Seguimos y hoy vengo con una historia original. Realice una pequeña investigación (mas que nada usando la IA) para que fuera más precisa históricamente. En algunas partes se siente más como una lección que como algo propio. Las letras en cursiva significan que están hablando en otro idioma solo para diferenciar. Aun así espero que no les moleste, sin más palabras me callo y los dejo disfrutar.
Parte I
John Miller es
un hombre caucásico conservador promedio.
Durante sus 37
años de vida ha vivido bajo los valores tradicionales americanos, para él las
personas blancas son muy superiores a las demás y está fuertemente en contra de
los inmigrantes.
Es miembro de
la Asociación Americana de Kansas en donde lucha por el resurgir de las
antiguas tradiciones del país. Siente que su patria ha perdido el camino desde
hace años debido a la cultura "woke" que invade el entretenimiento
actual.
Añora los años
dorados del estado en donde America era para los americanos y si trabajaba duro
todos los días podía construir un imperio desde cero.
Vivía
felizmente con su esposa y sus 4 hijos. Era un hombre tallado a la antigua,
tenía dos trabajos para mantener a su familia y le prohibió a su esposa buscar
un trabajo. Para él la mujer debía ser ama de casa a tiempo completo.
Sus 3 hijos
seguían sus mismos valores, si alguno de ellos tenía interés por una actividad
no "masculina" les daba una paliza para que les quedará claro, tenían
prohibido mostrar emociones frente a él y los obligaba a practicar deportes de
contacto.
Su única hija
era su princesa, pero tenía las mismas normas que sus hermanos, pero, al
contrario. Ella no podía mostrar un ápice de masculinidad porque su padre la
castigaba, las labores de la casa recaían sobre ella y su madre y tenía
prohibido usar pantalones en la casa.
Después de lo
anterior creo que nos queda claro que una de sus principales características
era que era un racista. Cada que veía a alguien latino o que tuviera el tono de
piel más oscuro del "normal" les gritaba que se regresarán a su país.
Se peleaba a cada rato con cualquier hombre, mujer, niño o niña que encontrará,
ninguno se salvaba de su ira.
—Soy un orgulloso hombre 100% americano —le decía a todo el mundo.
Sus amigos que
profesaban sus mismas creencias estaban de acuerdo con él, era el hombre
americano modelo.
Un día por
correo le llegó una carta de DNA Technology.
"Querido
John Miller. Muchos de sus allegados nos han hecho saber sobre lo
orgullosamente americano que es. A nuestra empresa 100% americana nos gustaría
contar con usted para promocionar nuestra marca.
Queremos que
usted sea uno de los primeros hombres en probar nuestra nueva tecnología.
Herencia
Ancestral es nuestro programa piloto más avanzado, nos permite rastrear su
herencia genética y enviarlo a pasado para vivir como uno de sus antepasados.
Sabemos que es un hombre recto y es por eso que le ofrecemos la prueba
totalmente gratis.
Si acepta las
instrucciones se encuentran en la hoja siguiente."
—Ja. Les dije que algún día me reconocerían mi labor por este país. Los americanos ayudan a los americanos, es gracias a eso que somos el mejor país del mundo, no gracias a los inmigrantes —les decía a sus conocidos en una parrillada.
Todos
estuvieron de acuerdo con él. Ese día en la noche lleno el formulario y tomo
sus muestras de ADN y las envió de vuelta a la empresa.
Pasaron varias
semanas antes de obtener los resultados, cuando llegaron estaba muy emocionado.
Quedaría demostrado su herencia aria.
Al abrir el
paquete había una diadema con instrucciones muy claras.
"Este
dispositivo es el que nos permitirá mandar su mente a uno de sus ancestros.
¿Cuál de ellos será? Se elige aleatoriamente. Por favor póngase cómodo y
póngase la diadema para disfrutar de la experiencia."
El hombre
emocionado fue a su sofá favorito y se probó la diadema. Presiono el botón de
encendido y espero la cuenta regresiva.
—10, 9, 8, 7,
6, 5…
Emocionado leyó
el reverso de la hoja que venía en el paquete.
“Le informamos
que de acuerdo a nuestros análisis se demostró que es 87% blanco, pero tiene un
13%...”.
Sintió una
descarga y cuando él despertó se dio cuenta que estaba en un lugar desértico
como era Texas hace tantos años. Se sentía mareado y no podía coordinar sus
movimientos por la nueva gravedad de su cuerpo. Miro sus manos y dio un grito.
—Aaaaaaaaaaaa
Eran manos
negras. No solo eso, tenía pechos y estaba medio desnudo. Busco un espejo, pero
no encontró nada así que fue a un charco de agua solo para darse cuenta que se
había cambiado con una chica negra de alguna tribu africana.
Ese 13%. Se dio
cuenta que en su sangre corría sangre negra. Sus ancestros, de alguna manera
algunos de ellos eran de Africa.
Usaba una falda
que parecía más un taparrabos que no cubría casi nada, su cabello con rastras,
su piel y cabello estaban llenos de una sustancia rojiza aromática, no usaba
nada para cubrir su pecho solo joyas que adornaban su atuendo.
Parecía no
tener más de 15 años, estaba perdido y no sabía que hacer a continuación.
—¡Uahenisa! —grito a los lejos una mujer negra usando una vestimenta parecida a la del hombre.
“Creo que me
habla a mí” pensó John.
Tjiwone era una
de las mujeres que se encargaba de cuidar a los menores en la aldea, estaba
preocupada porque Uahenisa había desaparecido sin decir nada, ella se alivió al
encontrarla deambulando no muy lejos de los territorios de la tribu.
—Tenemos que hablar muy seriamente joven niña —la regañaba la mujer mayor— no puedes salir sin protección, hay reglas y tradiciones y aunque no te gusten tenemos que seguirla por el favor de Mukuru.
John estaba
impactado, sabía que la mujer no hablaba inglés, pero la entendía
perfectamente. Intento hablar solo para comprobar algo.
—Perdón…
tú. Solo estaba…
—Háblame
por mi nombre te lo he dicho. Soy Tjiwone. Parece que te golpeaste la cabeza y
no recuerdas nada.
John se tapó la
boca. Pensó en hablar en inglés, pero lo que salió de su boca no era nada
parecido a ese idioma. Había perdido su idioma nativo. Ahora era una niña
conocida como Uahenisa atrapada en medio de Africa. Decidió seguirle la
corriente a la mujer en lo que pensaba algo.
—Perdón
Tjiwone, no sé qué paso, pero no recuerdo nada. No se quién soy o donde me
encuentro.
“La vieja
táctica de la amnesia, siempre funciona” pensó John.
Tjiwone dudó,
pero decidió seguirle el juego a la niña. Le explico que su nombre era Uahenisa
y que eran parte de la Tribu OvaHimba. Ella era la encargada de ella y otros
niños. En realidad, muchas de las mujeres de la aldea se encargaban de la
educación de todos los niños. Hablo sobre su dios Mukuru, sobre la jerarquía
social por medio de las joyas que usaban y sobre la vida en la aldea en
general.
“La chica no se
ha distraído ni una sola vez. Puede que si este diciendo la verdad” pensaba Tjiwone.
La mujer le
creía porque la razón por la que Uahenisa escapo era porque habían concertado
su matrimonio con uno de los hombres de la aldea vecina. Era un hombre de 37
años de alta jerarquía. Ella al enterarse corrió muy lejos gritando que era
injusto. Tjiwone estaba triste, pero sabía que era una tradición entre las
mujeres entre 10 y 14 años. Ella ahora tenía 14 años, debía de estar agradecida
por ser escogida al último, no todas tenían esa suerte.
—Bien,
llegamos. Es hora de tomar un baño.
John estaba
exhausto por la caminata descalzo, esperaba poder relajarse en agua caliente,
pero se llevó una sorpresa al ver como en lugar de usar agua usaban humo para limpiar
los malos olores del cuerpo.
Después de eso,
Tjiwone la llevo a una choza para poder peinarla.
—¿Qué es esto? —grito.
—Es otjize,
necesitas usarlo en tu piel y cabello. Ayuda para evitar el calor del sol y
repele los insectos, además que de que le da un aroma bonito a tu piel. Igualmente,
a tu nuevo marido le gusta el tono rojizo del otjize en tu piel.
John entro en
pánico.
“¿Me voy a
casa? Esto va de mal a peor. No aguanto estar aquí ni un minuto más con gente
que no debería de clasificarse como humanos.” Pensaba.
Quiso escapar,
pero en la entrada de la choza estaban dos mujeres cuidando la salida. Después
de su antigua escapada era obvio que tomarían medidas preventivas.
Muy a la fuerza la vistieron con los atuendos ceremoniales, Tjiwone se encargó de llevarla al altar.
Se realizo el
pago de ganado de parte del novio a los padres y a los ancianos y se la
llevaron a su nuevo hogar.
Fue llevada a
su nueva casa y paso ahí el resto del día en medio de celebraciones por la
unión y fortaleza entre todos los clanes de la tribu. John solo contaba los
minutos para terminar el sufrimiento.
—Solo falta
poco, en cuanto regrese a mi cuerpo demandaré a esa empresa. Imagina hacerle
eso a un hombre modelo americano como yo. Mandarlo a vivir en medio de
salvajes.
Pero en cuanto
el plazo se cumplió algo extraño paso, el hombre no regreso a su cuerpo ni a su
tiempo. No sabía ni qué año era, la empresa que creo esos dispositivos no
existía y se encontraba varado en un país desconocido.
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