sábado, 1 de agosto de 2026

La Sirena (1/2)

Empezamos un nuevo mes lleno de sueños y muchas historias. La primera petición esta aquí después de tanto tiempo. Las ganadoras las elegí porque explicaron y desarrollaron más sus ideas así pude trabajar con un poco más de información y hacerlas más especificas. Perdón por tardar tanto, pero muchas veces tardo en escribir. Espero que les guste, estoy pensando en hacer más entradas con mis pensamientos para que no queden tan largos como la de ayer. Mejor me calló y los dejo con la historia.

Petición de Karina:

"Julio un chico de edad joven no estipulando edades, pues cambia de cuerpo con la sirenita la pelirroja obvio pues en este caso me gustaría más un planteamiento no de la caricatura en sí sino como si fuera una sirenita bella sexy y pelirroja, como la de caricatura pero en la realidad, algo tipo, pues cazaron a la sirenita para algún experimento o por algún motivo cambié de cuerpo con la sirenita obvio que este chichona, tengo unas fotos igual por si las necesitas o quieras sino hacer las propias no hay problema.

Para darte más detalles del asunto, Umm pues quizás, que Julio esté muy obsesionado con poder explorar el mar que siempre ha tenido miedo y en dado caso envidia de la sirenita y desee cazarla y quizás con algún. Invento o algún artilugio mágico cambiar con ella, ojo que no hablaría de un caso hipotético de transformación de cuerpo, sino un intercambio como tal."

Parte I

Julio dudaba en subir al barco, tenía miedo, pero ya había llegado hasta aquí, era el momento por el cual lucho todos estos años.

El olor a mar, la brisa golpeando su rostro y el sonido de las gaviotas le traían amargos recuerdos de su pasado. El odiaba el mar, pero estaba dispuesto a enfrentarlo para hacer frente a sus temores.

Hace muchos años cuando él era tan solo un niño pequeño sus padres lo llevaron a conocer el mar primera vez, era un simple viaje en una embarcación pequeña de no más de 15 personas. Él era muy chico y no recuerda mucho pero aun siente el amor que sus padres le tenían. Una de las noches (la última antes de regresar a tierra firme) en medio de una tormenta algo o alguien golpeo la nave.

Sus padres lo tranquilizaron diciendo que solo era una de las olas golpeando un costado del barco, pero la mirada de su padre decía otra cosa. Mando a su esposa e hijo a quedarse resguardados en su camarote mientras él hombre salió a ayudar a la tripulación.

Fueron minutos que parecieron años para el niño asustado. La madre tuvo un mal presentimiento y escondió a su hijo en uno de los cofres que había por ahí.

—Por nada del mundo vayas a salir, prométemelo —dijo la madre al borde del llanto.

El niño sollozaba, pero se escondió sin hacer ningún ruido.

Minutos después de escucharon golpes más cerca y entonces algo azoto el barco y Julio quedo inconsciente.

En la mañana después del suceso los rescatistas lo encontraron al borde de la muerte, fue un milagro que siguiera con vida. Fue el único superviviente de la embarcación, sus padres murieron esa noche dejándolo solo.

Los oficiales dijeron que el derrumbe del barco de debió a la tormenta y así se dejó en el reporte oficial. Sin embargo, los lugareños tenían otra hipótesis.

—Las sirenas —le decían a la prensa que vino a cubrir el caso— ellas son presagios del desastre. Fueron avistadas días antes de que zarpara el barco. Les dijimos que no salieran, pero ignoraron nuestras advertencias.

—¿Quiere decir que las Sirenas mataron a la tripulación? —pregunto uno de los reporteros.

—No, pero ellas advirtieron que algo mala pasaría esa noche.

El pequeño Julio, aun helado por la tormenta, escuchaba todo desde el fondo. El no entendía lo que había pasado solo que por culpa de las Sirenas había perdido todo lo que amaba y que algún día se vengaría.

El niño creció y creció hasta volverse un hombre recto y derecho. Toda su vida había estudiado sobre el mar y sobre las terribles criaturas mitológicas que le había arrebatado su infancia.

Todos se burlaban de él al crecer, las Sirenas eran un mito y no existían, pero él sabía que eran reales.

Nunca se lo dijo a nadie, pero en medio de la noche, con el barco destrozado y el dentro del cofre pudo vislumbrar una figura humanoide con cola de pez merodeando cerca de ahí.

Su misión era volver a ese lugar y acabar con todas las Sirenas de una vez por todas.

De vuelta al presente Julio dudada en subir al barco. Esa noche aun le traía amargos recuerdo y le había provocado una fobia profunda al mar. Lucho toda su vida contra eso y era irónico que su destino por el cual lucho toda su vida tuviera que ver con el océano.

“Tú puedes” se decía a sí mismo.

—¡Eh niño! Vas a quedarte ahí o vas a subir que no tenemos tu tiempo —grito uno de los tripulantes del barco.

Julio se unió a un grupo cuya misión era buscar y cazar Sirenas. Eran moralmente cuestionables, pero no le importaba con tal de lograr su objetivo. Logro unirse debido a sus conocimientos marítimos pero la mayoría de ellos eran teóricos, no prácticos.

Trago su propia saliva y cerrando sus ojos dio un paso adelante, y después otra hasta que subió al barco.

El embarque zarpo de las costas de Noruega con dirección a las frías aguas del mar Báltico.

El plan inicial era realizar el viaje en verano, pero debido a cuestiones logísticas tuvieron que posponerlo de junio a octubre con el clima más frio y las aguas más peligrosas.

La neblina era constante por las mañanas y la lluvia débil pero frecuente, los vientos hacían difícil estar en la cubierta mucho tiempo así que Julio se la pasaba la mayor parte del tiempo en su camarote.

No podía ver el mar, le traía recuerdos traumáticos estar afuera observando las olas. Se sentía mareado y vomitaba la mayor parte del tiempo. La enfermera estaba cansada de verlo todos los días en consulto y le recomendaba regresar a tierra firme, pero él se negaba, su convicción era más fuerte que su enfermedad. Así siguió durante varios días.

—Tenemos que desviarnos —Julio explicaba mientras sostenía su computadora.

Estaba en medio de la zona de mando platicando con el capitán de la nave. Las condiciones meteorológicas de los últimos días habían empeorado y estaba preocupado por que volviera a suceder el incidente que acabo con sus padres hace ya tantos ayeres.

—Entiendo tu preocupación niño, pero tengo más experiencia en esto que tú. Se ve feo, pero confía en que saldremos de esta, no es nada comparado con lo que he visto navegando por estos lares. Ellas siempre están cerca de la calamidad, si queremos atraparlas debemos de ir al fin del mundo por ellas —gruñía el Capitán.

—No soy un niño. Se de lo que hablo —reprendía Julio esperando que lo escuchara.

Sabía que era una causa perdida, quien confiaría en un chico con fobia al mar en lugar de un capitán curtido en mil batallas.

Se fue a su camarote a dormir, intentando no pensar en la misión suicida en la que se había metido.

A mitad de la noche despertó y fue a la cocina por algo de comer, no había cenado y su estómago requería alimento. El barco estaba en total silencio en oscuridad. Los ecos de sus pasos resonaban.

Saco algo de la cocina y en el camino de regreso a su cama empezó a escuchar algo a lo lejos, un canto débil que venía de la cubierta.

Tenía miedo, los recuerdo vinieron a él de golpe, pero junto el valor para salir afuera y enfrentar la desconocido.

No había nadie ahí, pero el sonido, el canto se escuchaba más fuerte que antes. Camino por el borde buscando el origen del ruido cuando vio en una roca cerca del barco a un ser de aspecto humanoide y con cola de pescado.

Era la mujer más hermosa que había visto en su vida, con un cabello rojizo que se extendía hasta su cadera, unos labios rojos llenos y una mirada que te podía ver el alma. Pero lo que más resaltaba eran sus pechos, enormes y hermosos que eran cubiertos por conchas marinas que daban el aspecto de un sostén. Era la mujer perfecta si no fuera porque del torso para abajo tenía una cola de pez verde llena de escamas.

La Sirena cantaba en un idioma que no conocía, era tan cautivador y hermoso que quedo hipnotizado.

El ser al ver a Julio en cubierta se metió al agua y se acercó al barco poco a poco para no asustarlo, el chico estaba petrificado sin saber si era por miedo o por el cautivador canto de la Sirena.

Del fondo del mar Julio vio como dio un salto y llego a la cubierta junto a él. Al verla más de cerca pude ver que era más chica y tenía una figura de reloj de arena. Sus recuerdos le decían que le odiara, pero su propio cuerpo le decía otra cosa.

—He esperado esto tanto tiempo —escucho decir a la Sirena.

Ella empezó a recitar palabras en un idioma inentendible que él no podía comprender. Esas palabras sumadas a la dulce melodía de su voz hicieron que poco a poco perdiera el conocimiento hasta quedar profundamente dormido.

Unos gritos despertaron a Julio, no entendía lo que estaba pasando, al abrir los ojos pudo ver como toda la tripulación se acerca a él apuntándole con armas de fuego. No entendía lo que pasaba hasta que vio al fondo a él mismo. O a su cuerpo.

Miro hacia abajo y lo único que pudo ver eran dos grandes masas de carne unidas a él. Y no pudo sentir sus pies, era una aleta lo que tenía en su lugar.

—Ella cambio de cuerpo de conmigo —murmuro— ella lo hizo y ahora yo soy la Sirena.