Terminamos la primera petición. Gracias por su paciencia, no prometo ser más rápida pero puedo prometer que voy a terminar con todas las peticiones que hicieron. Faltan 2 por terminar (más las otras dos que llegaron después). Los dejo con la conclusión de la historia.
Parte II
Julio estaba
teniendo un ataque de pánico, no entendía nada de lo que estaba pasando y lo
estaba volviendo loco.
Encerrado en
una de las celdas de la embarcación sin poder pedir ayuda, la prisión estaba
insonorizada y lo único que le mantenía con vida en ese momento era la pecera
de agua pues ahora era una sirena.
Sus manos cada
minuto tocaban detrás de sus orejas para sentir las branquias que por medio del
agua le ayudaban a “respirar”.
Después de
cambiar de cuerpo con la Sirena la tripulación lo capturo y lo encerró, si bien
creer en las sirenas era una cosa creer en la magia era otra completamente
diferente. ¿Quién hubiera pensado que un ser mitológico robaría su cuerpo?
Ya con más
calma pudo observar su cuerpo con detenimiento. Sus manos suaves y delicadas,
sus uñas pintadas con algún colorante que las hacía brillar al contacto con el
agua. Su cola escamosa larga y que reflejaba los pocos rayos del cielo nocturno
que llegaban de una ventana pequeña.
El largo
cabello rojo carmesí, cada movimiento de cabeza hacía que se moviera frente a
su cara, sus ojos hermosos que podía verlos cada vez que miraba su nuevo rostro
en el agua. Su mismo rostro era hermoso, como una muñeca tallada con mucho
esmero.
Y la parte más
importante que lo hipnotizo por completo: sus pechos.
Redondos y
grandes, cubiertos por dos conchas marinas. Se las quito para darles un vistazo
más de cerca, pezones rosados y sensibles que le daban una descarga eléctrica
al pellizcarlos.
Pero ni ese
cuerpo de ensueño le hacía olvidar que estaba encerrado.
—Deberías ver
cómo están allá arriba. Es la mayor celebración que he visto, todos están
eufóricos por encontrarte.
Quien hablaba
no era otro que el mismo, la Sirena en su cuerpo.
—¿Qué hiciste?
—exigió el pobre Julio atrapado detrás de una pecera con rejas.
—Toda mi vida
he anhelado la superficie. La cultura humana ha llamado mi atención desde que
tengo memoria. He explorado todos los rincones del mar —hizo una pausa
dramática— pero la tierra, la superficie, es la última frontera para mí. Llena
de misterios desconocidos.
—Eso no te da
derecho a robarme la vida —dijo Julio.
—Mira, no te
escogí por una razón aparente. Solo estuviste en el lugar justo en el momento
equivocado. Ve el lado bueno, por lo menos tienes un cuerpo envidiable. Si
fueras una de mis hermanas si te arrepentirías.
—Ustedes
mataron a mis padres hace tantos años. Vine a matarlas a cada una de ustedes.
No puedes hacerme esto.
—Jajaja. Es muy
irónico. Viniste a destruirnos y ahora eres una de ellas. Toma, te traje algo
de comida, descansa “Sirena” te veo mañana.
Julio
hambriento comió lo que le trajo. Se quedo sollozando en la oscuridad pensando
en su inminente futuro.
Los primeros
rayos de sol entraron por la ventana, el chico -ahora Sirena- despertó al
escuchar la puerta superior abrirse. Su cuerpo regresaba más sonriente que
nunca.
—Ayer hable con
el capitán del barco. En cuando lleguemos al primer puerto me dejaran ahí. Seré
libre por fin y viviré tu vida de ahora en adelante.
—No conoces
nada de mi —intento argumentar Julio.
—Nada que un
poco de magia no pueda arreglar. Esto es un adiós. En la tarde seré un HOMBRE
libre. Sabes yo esperaba obtener el cuerpo de una mujer humana, pero al final
no logre obtenerlo. Es lo malo de ser una sirena, solo atraes a hombres
humanos, lo bueno es que no soy una sirena. Adiós Julieta. O como te quieras
llamar ahora. Disfruta tu vida, o por lo menos lo poca de te queda antes de que
experimenten contigo.
Julio ni
siquiera dijo nada. Su fuerza de voluntad había desaparecido. Ya había aceptado
su destino como una Sirena tetona.
Los días
siguientes siguieron un patrón similar, despertaba en las mañanas y veía el
horizonte por la pequeña ventana del barco, recibía las visitas de un
tripulante joven y exploraba su nuevo cuerpo por las noches.
Poco a poco fue
conociendo al chico que le visitaba para alimentarla y vigilarla. Se llamaba
Pedro. Era más joven que él (que su antigua edad) y estaba fascinado por verla.
—Sabes —dijo el
chico platicando con ella— yo ingrese a esta expedición no para cazar o matar a
alguien de tu especie. Yo quería conocer a una sirena de verdad, ese siempre
fue mi sueño y esta fue la única manera de lograrlo.
Platicaban todo
lo que podían, primero unas cuantas frases al día hasta largas platicas que
duraban horas y horas en donde el tiempo se detenían para ellos dos.
—Te digo la
verdad. No siempre fui una sirena. Antes era un chico igual que tú. La
habitante original de este cuerpo me robo el mío y ahora estoy condenado a
vivir por toda la eternidad como un ser marino.
Obviamente
Pedro no lo creyó a Julieta (como ahora ella se denominaba). Pensó que era una
broma y le siguió la corriendo durante un tiempo hasta que poco a poco le fue
creyendo.
—No puedo creer
que fueras ese chico. Me caías mal, sin ofender —dijo entre bromas— ahora somos
grandes amigos.
—Por lo menos
hubo algo bueno en esa maldición.
—Ellos te van a
entregar a un laboratorio en los Estados Unidos. En unas tres semanas
llegaremos a esa base militar y si te entregan vivirás ahí el resto de tu vida.
—No quiero
vivir encerrada. Ya es lo suficientemente malo vivir en este cuerpo voluptuoso.
Pero no quiero vivir en el mar, tengo miedo. Toda mi vida viví traumado debido
al suceso que destruyo mi familia y ahora estoy condenado a vivir como una de
las creaturas que lo causo.
Cada día que
pasaba Julieta vivía con miedo de llegar al destino del barco. No sabía si era
peor vivir encerrada en un laboratorio siendo un conejillo de indias o ser
arrojada al infinito océano y tener que vivir ahí el resto de sus días.
—Lo he decidido
—le dijo un día a Pedro— vivir en el mar es aterrador, pero es mejor que vivir
encerrado. Por favor, ayúdame a escapar.
Día tras día
usaron cada momento juntos para planear su escape, tenía que ser prefecto pues
en caso de enterarse Pedro sufriría las consecuencias.
—¿Estás
dispuesto a hacer esto por mí? —pregunto Julieta— no quiero que arriesgues tu
vida. Has sido todo para mí y no quisiera que te pasara nada.
— Julieta… —se
detuvo un momento antes de continuar— conocerte, bueno a una sirena, siempre
fue el sueño de mi vida. Puede que no seas una sirena “real” pero nadie merece
vivir encerrado. Daría mi vida por ti.
Apuntaron los
horarios y rutinas de todos los tripulantes de la nave, recolectaron equipo
para ayudarles en el escape y Julieta entreno su nada con su nuevo cuerpo.
“Maldición” se
decía a si mismo durante esos entrenamientos “estos pechos no me dejan moverme
a gusto. Además, esta cola de pescado es super incomoda de mover. No lo
lograré.”
Sin embargo, al
mirar a Pedro esforzarse tanto hacía que no se rindiera y se esforzara por
lograr nadar y superar su miedo.
—¿Qué harás
cuando seas libre? —pregunto una noche Pedro a Julieta acostados uno al lado
del otro con unos barrotes entre ellos.
—No lo sé,
nunca lo he pensado. No puedo regresar a casa, me es imposible vivir en la
superficie así que tendré que vivir en el mar.
—Iré a
visitarte al mar cada que pueda. Para que no te sientas sola. Te lo prometo.
—Gracias, en
verdad aprecio eso, y deja de verme las tetas por favor. Se que son grandes,
pero disimula al menos.
—Lo siento —le
dijo Pedro sonrojado.
Cuando faltaban
pocos días para alcanzar el punto de no retorno decidieron poner en marcha el
plan.
Lo hicieron
durante una noche, la oscuridad les daba una ventaja y muchos de los
tripulantes estaban dormidos. Ese día Pedro tenía que cuidar la prisión de la
sirena por lo que la liberación fue sencilla.
Con mucha
paciencia Pedro ayudo a subir sigilosamente a Julieta desde el sótano por las
escaleras hasta la cubierta. La falta de piernas hacía casi imposible que
lograran subir sin a ver mucho ruido, pero lo lograron.
—A esta hora es
cuando los vigilantes de las torres van al comedor por bebidas. No te separes
de mí, si seguimos derecho podremos llegar a los botes salvavidas y salir de
aquí.
Chico y Sirena
caminaron (y se arrastraron) por la cubierta en dirección a su libertad, pero
el ser humano es impredecible. Una mala comida el día anterior hizo que uno de
los tripulantes tuviera que ir al baño justo a esa hora de la noche.
—¡Está
escapando! —grito desde la otra punta de la cubierta.
En menos de un
minuto todos se despertaron y se alistaron para defender su botín. El camino a
su salvación fue bloqueado.
—Pedro, Pedro,
Pedro… —decía el Capitan— estoy muy decepcionado de ti. Pensé que eras uno de
los nuestros y nos traicionaste por un par de tetas.
—Es inhumano lo
que le vas hacer.
—Niño, ella no
es humana. Es un monstruo de las profundidades. Ella es nuestro boleto de
lotería, nos hará ricos a todos.
—Antes morir
que volver a prisión —dijo Julieta.
—No te queda de
otra muñeca. Somos 30 contra ustedes dos.
Poco a poco los
iban rodeando, dejándoles sin espacio. Pedro tomo su decisión hacía tiempo,
pero al ver que no había salida tuvo que actuar.
—Me sabe mal no
cumplir mi promesa, Julieta no importa quien fuiste o quién eres, te amo por lo
que eres dentro de ti.
Y en un momento
que pareció una vida para ambos la beso, un beso que duro una eternidad.
—Adiós.
Y con todas sus
fuerzas Pedro levanto a Julieta y la lanzo al mar, dejando al chico atrapado a
merced de la tripulación del barco.
—Pedro…
—Corre o nada,
lo que sea.
Hizo lo que
estuvo entrenando todas esas semanas, semanas en donde solo lo hacía por el
esfuerzo que Pedro hizo por ella. Con el corazón destrozado salió nadando lejos
del barco sin mirar atrás. Por qué era lo que él quería que hiciera. Sabiendo
que no lo volvería a ver nunca más.
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
Semanas vagando
por alta mar, sin rumbo fijo y con el espíritu roto.
“Ahora que”
pensaba la sirena.
No tenía un
lugar al que ir. Viviendo con miedo de volver a encontrarse con cualquier
humano. Rodeado por el agua que le causo pesadillas toda su vida. Solo que
ahora el sonido del océano le relajaba.
Cerca de una
chimenea marina se formó una capa de agua capaz de reflejar cualquier cosa,
pudo ver su cuerpo por primera vez.
Era cierto lo
que decían, era linda y entendía porque Pedro quedaba hipnotizado por sus
tetas. Su pelo rojo era muy hermoso y su voz en el agua era cautivadora.
“Nunca entenderé
lo que paso esa noche hace tantos años cuando era un niño, pero ahora por el
recuerdo de todos los que se sacrificaron por mi debo vivir. No es la vida que
quería o el cuerpo que tenía. Es diferente, debo de aprender a vivir como una
Sirena. El mar es inmenso y aterrador, pero ahora es mi hogar. Ayudare a todo
el que encuentre y ojalá que algún día pueda rencontrarme con mis seres
queridos”.
Y así la Julieta salió nadando hacia el horizonte, viviendo su nueva vida como una Sirena.
FIN.
muy buen desenlace para la historia, ojala Pedro y Julieta(Julio) se hubieran quedado juntos, gracias a su sacrificio pudo ser libre
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