Primero que nada debo decirles que esta es la entrada numero 50 del blog. ¡Yey! No se en que momento llegamos a tantas publicaciones. Gracias por todo el apoyo hasta el momento.
Ahora, la historia del día de hoy es una de las que más me gusto escribir y no se que tan bien le vaya debido a que no tiene imágenes y trata el cambio desde una perspectiva externa además de no tener casi ningún elemento erótico.
Esta inspirada en una historia que leí hace muchos años, ni siquiera recuerdo si en español o ingles, recuerdo que solo eran uno o dos capítulos pero al leerlo la idea de la continuación de la trama se quedo en mi todo este tiempo aunque con algunos cambios y este año por fin pude escribirla. Fue de las primeras historias que cree después de iniciar el blog. Mejor no los aburro con mis divagaciones, los capítulos son cortitos así que los publicare casi seguidos. Disfruten la lectura.
Parte I
Regreso del trabajo cansado, fue una
larga jornada y simplemente quería llegar tomar una cerveza y pedir algo de
comida rápida porque no tenía ganas de cocinar.
El fin de semana estaba cerca y solo
deseaba descansar, lo que todo hombre normal quiere en la vida, pero al llevar
a mi puerta veo un paquete gigante.
Era una caja de madera que medía casi
dos metros de altura y unos 50 centímetros de ancho. Tenía mi nombre y mi
dirección escritos.
José María Hernández en letras
grandes.
Con todo mi esfuerzo logre llevarla
dentro a mi sala y se quedó ahí en lo que pedía mi comida. Paso tiempo antes de
decidir abrirla.
Mientras me puse a comer y beber
pensando en que había dentro de esa caja, no recordaba haber pedido algo
recientemente y menos algo de tal magnitud.
Pensé en llamar a la policía, si vez
un paquete gigante delante de tu puerta lo primero que piensas es que ahí viene
el cuerpo de alguien y no estaba tan mal encaminado.
Finalmente me decidí, fue por un
cuchillo para romper los sellos de seguridad y quitar la cinta. Fue difícil,
pero al hacerlo abrí la tabla de enfrente y casi me caigo al ver lo que había
enfrente de mí.
Era un cuerpo, uno de verdad. Una
mujer. Y arriba de todo estaba un logo que había olvidado, Industrias Klooni.
Fue entonces que recordé todo, fue
hace 3 años cuando no pasaba por una crisis económica y necesitaba dinero en
seguida, no tenía horas extras en el trabajo y ser repartidor después del
trabajo era agotador y no pagaba bien. Vi un cartel en la calle, de una nueva
empresa tecnológica que buscaba “voluntarios”.
Era un pago único, necesitaban mi ADN,
mi consentimiento y un escaneo de mi cerebro para sus investigaciones. Si todo
salía bien dijeron que me recompensarían más adelante, a mí no me importo,
necesitaba el dinero ahora y lo que recibiera después no me importaba. Es por
eso que lo olvidé, incluso pensé que era una empresa para lavar dinero o algo
así, pero venos aquí tres años después con mi recompensa enfrente de mis ojos.
En medio a la derecha había una
cerradura que se activaba por medio de mi huella dactilar, es raro pues yo
nunca se las proporcione.
No sabía qué hacer con esa
“recompensa” que había recibido, suponía que era una muñeca inflable
hiperrealista que la habían hecho compatible solo para mí. No era esa clase de
persona y pensé en devolverla.
Pero algo dentro de mí quería abrir la
caja para saber la verdad e inconscientemente acerque mi mano a la cerradura y
presione mi pulgar contra el lector de huellas. Un sonido ensordecedor y
después silencio.
La puerta se abrió y lo que sea que
estuviera ahí despertó.
Era una mujer, no era la más sexy del
mundo, pero era bonita. Un buen cuerpo no tan flaco, pero tenía un gran pecho y
unos muslos grandes. Avanzo un poco abriendo y cerrando los ojos, aun
acostumbrase al mundo.
Cuando por fin se pudo poner bien de
pie levanto la mirada y se me quedo viendo unos 3 segundos que se sintieron
como toda una eternidad, había algo en esa mirada que me resultaba familiar.
—¿Qué mierda está sucediendo aquí? —grito la mujer con todas sus fuerzas.
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