que te hizo hacer eso o si debería enojarme contigo por intentar robarme la vida. ¡Solo alégrate de que le eche la culpa a la compulsión y déjalo pasar!

Greg quería decirle que ella no era Alice, pero no pudo articular las palabras. En cambio, cuando abrió la boca, dijo.

 —Probablemente tengas razón.

Justo en ese momento se oyeron pasos y Greg se dio la vuelta. Caminando hacia ellos, cargando sin esfuerzo ambos juegos de palos, estaba su antiguo cuerpo masculino.

—¡Hola, chicas! —gritó Alice, con una gran sonrisa en el rostro—. ¿Y quién ganó?

Kristy le sonrió al hombre que creía que era su novio. —¡Yo, por fin!

—Genial —dijo Alice, dejando caer los palos y levantando a Kristy en un gran abrazo mientras le daba un beso apasionado en la boca.

La rabia y los celos invadieron a Greg mientras los veía besarse, y después de unos segundos carraspeó.

—¿Por qué no se van a una habitación de hotel, de una vez? —Greg sintió cómo se le iba todo el color de la cara; esa era una frase que Alice les había dicho el fin de semana pasado cuando los había sorprendido besándose en el sofá.

Alice miró de reojo a Greg y esbozó una sonrisa burlona. 

—No hace falta, tenemos el departamento para esta noche y el domingo, ya que te vas a quedar en casa de tus papás, ¿verdad?

Antes de que Greg pudiera responder, Kristy agregó: 

—Esa era la apuesta, y tu mamá está ansiosa por verte. No querrás hacerla esperar, ¿verdad? Me ha dicho que planea llevarte al spa el domingo para un cambio de imagen completo. ¿No te parece divertido? Ya sabes cuánto quiere que empieces a ser más femenina. ¡Nos vemos el lunes, Alice! Espero que no dejes que tu mamá te convenza de volver a casa.

Greg trató de resistir la compulsión cuando ella se adelantó, a pesar de su voluntad, para recoger los palos de golf de Alice. Luego, mientras se alejaba, escuchó a «Greg» decir: 

—Oye, nena, me prometiste una noche de sexo alucinante si teníamos el departamento para nosotros solos.

Kristy soltó una risita en respuesta. 

—¡Entonces vámonos a casa!

«Alice» quería mirar hacia atrás, pero algo le impedía darse la vuelta, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas suaves. ¡Cómo odiaba a «Greg»!


FIN

miércoles, 7 de octubre de 2026

SRU - La Piedra de Intercambio (1/2)

Tenemos otra historia traducida de Fictionmania. Si bien no es terrorífica ni nada de eso no tiene un final feliz, pero mejor no sigo para no spoilearlos.

Es una historia que me gusta mucho y creo que fue una de las primeras historias que leí en ese sitio, se siente nostálgico volverla a leer y quería compartirla con ustedes.

La dividí en dos partes para que sea más amena de leer y agregue algunas imágenes, no soy fan de ellas pero sirven para adornar la historia. Para quien no lo sepa (como yo) en el golf, el tee es un pequeño soporte o clavija de madera, plástico o goma que se clava en el suelo para elevar la bola de cara al primer golpe de cada hoyo.

Disfruten de la historia que mañana viene la siguiente parte.

SRU: The Swapping Stone

Parte I

—¡No hay forma de que esto funcione! —dijo Greg, mirando a su novia, Kristy, que era muy bonita.

—Vamos, Greg, sí que va a funcionar, y es la única forma en que puedo ganarle a Alice.

—Bueno, para empezar, no debiste haber hecho esa apuesta con ella.

—Oye, tú fuiste quien dijo que solo necesitaba unas cuantas clases de golf y que jugaría como una profesional —lo acusó Kristy— Así que esto es realmente tu culpa. Además, después de que le ganes a Alice, ella tendrá que dejarnos el departamento por el resto del fin de semana, ¡y eso significa que no estará por ahí acosándote durante dos días enteros! Y si esas razones no son suficientes, solo recuerda cuánto odia perder, y tendrá que pasar el fin de semana con su mamá, que es algo que NO quiere hacer.

Greg sacudió la cabeza y se rió entre dientes al oír eso. 

—¿Qué le pasa últimamente? Es decir, normalmente me evita como a la peste. Ahora, cada vez que me doy la vuelta, o me está mirando fijamente o está tratando de hacer algo bueno por mí. Es un poco espeluznante.

Kristy levantó la mano para tocarle un lado de la cara a Greg. 

—Quizás por fin se haya dado cuenta de lo genial que eres.

—Creo que está loca. ¿Por qué vives con ella? —preguntó Greg.

—¡Oye, sé amable! —espetó Kristy, y luego continuó en un tono más suave— Somos mejores amigas desde primer grado y, además, sin ella no podría pagar el alquiler de este lugar ni estudiar a tiempo completo. Solo estoy cansada de perder siempre contra ella. Por favor, hazlo por mí, Greg. 

Al darse cuenta de que no lo había convencido, Kristy se acercó a Greg y le acarició el pecho musculoso con su delicada mano. Al ver que su determinación flaqueaba, se inclinó rozándole los senos contra el brazo mientras se ponía de puntillas y lo besaba en el cuello.

—Por favor —susurró con voz seductora.

Greg bajó la mirada hacia la pequeña rubia, que ya llevaba su atuendo de golf, y supo que acabaría cediendo. 

—Pero el partido empieza a la una de la tarde, ¿tu hora de salida es a qué, al mediodía? Tendré que perderme el partido.

—Te prometo que te lo compensaré esta noche —Esta vez, cuando Kristy besó a Greg, le pasó la mano muy suavemente por su pene, que se endurecía rápidamente.

—Está bien, está bien, lo haré, si es que esa cosa funciona. ¿Dónde dijiste que la compraste?

—En una tienda extraña del centro comercial, llamada Spells-R-Us. Sé que suena falso, pero el mago que me la vendió fue muy convincente.

Kristy le dedicó a Greg una sonrisa pícara y se apresuró a ir hacia su bolsa de golf. Sacó una pequeña bolsa de terciopelo de un bolsillo lateral, que normalmente se usa para guardar pelotas de golf de repuesto, y dejó caer en su mano una piedra negra muy pulida. Greg se acercó para pararse a su lado y poder verla mejor. Kristy le dio la vuelta para que Greg viera que la superficie de la piedra, por lo demás lisa, estaba marcada por una sola runa de aspecto extraño.

—No parece gran cosa.

—El mago dijo que lo único que tenemos que hacer es tocarla al mismo tiempo y nos intercambiaremos los cuerpos —explicó Kristy, extendiéndole la piedra a Greg.

—¿Guardaste el recibo para que te devuelvan el dinero cuando esto no funcione? —Greg se rió y extendió la mano para tocar la piedra. En el instante en que su mano entró en contacto con la superficie lisa, una descarga eléctrica lo atravesó. Luego, parpadeó y se dio cuenta de que estaba mirándose a sí mismo.

—¡Mierda! Funcionó —exclamó Greg, con la voz más aguda de Kristy, y soltó la piedra mientras ella levantaba los brazos para cubrirse los senos. La piedra cayó al piso con un golpe sordo y rodó unos 30 centímetros antes de detenerse junto a la pared.

Kristy trastabilló hacia atrás y tuvo que extender una mano fuerte para agarrarse a la pared y mantener el equilibrio. Por un momento, los dos se quedaron mirándose en estado de shock.

—¡Joder! ¡Esto es lo más raro que he visto en mi vida! —murmuró Kristy, mientras se llevaba la mano entre las piernas para tocar su nuevo apéndice. Luego miró de reojo a la mujer rubia y bajita que se estaba tocando y dijo: —Si no tienes cuidado, vas a demostrar ese viejo dicho de que las rubias se divierten más.

—¿Qué? —dijo Greg, distraído, y luego agregó— ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

Kristy, ignorando el comentario de Greg, se agachó y recogió la piedra; después de asegurarse de que no estuviera dañada, la volvió a guardar en la bolsa morada. Luego metió la bolsa de nuevo en la bolsa de golf. Cuando Kristy se dio la vuelta, vio que Greg se había movido para pararse frente al espejo que colgaba de la pared junto a la puerta. Greg levantó lentamente la mano y se tocó las mejillas suaves con sus delicados dedos. La imagen del rostro atónito de Kristy en el espejo la miraba fijamente mientras ella imitaba los movimientos de Greg. El tiempo pareció detenerse para Greg mientras su mente desconcertada intentaba procesar las señales imposibles que estaba recibiendo.

—¡Esto es tan genial! —exclamó el nuevo hombre.

Greg, ante la exclamación de Kristy, se dio la vuelta y vio que había levantado la mesa de centro y la sostenía sobre su cabeza, con UNA sola mano.

—¡No puedo creer lo fuerte que soy! —Luego, al ver la expresión en el rostro de Greg, Kristy bajó la mesa—. Deberíamos ir al Club, pero primero necesito verificar algo —dijo Kristy, acercándose a Greg. Kristy puso sus dos grandes manos sobre los hombros de Greg para asegurarse de que él le prestara atención.

—¿Verificar qué?

—¿Me dices tu nombre? —preguntó Kristy.

—Ya sabes quién soy —respondió Greg con brusquedad.

—Solo sígueme la corriente y dime tu nombre de verdad.

—Es Kristina Summers. —En cuanto las palabras salieron de la boca de Greg, ella abrió mucho los ojos, sorprendida—. No era eso lo que quería decir, quería decir que mi nombre es Kristina, no, ¡maldición!, soy Kristy y en realidad soy una chica.

Ante esto, una mirada confusa y aterrada se dibujó en el lindo rostro de Greg, y Kristy no pudo evitar reírse. 

—Supongo que el mago no mentía.

—¡¿De qué estás hablando?!

Kristy dejó que él bajara las manos y continuó: 

—Dijo que la piedra perteneció originalmente a un hechicero que la usó para intentar alcanzar la inmortalidad al intercambiarse con cuerpos más jóvenes. Parte de la magia de la piedra del intercambio obliga a quien la usa a asumir la identidad del cuerpo en el que se encuentra.

—¿Qué quieres decir con “asumir la identidad”? —preguntó Greg, con una mirada asustada en su linda cara.

—No lo sé todo, pero por lo que dijo el mago, nos veríamos obligados a actuar como el otro, o al menos como creemos que actúa la otra persona. No fue muy claro en este punto. Sí dijo que ninguno de los dos podría contarle a nadie más sobre el intercambio.

Al oír esto, la piel pálida de Greg se sonrojó de enojo: 

—Deberías haberme dicho eso antes de que nos intercambiáramos. Creo que ya no quiero hacer esto. Volvamos a intercambiarnos.

Kristy se irguió a toda su estatura, sobresaliendo más de un pie por encima de Greg. 

— ¡Ni hablar! ¡Aceptaste hacerlo!».

De repente, Greg se sintió pequeño, débil e intimidado por el gran tamaño y la fuerza de Kristy. En el pasado, Greg siempre había pensado que podía convencer a Kristy de que hiciera lo que él quería. Ahora, Greg se preguntaba si ella no habría estado utilizando su tamaño para coaccionar a Kristy sin darse cuenta.

—Además —continuó Kristy—, no puedo darme el lujo de perder esta apuesta.

—¿No puedes ceder el departamento por el resto del fin de semana? —preguntó Greg.

—Ah, esa no era mi parte de la apuesta. —El rostro anguloso de Kristy se veía contrariado.

—¿Qué tienes que hacer si pierdes? —dijo Greg, cruzándose los brazos debajo del pecho, tal como lo hacía Kristy cuando estaba enojada.

Ante esto, Kristy se dio la vuelta y tomó la bolsa de golf. 

—Déjame llevarla al auto por ti, cariño.

—¡No cambies de tema! —chilló Greg, y dio una patada con su delicado pie—. Quiero saber qué pasa si pierdo.

Kristy se encogió de hombros. —Mira, ya casi tienes el nivel para ser golfista profesional. Si le ganas a Alice, no hay nada de qué preocuparse.

++++++++++++++++++++++++++++++++++

La fresca brisa otoñal jugaba con la cola de caballo de Greg mientras ella observaba a Alice subir al tee. Para cuando Greg y Kristy llegaron al club de campo, Alice ya se había gastado un cubo de pelotas y estaba lista para jugar. Joyce, la elegante madre de Alice, la acompañaba y, como de costumbre, estaban discutiendo. Joyce quería que Alice regresara a casa.

Kristy había agarrado a Greg para darle un beso rápido y le había susurrado: 

—¡Dale una paliza, nena! —Luego se despidió con la mano y se dirigió al bar deportivo en el extremo sur del club de campo.

Ahora Greg observaba a la morena alta y delgada prepararse para golpear su pelota, y se sentía un poco preocupado. No por el juego, sino por su reacción al besar su antiguo cuerpo. Se había derretido, por así decirlo, en los brazos de Kristy, con el rostro sonrojado y el corazón acelerado. Kristy había dicho que la magia las obligaría a actuar como la otra; ¿significaba eso que ahora se sentía atraída por los hombres?

TING

El sonido del palo de Alice al golpear suavemente la pelota devolvió la atención de Greg al presente. 

—Buen golpe —dijo Joyce.

Greg observó cómo la pelota volaba en línea recta para caer limpiamente en la calle. Greg miró de reojo a la mamá de Alice sintiéndose un poco molesto. Kristy no le había dicho que Joyce también jugaría. Greg sabía que Kristy era muy amiga de Joyce, ya que ella y Alice habían crecido a un par de cuadras de distancia, y le preocupaba un poco que dijera o hiciera algo que delatara su identidad.

—Te voy a dar una paliza, Kristy —se rió Alice.

—Vamos, Alice, no hay razón para ser tan competitiva —dijo Joyce mientras se acercaba para dar su golpe.

“No si yo tengo algo que decir al respecto” pensó Greg. Deseando haber tenido tiempo de golpear un cubo de pelotas, Greg observó cómo Joyce lanzaba un tiro raso que rozó la superficie del césped y, de hecho, superó en distancia al de Alice. Una vez que Joyce se alejó del tee, Greg colocó su primer tiro en el tee.

“Muy bien, suave y tranquilo” pensó Greg “deja que el palo haga el trabajo” Incluso al momento de impactar la pelota, Greg supo que sería un tiro terrible. Se estaba adaptando rápidamente al cuerpo de Kristy, pero aún no se sentía del todo natural. El movimiento de sus senos al balancear el palo la distraía, y sus brazos más cortos la habían desestabilizado. La pelota saltó del tee y se desvió hacia los árboles junto a la calle.

—No está tan mal, para ti, Kristy —sonrió Alice—. ¿Quieres aprovechar tu mulligan ahora?

Greg se tragó la réplica y dijo con la mayor dulzura que pudo: 

—Todavía no, gracias.

Para cuando Greg llegó al séptimo hoyo, ya empezaba a preocuparse. Solo llevaba un par de horas en el cuerpo de Kristy y aún no se había acostumbrado. 

«¿En qué estaba pensando Kristy al intercambiarse conmigo a última hora así?», se preguntó Greg. Estaba cinco golpes detrás de Alice y tenía suerte de estar tan cerca. De hecho, había empatado con Alice en los dos últimos hoyos. Ambas iban detrás de Joyce, quien parecía felizmente ajena a la competitividad de las dos mujeres más jóvenes.

Como aún no había ganado ningún hoyo, Greg volvía a observar a Joyce y luego a Alice mientras daban el golpe de salida. Alice tenía buena técnica y un swing fluido que hacía que la pelota volara por la calle. Su complexión alta y atlética le permitía generar una buena velocidad con el palo, lo que significaba que sus golpes de salida alcanzaban más distancia que los de Greg.

Alice siempre había sido una «marimacho» y se le daban muy bien los deportes, recordó Greg, sintiéndose ansioso. Greg sabía que todavía se estaba adaptando al cuerpo de Kristy, que no era ni de lejos tan atlético como el de Alice. «Mierda, a este paso tendré suerte si gano», pensó Greg. Greg no pudo evitar admirar el cuerpo de Alice mientras ella se agachaba para recoger su tee. 

«Quizá la nariz de Alice sea un poco grande y casi no tenga tetas, ¡pero sus piernas y su trasero no tienen nada de qué quejarse!». Aun mientras esos pensamientos flotaban en la mente confusa de Greg, se dio cuenta de que Alice no le atraía en lo más mínimo. Era más bien un reconocimiento de que su amiga tenía un cuerpo muy en forma. Nada más.

Esta vez Greg le dio bien a la pelota y, a pesar de no alcanzar tanta distancia como Alice, ganó el hoyo. 

—¡Ja! ¡Y comienza la remontada! —dijo Greg burlándose suavemente de Alice.

—Esas clases de las que hablabas deben haber dado resultado, Kristy —asintió Alice, mientras empujaban sus carritos hacia el siguiente hoyo—. Ese golpe que metiste fue increíble. Pero igual voy a ganar.

—Gracias —respondió Greg—. ¡Más te vale tener cuidado, porque ahora solo voy cuatro abajo!

Al darse cuenta de que no podría superar a Alice en el drive, Greg se concentró en su juego corto y ganó los siguientes dos hoyos, cerrando los primeros nueve con una desventaja de dos golpes.

—Bueno, chicas, aquí es donde voy a tener que dejarlas —dijo Joyce, y luego le sonrió ampliamente a Alice—. Tengo que hacer algunos mandados y luego prepararé lasaña para la cena. Por favor, llega a casa a las seis, cariño. Tu papá y yo estamos ansiosos por tenerte en casa esta noche».

Después de que Joyce y Alice se despidieran, Greg miró a Alice. 

—Pensé que pasarías la noche con tus papás si yo ganaba, ¿estás admitiendo la derrota?

Al oír eso, Alice se rió. 

—Por supuesto que no. ¡Pienso ganar! Pero hace mucho que no me quedo a dormir en casa de mis papás, y ya sabes que mamá siempre está insistiendo para que vaya. Pensé que esto la haría feliz y que así me dejaría en paz por un rato.

Greg, un poco confundido, dijo:

—Tomemos un breve descanso antes de empezar los últimos nueve hoyos. Me gustaría ver cómo le va a Greg.

—Claro, me vendría bien un poco de agua y algo para comer. ¿Dónde está Greg? Podría haber jugado con nosotros.

—Ah, quería ver un partido de fútbol americano tonto. Las palabras salieron de su boca antes de que Greg se diera cuenta de que las había dicho. 

«¿Por qué llamé tonto al fútbol americano?», se preguntó Greg.

lunes, 5 de octubre de 2026

Miedo a morir

Comentarios al final.

Miedo a morir

Escucho sus palabras, pero no sé cómo reaccionar.

Conocí a mi esposo hace 20 años, estaba saliendo de una ruptura amorosa y pensaba que el amor no era para mí.

Me estaba concentrando en terminar mi doctorado, me sumergí en los estudios para no tener que pensar en nada más. Si lo ignoras eventualmente tus problemas desaparecerán, o eso es lo que pensaba.

Termine hospitalizada. El estrés de la escuela y el amor me estaba matando por dentro y no sabía cómo hacer para sanarme. En mis peores momentos fue cuando lo conocí.

Aaron. Se presento como un caballero. No diré que fue amor a primera vista, pero no puedo negar que su rostro quedo marcado en mi cerebro.

Siempre me lo encontraba al salir de la facultad, al principio pensaba que solo era una coincidencia, pero poco después vi que era obvio que lo hacía a propósito para poder esperarme.

—¿Quieres salir a cenar este fin? —un día se animó por fin a preguntarme.

La respuesta era obvia para ambos, fue una gran cita y después siguió otra y después otra. Eventualmente salíamos todas las noches. Los días oscuros iban quedando atrás gracias a él. Era mi alma gemela.

Fue un gran apoyo cuando yo hacía mis exámenes, me ayudo tanto. En los agradecimientos él estaba en primer lugar, nunca me habría graduado si no fuera por él.

—Regi, eres la mujer más hermosa del mundo. Por supuesto que te apoyare en todo.

Fueron las palabras que me dijo cuando conseguí un trabajo muy bien remunerado en la otra punta del país. Dejo su trabajo y me siguió.

Fue arriesgado pero la jugada nos salió bien. Él consiguió un buen trabajo y a mi me iba muy bien en el mío, nuestros lazos se unieron aún más.

—Regina Yuan Cortez. ¿Te casarías conmigo?

Solo era una formalidad esa pregunta, ambos sabíamos la respuesta.

—¡Siiiiiiiiiiiiiiiii! —grite como un niño en navidad.

No fue una gran boda, fue minimalista con solo amigos cercanos y mis padres. Él no quiso invitar a nadie de su familia.

—Desde que murieron mis padres me distancie de mi familia. No quiero verlos otra vez.

Los primeros años de matrimonio fueron una luna de miel extendida, todo siguió mas o menos igual pero solo con un papel que decía que estábamos casados. Pero nuestro amor crecía cada día.

Cinco años después de nuestra boda decidimos tener un bebé. No estaba segura de querer un hijo, pero el me persuadió. 

—Serías una madre increíble.

Sarah llego nueve meses después. Era una niña muy bonita.

—Se parece todo a ti. Los genes de Aaron ni lo intentaron.

Era verdad, pero había algo en mi hija que me recordaba a alguien más y con los años se hacía más evidente.

Después de su nacimiento empezaron los problemas, él quería que dejara mi trabajo para cuidar a Sarah mientras que yo quería continuar mi carrera.

—No porque tenga una hija significa que tenga que ser un ama de casa.

Fueron meses difíciles, la niña lloraba todo el tiempo, nosotros estábamos peleados la mitad del tiempo y la otra mitad me sumergía en el trabajo.

Fue en esos momentos en donde no me di cuenta de las manías de Aaron. Siempre las tuvo, pero en nuestros peores días se hacían más obvias.

Increíblemente sobreprotector con nuestra hija, conmigo y con él mismo. Le preocupaba mucho la seguridad así que tenía cámaras que registraban toda la casa por fuera. Revisaba mucho los alimentos que comprábamos. Y no le gustaba recibir la visita de extraños.

Cuando nos reconciliamos olvide todo eso y lo guarde en el fondo de mi mente, pero eran señales que no quería ver.

Cuatro años después nació Carlos. Si bien se parecía mucho a mi tenía ciertos rasgos de alguien que conocía muy bien, pero pensaba que solo estaba siendo paranoica.

Era la vida perfecta y así siguió algunos años más, obvia seguíamos teniendo peleas, pero nos amábamos y las superábamos cada una de ellas hablando como los adultos que somos.

Pero estos tres últimos años pude notar como el esposo que tanto ame estaba cambiando, se volvía paranoico de la nada. Tenía ataques de ira de la nada y se encerraba en el sótano durante horas.

Hable con él, pero el solo le daba vueltas al tema.

—No es nada. Son cosas del trabajo. Estoy bien, mejor vayamos con los niños al parque o al cine.

Yo confiaba en él y hubiéramos seguido así pero hoy en la mañana llego al borde de la locura del trabajo.

Tiro todas las cosas al entrar corriendo rápido y se fue a encerrar a su lugar seguro.

—Amor, ¿Dónde están los niños? Se supone que tú los recogerías de la escuela.

No me respondió. Solo escuchaba sollozos y gritos del sótano.

Tuve que llamar a mi madre para que fuera a recogerlos. Si bien había tenido actitudes similares en el pasado esta vez sabían que era diferente.

Use una llave que tenía escondida. Un día sin que él lo supiera fui al cerrajero a sacar una copia de la llave, solo por si las dudas. Pero ese momento había llegado por fin.

Entre y baje las escaleras, casi me da un infarto del susto al ver que estaba él en una esquina apuntándome con una pistola.

—Aaron, ¿qué está pasando?

—Eres tú. Estas tomando su forma solo para torturarme. No me importa, si te acercas más te dispararé.

Tuve que ser muy persuasiva. Logre convencerlo que yo era yo. Bajo el arma y por fin pude acercarme.

—Cariño, dime que te pasa. Por qué actúas así.

—Si te digo la verdad todo terminará para nosotros. Pero si es la única manera…

Y así fue como me contó su historia. Como toda su vida fue una mentira.

Hace 22 años Aaron no existía, era otra persona. Si ni siquiera era un hombre en ese momento. Se nombre era Joselyn, la hermana de mi ex novio.

Ella siempre fue lesbiana solo que nunca salió del armario porque su familia no la iba a apoyar. Lo que le dolió más que todo fue cuando su hermano me presento como su novia. Ella se enamoró de mi a primera vista.

Era su amor imposible, ella fantaseaba conmigo todas las noches, pero sabía que era heterosexual y nunca saldría con ella. Ella se llenó de amargura. Maquino todo para hacer que su hermano y yo termináramos.

Todo el sufrimiento que pase fue debido a ello, pero eso no termina ahí.

Hizo un trato con un demonio, ella se convertiría en un hombre, en mi hombre ideal pero el precio era alto. Y el vendría a cobrarlo cuando llegará el momento.

Ella acepto sin dudarlo. Y así fue como nació Aaron.

Joselyn ya me conocía desde antes, usando su conocimiento sobre mí y las virtudes de su nuevo cuerpo logro conquistarme sin problemas.

Los rasgos de mi hija que se me hacían familiares eran los rasgos de su antiguo cuerpo. Y mi hijo tenía rasgos de su hermano. Fue como un balde de agua fría cuando me di cuenta que la verdad estuvo frente a mi todo este tiempo.

Ella me amaba, pero logro conquistarme a base de mentiras y engaños.

Ahora el demonio había regresado a cobrar su parte. Es por eso que cada vez estaba más paranoico, tenía miedo a morir. A que llegara por su alma y se lo llevara.

Después de escuchar sus palabras, no sabía cómo reaccionar. Aquí estoy frente a él sin saber que hacer.

Sollozaba, no quería perder su vida de ensueño al lado de la mujer que amaba y sus dos hijos.

Sentía como algo dentro de mí surgía. Era una ira incontrolable, era un odio por todos los engaños a los que fui sometida toda mi vida. Ese hombre me manipulo para que lo amara, fue el causante de que casi me suicidara hace tantos años atrás y después llego para hacerse el héroe.

—Es el momento. Hazlo pagar por todo lo que te hizo —me decía una voz en mi cabeza.

Antes de bajar al sótano, antes de forzar la puerta había ido a la cocina y por instinto y sin darme cuenta había tomado un cuchillo.

—Su vida es un engaño. Él no es real. Míralo, el pobre tiene miedo a morir.

Agarre con más fuerza el cuchillo que tenía escondido. Esto no podía seguir así. Él iba a pagar por todo lo que había hecho y vendría de la persona que amo con todo su corazón.


FIN.


¿Qué les pareció la historia? Me encanto escribirla, es una de mis favoritas. La idea vino de una cosa que leí en donde parecía que un millonario tenía un bunker y un equipo especial porque tenía miedo de morir y alguien decía que tal vez hizo un trato con un demonio para ser rico.

Use eso como base para desarrollar esta historia solo agregando nuestra temática favorita. No sé si llegue a explicarlo bien en la historia pero en un principio pensaba que el demonio había poseído a Regina pero al final me di cuenta que en realidad fueron las mentiras de "Aaron" lo que causo el enojo de su esposa, el demonio solo esta ahí para burlarse, él no influyo en nada, fueron sus mentiras las que ocasionaron todo.

Me sorprende que de manera inconsciente lo haya escrito así pero me gusto mucho. Mañana toca una historia de Snapchat antes de seguir con las tenebrosas historias que tengo preparadas. Se despide, Mel.

sábado, 3 de octubre de 2026

La vieja maestra de la escuela

Buen día a todo el mundo. Estoy agradecida por el repunte de visitas que ha tenido el blog y por todos los comentarios que he recibido, muchísimas gracias.

Ayer paso algo muy triste pero con final feliz. Tenía que pasar un archivo a mi lap así que tuve que usar mi memoria USB, para mi mala suerte esa compu tenía virus e hizo que todos las carpetas se volvieran accesos directos. El problema era que yo tenía ahí dos peticiones y una historia en la que estoy trabajando. 

Por suerte el día anterior había hecho respaldo de las peticiones pero la historia original no. Para mi buena suerte logre recuperarla. Eran tres capítulos y si los hubiera perdido quizás no la hubiera continuado. Así que la lección es siempre tener un respaldo de cualquier cosa.

Hablando de la historia de hoy, regresamos con una historia un tanto oscura que me gusta mucho. Es de un sitio que tal vez muchos conocen: "Fictionmania". Es uno de mis sitios favoritos y me sorprende que haya tardado tanto en traerles una historia de ese lugar. Busque algunas imágenes para acompañar la historia, les dejo el link a continuación y disfruten de la historia.

The Old Maid School Teacher

La vieja maestra de la escuela

by Eric

Sentados alrededor de una fogata crepitante en el albergue de esquí, un grupo de amigos contaba historias de Halloween tratando de asustarse o asquearse unos a otros. Mary miró a Mike, la estrella de fútbol americano de la preparatoria.

—Me toca a mí. Le dedico está a Mike —dijo con una sonrisa.

—¡Qué miedo tengo!

Mary sonrió de oreja a oreja, dio un sorbo a su bebida y luego comenzó.

—La maestra solterona, la señorita Hopkins, era una mujer muy amargada. Había dedicado su vida a educar a unos mocosos desagradecidos y no tenía nada que mostrar a cambio, salvo su desprecio, su aversión, un guardarropa pésimo y un departamento de una sola habitación en mal estado donde vivía con sus gatos.

La señorita Hopkins tenía 51 años, era alta y delgada, pero más bien huesuda que esbelta. Tenía pies enormes y mala vista. Algunos de los chicos la llamaban “señorita Grundy”, por la maestra fea y flaca como una tabla de los cómics de Archie. Era estricta y muy impopular, y enseñaba inglés en la preparatoria.

Odiaba y envidiaba a los jóvenes estudiantes con toda su alma. Odiaba a las chicas porque no le prestaban la más mínima atención y a los chicos porque ellos podían tener sexo con todas las chicas jóvenes, sexys y bonitas. ¡Lo que no daría por ser un joven y que una chica la amara! Diablos, ni siquiera la habían besado en más de 30 años. 

Miró a su clase y vio a los chicos guapos haciendo ojitos a las chicas bonitas. Los odiaba a todos, especialmente a Bill Oakshot. Su novia era Kelly Bolt, la chica más bonita de la escuela, con su increíble cabello rojo, ojos verdes, rostro hermoso y una figura que detendría un tren de carga con su cintura estrecha y sus hermosos y firmes senos de copa C. Cómo deseaba que Kelly la quisiera a ella… Poca esperanza. 

Era tan heterosexual y loca por los chicos como se puede ser. Bill Oakshot era su novio y la señorita Hopkins a menudo los había visto abrazándose y besándose incluso en la escuela. ¡Cómo deseaba ser ella quien estuviera en los brazos de Kelly en lugar de ese grandullón sin cerebro de Bill! ¡Él no se merecía a Kelly! ¡No se merecía su maravillosa vida!

Un día, las cosas cambiaron. Mientras curioseaba en una librería, encontró un antiguo manuscrito en latín escondido dentro de un viejo y gastado libro sobre la disposición de los cubiertos en la mesa. Lo tomó, pensando que la cubierta de cuero podría ser valiosa para mostrársela a su clase.

La señorita Hopkins estudió el libro con entusiasmo. Parecía rebosar de magia y probó un hechizo sencillo para hacer flotar algo. Funcionó. Pero fue el hechizo de intercambio de cuerpos lo que la emocionó. Se rió como loca y su risa no cesaba. Su vida sería diferente ahora. ¡Sí, claro que sí! ¡Y también la de algunos jóvenes engreídos! ¿De quién elegiría el cuerpo ahora?

Se rió con aire de regodeo. Podría convertirse en una estrella de cine como Brad Pitt o en una rica socialité, pero eso no era lo que quería. Durante toda su vida infeliz y amarga, la señorita Hopkins había estado atormentada y torturada por sus días miserables en la preparatoria. ¡Y qué difícil era ser gay! Ni una sola cita y todas esas chicas sexys que le hacían la vida imposible al rechazarla y mostrarse disgustadas por sus insinuaciones. Bueno, lo que quería era empezar de nuevo: rebobinar desde ese momento y vivir la vida que deseaba desesperadamente, la que se merecía.

«Me desharé de mi vieja y horrible vida y de mi personalidad como una serpiente que muda de piel. Me convertiré en una persona nueva. Entonces, ¿de quién debería tomar el cuerpo y la vida?». Se rió de nuevo. «Bueno, eso fue fácil: el de Billy». Era, sin duda, el chico más guapo y popular de la escuela; su familia tenía dinero y salía con la chica más guapa. «Debería haber sido mi vida. Bueno, ahora será mi vida. ¡Se acabó la miserable vieja Fossil; ese es ahora el destino del estúpido Oakshot!».

Se miró al espejo y se rió y rió de nuevo imaginándose a ese Bill sin cerebro mirándose ese rostro viejo y feo cada mañana en lugar de su propio rostro joven y guapo.

La señorita Hopkins entró al salón de clases y vio a la hermosa pelirroja Kelly Bolt besando a su apuesto novio Bill Oakshot, el mariscal de campo. Sonrió de manera extraña y pensó:

«Parece que he sorprendido a los dos tortolitos. No veo la hora de estar en el cuerpo de Bill para poder disfrutar de un poco de acción con la lengua».

Bill se quedó mirando a la vieja y fea maestra mientras pensaba: «¡Ay, caramba! ¡Odio la forma en que esa vieja bruja nos mira! Y últimamente me ha estado molestando mucho —¡la anciana le había estado haciendo un montón de preguntas personales! Esa miserable vieja bruja daba mucho miedo. ¡Sobre todo porque últimamente sus ojos parecen fijarse mucho en él y en Kelly, y además es totalmente raro que incluso le haya pedido al entrenador nuestro libro de jugadas!».

La guapa Kelly, la estrella de cine, dio un paso atrás y se colocó detrás de Bill, muy consciente de las marcas de tiza que sus manos dejaban en los cuerpos del otro. Se estremeció.

«Vaya, realmente sentiría lástima por esa vieja fósil decrépita, la señorita Hopkins, si no fuera tan espeluznante, y odio la forma en que me mira. ¡A todas nosotras, las chicas, nos parece que es una vieja lesbiana! ¡Esa solterona fea y entrometida!».

Pronto los planes de la señorita Hopkins estuvieron listos, el libro fue quemado y ella comenzó a actuar de manera irracional en la escuela para allanar el camino para las reacciones «irrazonables» de Bill después de que él se quedara con el cuerpo y la vida de la solterona señorita Hopkins. Se rió con una larga carcajada de regodeo. ¡Cómo lo odiaría y se lo merecía!

La señorita Hopkins impartió lo que esperaba que fuera su última clase y le pidió a Bill que se quedara al sonar el timbre de salida.

«¿Qué quieres?», preguntó Bill, alejándose poco a poco de esa vieja fósil. No le gustaba la sonrisa de esa bruja.

«Solo tu cuerpo y tu vida, querido. ¡Solo tu cuerpo!», se rió ella. «Pero puedes quedarte con el mío. Es más que justo, ¿no?»

«¡Vieja bruja, estás loca!», exclamó Bill, tratando de dirigirse hacia la puerta, pero sus piernas no le obedecían. El piso se le acercó y lo golpeó.

Bill volvió en sí. Escuchó la risa alegre y sonora de un joven. Tenía los lentes torcidos, ¡pero él no usaba lentes! Automáticamente se los colocó en su lugar. Entonces Bill gritó.

¡Se vio a SÍ MISMO! A SÍ MISMO mirando y sintiendo su cuerpo musculoso, alto y poderoso. Su apuesto rostro lucía una sonrisa triunfante. Su cuerpo también se miraba ahora en un espejo y disfrutaba de lo que veía. ¡Su viejo rostro le sonreía burlonamente en el espejo!

Bill se vio a sí mismo volverse para dirigirse a él con una gran sonrisa de regodeo en ese apuesto rostro joven.

«Bueno, adiós, “señorita Hopkins”, disfruta de tu nueva vida. ¡Adiós, adiós, tengo que irme, mi novia Kelly me está esperando!». Él volvió a mirar a la anciana que yacía aturdida en el piso y se estremeció. «¡Dios mío, pero qué fósil de anciana eres! ¡Todos nosotros, los JÓVENES, lo decimos!». El nuevo Bill Oakshot se rió alegremente, le lanzó el espejo a la anciana aturdida y fea, y salió corriendo por la puerta con sus piernas jóvenes y fuertes.

El antiguo Bill se miró en el espejo y gritó, gritó y gritó.

Epílogo.

El nuevo Bill disfrutó de besos apasionados con Kelly en el callejón de los enamorados esa noche y muchas noches más después. Pronto se comprometieron. 

Y el sexo, por primera vez en la vida de Hopkins, fue aún más maravilloso de lo que ella había imaginado. ¡Incluso le encantaba su nuevo auto deportivo! ¡Ella, no, ÉL tenía tanta suerte de ser tan guapo y tan popular! Las chicas caían rendidas a sus pies y los chicos le tenían miedo a SUS poderosos músculos. 

Le encantaba vestirse como un galán con toda la ropa de última moda para jóvenes. A «Bill» le gustaban especialmente los jeans ajustados, ¡ya que resaltaban «su» lindo trasero y su gran pene! Como de costumbre, «su» padre rico y cariñoso se quejó, pero pagó.

La nueva y ya no tan joven señorita Hopkins sufrió un colapso nervioso. ELLA rompió todos los espejos que vio y deliraba diciendo que en realidad era el joven Bill Oakshot. La llevaron al hospital. Allí pronto se dio cuenta de que nadie le creería. Tenía una elección: quedar encerrada por el resto de su vida, suicidarse o fingir ser la señorita Hopkins. Lloró durante días, pero decidió convertirse en el viejo fósil feo que parecía ser. ¡Cómo odiaba dar clases y ver a Kelly y a su antiguo yo —joven, guapo y fuerte— tan enamoraditos! Odiaba los susurros de las chicas jóvenes sobre lo «fósil» que era.

La nueva señorita Hopkins empezó a odiar a Kelly porque esa perra no podía distinguir al falso Bill del verdadero. Más tarde, incluso intentó suspender a «Bill», pero la escuela no le permitió hacerle eso al jugador estrella de fútbol americano.

A menudo, Kelly y Bill murmuraban entre besos lo mucho que la vieja bruja de la señorita Hopkins los ponía de los nervios con la forma en que los miraba. Bill llegó a ser el mariscal de campo estatal.

Cuando Kelly y Bill se casaron, todos decían que nunca habían visto a unos novios más felices. Bill se consideraba afortunado, ya que Kelly era la chica más hermosa del pueblo —¡qué cuerpo!—. Cómo lo amaba ella y cómo le encantaba a él ser un joven viril con una chica sexy pegada a él en la cama.

A Kelly le encantaba ser su esposa. ¡Qué hombre!

Más tarde, Bill fue seleccionado por la NFL y ganó millones como mariscal de campo.

Por supuesto, nadie notó ningún cambio en la señorita Hopkins; seguía siendo la misma solterona amargada, fea e infeliz.

¡Pero al menos tenía a sus gatos! —concluyó Mary.

—Más te vale tener cuidado, Mike —dijo Betty, acurrucada contra su novio—. ¡Tenemos una señorita Hopkins en nuestra escuela!


Fin