Empezamos un nuevo mes lleno de sueños y muchas historias. La primera petición esta aquí después de tanto tiempo. Las ganadoras las elegí porque explicaron y desarrollaron más sus ideas así pude trabajar con un poco más de información y hacerlas más especificas. Perdón por tardar tanto, pero muchas veces tardo en escribir. Espero que les guste, estoy pensando en hacer más entradas con mis pensamientos para que no queden tan largos como la de ayer. Mejor me calló y los dejo con la historia.
Petición de Karina:
"Julio un chico de edad joven no estipulando edades, pues cambia de cuerpo con la sirenita la pelirroja obvio pues en este caso me gustaría más un planteamiento no de la caricatura en sí sino como si fuera una sirenita bella sexy y pelirroja, como la de caricatura pero en la realidad, algo tipo, pues cazaron a la sirenita para algún experimento o por algún motivo cambié de cuerpo con la sirenita obvio que este chichona, tengo unas fotos igual por si las necesitas o quieras sino hacer las propias no hay problema.
Para darte más detalles del asunto, Umm pues quizás, que Julio esté muy obsesionado con poder explorar el mar que siempre ha tenido miedo y en dado caso envidia de la sirenita y desee cazarla y quizás con algún. Invento o algún artilugio mágico cambiar con ella, ojo que no hablaría de un caso hipotético de transformación de cuerpo, sino un intercambio como tal."
Parte I
Julio dudaba en subir al barco, tenía miedo, pero ya
había llegado hasta aquí, era el momento por el cual lucho todos estos años.
El olor a mar, la brisa golpeando su rostro y el sonido
de las gaviotas le traían amargos recuerdos de su pasado. El odiaba el mar,
pero estaba dispuesto a enfrentarlo para hacer frente a sus temores.
Hace muchos años cuando él era tan solo un niño pequeño
sus padres lo llevaron a conocer el mar primera vez, era un simple viaje en una
embarcación pequeña de no más de 15 personas. Él era muy chico y no recuerda
mucho pero aun siente el amor que sus padres le tenían. Una de las noches (la
última antes de regresar a tierra firme) en medio de una tormenta algo o
alguien golpeo la nave.
Sus padres lo tranquilizaron diciendo que solo era una de
las olas golpeando un costado del barco, pero la mirada de su padre decía otra
cosa. Mando a su esposa e hijo a quedarse resguardados en su camarote mientras
él hombre salió a ayudar a la tripulación.
Fueron minutos que parecieron años para el niño asustado.
La madre tuvo un mal presentimiento y escondió a su hijo en uno de los cofres
que había por ahí.
—Por nada del mundo vayas a salir, prométemelo —dijo la
madre al borde del llanto.
El niño sollozaba, pero se escondió sin hacer ningún
ruido.
Minutos después de escucharon golpes más cerca y entonces
algo azoto el barco y Julio quedo inconsciente.
En la mañana después del suceso los rescatistas lo
encontraron al borde de la muerte, fue un milagro que siguiera con vida. Fue el
único superviviente de la embarcación, sus padres murieron esa noche dejándolo
solo.
Los oficiales
dijeron que el derrumbe del barco de debió a la tormenta y así se dejó en el
reporte oficial. Sin embargo, los lugareños tenían otra hipótesis.
—Las sirenas
—le decían a la prensa que vino a cubrir el caso— ellas son presagios del
desastre. Fueron avistadas días antes de que zarpara el barco. Les dijimos que
no salieran, pero ignoraron nuestras advertencias.
—¿Quiere decir
que las Sirenas mataron a la tripulación? —pregunto uno de los reporteros.
—No, pero ellas
advirtieron que algo mala pasaría esa noche.
El pequeño
Julio, aun helado por la tormenta, escuchaba todo desde el fondo. El no
entendía lo que había pasado solo que por culpa de las Sirenas había perdido
todo lo que amaba y que algún día se vengaría.
El niño creció
y creció hasta volverse un hombre recto y derecho. Toda su vida había estudiado
sobre el mar y sobre las terribles criaturas mitológicas que le había
arrebatado su infancia.
Todos se
burlaban de él al crecer, las Sirenas eran un mito y no existían, pero él sabía
que eran reales.
Nunca se lo
dijo a nadie, pero en medio de la noche, con el barco destrozado y el dentro
del cofre pudo vislumbrar una figura humanoide con cola de pez merodeando cerca
de ahí.
Su misión era
volver a ese lugar y acabar con todas las Sirenas de una vez por todas.
De vuelta al
presente Julio dudada en subir al barco. Esa noche aun le traía amargos
recuerdo y le había provocado una fobia profunda al mar. Lucho toda su vida
contra eso y era irónico que su destino por el cual lucho toda su vida tuviera
que ver con el océano.
“Tú puedes” se
decía a sí mismo.
—¡Eh niño! Vas
a quedarte ahí o vas a subir que no tenemos tu tiempo —grito uno de los
tripulantes del barco.
Julio se unió a
un grupo cuya misión era buscar y cazar Sirenas. Eran moralmente cuestionables,
pero no le importaba con tal de lograr su objetivo. Logro unirse debido a sus
conocimientos marítimos pero la mayoría de ellos eran teóricos, no prácticos.
Trago su propia
saliva y cerrando sus ojos dio un paso adelante, y después otra hasta que subió
al barco.
El embarque
zarpo de las costas de Noruega con dirección a las frías aguas del mar Báltico.
El plan inicial
era realizar el viaje en verano, pero debido a cuestiones logísticas tuvieron
que posponerlo de junio a octubre con el clima más frio y las aguas más
peligrosas.
La neblina era
constante por las mañanas y la lluvia débil pero frecuente, los vientos hacían
difícil estar en la cubierta mucho tiempo así que Julio se la pasaba la mayor
parte del tiempo en su camarote.
No podía ver el
mar, le traía recuerdos traumáticos estar afuera observando las olas. Se sentía
mareado y vomitaba la mayor parte del tiempo. La enfermera estaba cansada de
verlo todos los días en consulto y le recomendaba regresar a tierra firme, pero
él se negaba, su convicción era más fuerte que su enfermedad. Así siguió
durante varios días.
—Tenemos que
desviarnos —Julio explicaba mientras sostenía su computadora.
Estaba en medio
de la zona de mando platicando con el capitán de la nave. Las condiciones
meteorológicas de los últimos días habían empeorado y estaba preocupado por que
volviera a suceder el incidente que acabo con sus padres hace ya tantos ayeres.
—Entiendo tu
preocupación niño, pero tengo más experiencia en esto que tú. Se ve feo, pero
confía en que saldremos de esta, no es nada comparado con lo que he visto navegando
por estos lares. Ellas siempre están cerca de la calamidad, si queremos
atraparlas debemos de ir al fin del mundo por ellas —gruñía el Capitán.
—No soy un
niño. Se de lo que hablo —reprendía Julio esperando que lo escuchara.
Sabía que era
una causa perdida, quien confiaría en un chico con fobia al mar en lugar de un
capitán curtido en mil batallas.
Se fue a su
camarote a dormir, intentando no pensar en la misión suicida en la que se había
metido.
A mitad de la
noche despertó y fue a la cocina por algo de comer, no había cenado y su estómago
requería alimento. El barco estaba en total silencio en oscuridad. Los ecos de
sus pasos resonaban.
Saco algo de la
cocina y en el camino de regreso a su cama empezó a escuchar algo a lo lejos,
un canto débil que venía de la cubierta.
Tenía miedo,
los recuerdo vinieron a él de golpe, pero junto el valor para salir afuera y
enfrentar la desconocido.
No había nadie
ahí, pero el sonido, el canto se escuchaba más fuerte que antes. Camino por el
borde buscando el origen del ruido cuando vio en una roca cerca del barco a un
ser de aspecto humanoide y con cola de pescado.
Era la mujer
más hermosa que había visto en su vida, con un cabello rojizo que se extendía
hasta su cadera, unos labios rojos llenos y una mirada que te podía ver el
alma. Pero lo que más resaltaba eran sus pechos, enormes y hermosos que eran
cubiertos por conchas marinas que daban el aspecto de un sostén. Era la mujer
perfecta si no fuera porque del torso para abajo tenía una cola de pez verde
llena de escamas.
La Sirena
cantaba en un idioma que no conocía, era tan cautivador y hermoso que quedo
hipnotizado.
El ser al ver a
Julio en cubierta se metió al agua y se acercó al barco poco a poco para no
asustarlo, el chico estaba petrificado sin saber si era por miedo o por el
cautivador canto de la Sirena.
Del fondo del
mar Julio vio como dio un salto y llego a la cubierta junto a él. Al verla más
de cerca pude ver que era más chica y tenía una figura de reloj de arena. Sus
recuerdos le decían que le odiara, pero su propio cuerpo le decía otra cosa.
—He esperado
esto tanto tiempo —escucho decir a la Sirena.
Ella empezó a
recitar palabras en un idioma inentendible que él no podía comprender. Esas
palabras sumadas a la dulce melodía de su voz hicieron que poco a poco perdiera
el conocimiento hasta quedar profundamente dormido.
Unos gritos
despertaron a Julio, no entendía lo que estaba pasando, al abrir los ojos pudo
ver como toda la tripulación se acerca a él apuntándole con armas de fuego. No
entendía lo que pasaba hasta que vio al fondo a él mismo. O a su cuerpo.
Miro hacia
abajo y lo único que pudo ver eran dos grandes masas de carne unidas a él. Y no
pudo sentir sus pies, era una aleta lo que tenía en su lugar.
—Ella cambio de
cuerpo de conmigo —murmuro— ella lo hizo y ahora yo soy la Sirena.