lunes, 6 de julio de 2026

Herencia Ancestral (2/2)

Hoy vengo con el final de la historia. Como explique en la anterior parte de la historia intente ser lo más históricamente (y culturalmente) exacto. No estaba seguro si disfrutarían la historia, pero si alguien tiene un comentario, bueno o malo, me gustaría saberlo. Solo así puedo mejorar. Menos blablabla y mejor los dejo con el resto la historia.

Parte Anterior

Parte II

En las tierras desérticas de Africa en el siglo XX, mucho antes de la civilización moderna, antes de llenar la atmosfera de satélites que ensucian el cielo se podía observar el firmamento en su máximo esplendor.

La niña sentada en lo alto de una duna pensando en su vida. Hacía casi 4 años era un hombre americano llamado John, orgulloso de su herencia termino atrapado en este cuerpo y en esta tierra. El tiempo erosiono poco a poco su antigua vida, ahora su nombre era Uahenisa.

Ya ni siquiera se consideraba un “él”, era una “ella”. Su piel rojiza por el otjize hacía resaltar aún más su piel negra natural. El racista dentro de él odiaba cada segundo en ese cuerpo, pero no podía hacer nada para cambiarlo y además tenía otras preocupaciones.

Estaba nerviosa, el día de mañana su esposo la tomaría y se convertiría oficialmente en una mujer completa para el pueblo OvaHimba. Había logrado posponer ese día los últimos 4 años, pero sabía que 18 era el límite. Iba a quedar embarazada lo sabía y no estaba preparada para ello.

Se fue a este lugar alejado de la tribu en la noche no para escapar, porque sabía que era imposible, sino para hablar con Muruku, el Dios de esta tribu. Considerado bondadoso por hombres, mujeres, niños y ancianos por igual pero que requería que tus ancestros intercedieran para poder hablar con él. Uahenisa no tenía a nadie, estaba sola esperando el favor de un dios que no conocía esperando salvación.

—Por favor Muruku te lo pido. Estoy sola suplicando a tus pies. Por favor ayúdame —gritaba a los cuatro vientos.

Una niebla salida de la nada empezó a rodear a la chica, al principio tuvo miedo, pero después entendió que sus suplicas fueron escuchadas.

Puedo observar una hoguera a lo lejos casi imperceptible. Con mucho cuidado camino para acercarse poco a poco hasta poder dar con la entidad que estaba ahí, esperándola.

—Hija mía te estaba esperando —dijo en un perfecto ingles que por alguna razón entendía.

El lenguaje que hablaba era lo que menos le sorprendía, gracias a la luz de la hoguera pudo ver la forma de Muruku, no era un ser omnipotente o espiritual. Era un hombre americano moderno con barba y de unos 37 años. Tenía la misma forma que el cuerpo original de John Miller.

¿Cómo es que…?

—No tengo forma física, nunca me muestro a nadie de la tribu, normalmente me comunico con ellos por medio de sus ancestros, pero hice la excepción contigo. Tome una forma conocida para no asustarte.

La niña/casi mujer se acercó y se sentó junto al fuego sin saber que decir.

—Yo sé que es lo que buscas, pero me gustaría que tu misma lo dijeras —dijo Muruku.

Puedes regresarme a mi cuerpo y a mi tiempo por favor oh gran dios Muruku.

El dios con forma de John se le quedo mirando y después de un suspiro respondió.

—Me gustaría hacerlo, pero no puedo. Esto no fue una maldición o algo mágico fue algo terrenal. Me temo que no puedo hacer mucho por ti. Solo puedo darte mi bendición para que puedas vivir una vida digna de ahora en adelante.

No puedes hacer esto —grito llorando— no soy una mujer negra, por favor quiero ser un hombre blanco de nuevo, devuélveme mi cuerpo.

Para cuando termino la frase la niebla, la hoguera y el dios se habían ido, dejándola sola para afrontar la realidad.

+++++++++++++++++++

Vagando por la aldea iba una mujer caminando con su pequeña cría. Acababan de regresar de los limites con una buena cantidad de agua y leña para la comunidad. Sin embargo, también debía de ordeñar al ganado ese día.

Tenía suerte que Mukaandere y sus amigas hubieran accedido de cuidar a su hijo Kuzovandu. El pequeño niño de 4 años no se quería separar de su madre ni un instante, pero sabía que debía de acostumbrase pues la crianza de los niños era compartida con todas las mujeres de la tribu.

Uahenisa aun no creía que fuese ya una madre, el antiguo hombre blanco era ahora una madre negra joven y no lo cambiaría por nada del mundo.

Hacía ya un año se había divorciado de su marido, en esta tribu era normal el divorcio por lo que en cuanto pudo logro separarse de esa unión. Si iba a vivir como una mujer el resto de su vida entonces viviría como una mujer libre o por lo menos eso creía.

Los primeros días fueron difíciles, pero en la tribu todos la apoyaron incluido su ex marido, había logrado acostumbrarse a sus labores de la aldea. Su cuerpo había cambiado no solo por el tiempo sino por el embarazo. Pero lo raro de eso es que poco a poco lo empezó a considerar su cuerpo real.

Uahenisa pude vivir así el resto de sus días, nada se lo impedía y ese era el plan hasta que conoció a Kazenhoro.

Era un hombre de los otros poblados de unos 30 años, era alto, con la piel más negra que había visto en su vida y con músculos enormes. Al racista dentro de él le dio asco solo de verlo, pero su cuerpo pensaba otra cosa. Se mojo la primera vez que lo vio.

Odiaba admitirlo, pero se tocaba las noches pensando en él. Incluso llego a pelear con otras mujeres por su atención.

Cuando logro entablar una conversación con él se encontró con una persona sumamente lista y llena de conocimiento. Platicaron por horas desde el amanecer hasta el anochecer, lo mismo el día siguiente, y el siguiente después de ese. Cuando se dieron cuenta hablaban todos los días.

Tjiwone quien fue su madrina en su boda ya hacía 8 años un día se le acerco.

¿Cuándo es la boda? —pregunto.

Uahenisa casi se atraganta al escuchar eso.

Sabes que es un semental, si no te apresuras otra mujer de la aldea te lo quitara, incluyéndome.

Sabiendo que esas palabras eran ciertas la mujer uso las pocas mañas que había aprendido para atarlo a su vida.

Una noche lo invito a su choza, Kuzovandu, su hijo, estaba al cuidado de otra mujer por esa noche.

Esa fue la primera de muchas noches en donde hicieron el amor, tierno, duro y sensual. Penetraban duro a Uahenisa y ella gritaba pidiendo por más. Cualquier persona en la aldea no podía dormir al escucharla gemir por las noches.

Tiempo más tarde la noticia que estaba esperando llego. Estaba embarazada.

Uahenisa te amo con toda mi vida. ¿Te casarías conmigo? —fueron las palabras del semental a la mujer color rojizo.

Kazenhoro te amo más que a mi vida. No puedo esperar a pasarla contigo el resto de la eternidad.

Los preparativos fueron rápidos, con una panza de 3 meses de embarazo Uahenisa se volvió a casar una vez más, pero esta vez con un hombre que amaba de verdad.

Tjiwone volvió a ser la dama de honor, su ex marido apoyo con ganado y su hijo fue el encargado de llevar las flores.

La vida era perfecta y no podía ser mejor, aunque quisiera. Atrás quedaba el hombre que alguna vez fue, ahora era una mujer negra de la tribu OvaHimba orgullosa de pertenecer ahí.

 

Epilogo.

Al principio de su nueva vida Uahenisa pensó que era un castigo por ser un hombre racista pero ahora llegando al ocaso de su segundo renacimiento se ha dado cuenta que fue un regalo del universo para poder ver la vida de otra manera.

Con 70 años era la matriarca de la comunidad, la mujer más sabia del lugar y era querida y respetada por todos por igual. Su matrimonio fue frutífero y llego a tener otros 6 hijos más, ahora todos habían crecido y tenido hijos. Era madre, abuela e incluso bisabuela. Ella le enseño a sus hijas sobre como ser una mujer en la tribu, así como Tjiwone se lo enseño a ella hace tantos ayeres.

Vivió felizmente con Kazenhoro hasta que este partió del mundo de los vivos hace 4 rotaciones de sol. Le dolió mucho la perdida e incluso llego a considerar la muerte, pero con el apoyo de su tribu logro sobreponerse.

Este día es el día de su aniversario, el día que renació. Regreso al mismo lugar en el que despertó hace tantos años. Iba sola, quería un momento a solas.

Junto varias ramas para hacer una hoguera y prendió fuego en medio de la noche, las estrellas iluminaban como el primer día. Nunca supo en que año estaba, no sabía si había llegado al “presente”.

Una neblina cubrió poco a poco la hoguera y la rodeo a ella como la ultima vez, pero en lugar de ver a Muruku en su antiguo cuerpo (que ahora apenas recuerda) ve de nuevo a su difunto esposo, Kazenhoro.

Muruku te manda saludos. Dice que se alegra que tengas a alguien que te cuide desde el más allá.

Tan dulce como siempre. Al principio dudé que fuera bondadoso, pero con el tiempo le creí.

Le sorprende que me hayas contado la verdad a mi sobre el antiguo tu.

No iba guardarte un secreto tan importante. Eras mi esposo, tenías que saber la verdad tarde o temprano.

No importa quien fueras, siempre te ame.

Me hubieras amado, aunque fuera un hombre blanco racista.

No creo que esos gemidos que gritabas todas las noches fuera algo quie haría un racista.

Disfrutaron la compañía del otro en silencio un rato más.

¿Ahora qué? —pregunto Uahenisa.

Él te da dos opciones. La primera es regresarte a tu verdadero cuerpo. Dice que ahora es capaz de hacerlo.

Muy tentador, ¿y la otra?

Puedes renacer como una niña de la tribu una vez más.

Parecía una elección difícil, o bueno difícil para John, pero para Uahenisa la respuesta era clara.

Solo espero ser una niña hermosa con la piel más oscura del mundo.

 

FIN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario