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martes, 4 de agosto de 2026

La Sirena (2/2)

Terminamos la primera petición. Gracias por su paciencia, no prometo ser más rápida pero puedo prometer que voy a terminar con todas las peticiones que hicieron. Faltan 2 por terminar (más las otras dos que llegaron después). Los dejo con la conclusión de la historia.

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Parte II

Julio estaba teniendo un ataque de pánico, no entendía nada de lo que estaba pasando y lo estaba volviendo loco.

Encerrado en una de las celdas de la embarcación sin poder pedir ayuda, la prisión estaba insonorizada y lo único que le mantenía con vida en ese momento era la pecera de agua pues ahora era una sirena.

Sus manos cada minuto tocaban detrás de sus orejas para sentir las branquias que por medio del agua le ayudaban a “respirar”.

Después de cambiar de cuerpo con la Sirena la tripulación lo capturo y lo encerró, si bien creer en las sirenas era una cosa creer en la magia era otra completamente diferente. ¿Quién hubiera pensado que un ser mitológico robaría su cuerpo?

Ya con más calma pudo observar su cuerpo con detenimiento. Sus manos suaves y delicadas, sus uñas pintadas con algún colorante que las hacía brillar al contacto con el agua. Su cola escamosa larga y que reflejaba los pocos rayos del cielo nocturno que llegaban de una ventana pequeña.

El largo cabello rojo carmesí, cada movimiento de cabeza hacía que se moviera frente a su cara, sus ojos hermosos que podía verlos cada vez que miraba su nuevo rostro en el agua. Su mismo rostro era hermoso, como una muñeca tallada con mucho esmero.

Y la parte más importante que lo hipnotizo por completo: sus pechos.

Redondos y grandes, cubiertos por dos conchas marinas. Se las quito para darles un vistazo más de cerca, pezones rosados y sensibles que le daban una descarga eléctrica al pellizcarlos.

Pero ni ese cuerpo de ensueño le hacía olvidar que estaba encerrado.

—Deberías ver cómo están allá arriba. Es la mayor celebración que he visto, todos están eufóricos por encontrarte.

Quien hablaba no era otro que el mismo, la Sirena en su cuerpo.

—¿Qué hiciste? —exigió el pobre Julio atrapado detrás de una pecera con rejas.

—Toda mi vida he anhelado la superficie. La cultura humana ha llamado mi atención desde que tengo memoria. He explorado todos los rincones del mar —hizo una pausa dramática— pero la tierra, la superficie, es la última frontera para mí. Llena de misterios desconocidos.

—Eso no te da derecho a robarme la vida —dijo Julio.

—Mira, no te escogí por una razón aparente. Solo estuviste en el lugar justo en el momento equivocado. Ve el lado bueno, por lo menos tienes un cuerpo envidiable. Si fueras una de mis hermanas si te arrepentirías.

—Ustedes mataron a mis padres hace tantos años. Vine a matarlas a cada una de ustedes. No puedes hacerme esto.

—Jajaja. Es muy irónico. Viniste a destruirnos y ahora eres una de ellas. Toma, te traje algo de comida, descansa “Sirena” te veo mañana.

Julio hambriento comió lo que le trajo. Se quedo sollozando en la oscuridad pensando en su inminente futuro.

Los primeros rayos de sol entraron por la ventana, el chico -ahora Sirena- despertó al escuchar la puerta superior abrirse. Su cuerpo regresaba más sonriente que nunca.

—Ayer hable con el capitán del barco. En cuando lleguemos al primer puerto me dejaran ahí. Seré libre por fin y viviré tu vida de ahora en adelante.

—No conoces nada de mi —intento argumentar Julio.

—Nada que un poco de magia no pueda arreglar. Esto es un adiós. En la tarde seré un HOMBRE libre. Sabes yo esperaba obtener el cuerpo de una mujer humana, pero al final no logre obtenerlo. Es lo malo de ser una sirena, solo atraes a hombres humanos, lo bueno es que no soy una sirena. Adiós Julieta. O como te quieras llamar ahora. Disfruta tu vida, o por lo menos lo poca de te queda antes de que experimenten contigo.

Julio ni siquiera dijo nada. Su fuerza de voluntad había desaparecido. Ya había aceptado su destino como una Sirena tetona.

Los días siguientes siguieron un patrón similar, despertaba en las mañanas y veía el horizonte por la pequeña ventana del barco, recibía las visitas de un tripulante joven y exploraba su nuevo cuerpo por las noches.

Poco a poco fue conociendo al chico que le visitaba para alimentarla y vigilarla. Se llamaba Pedro. Era más joven que él (que su antigua edad) y estaba fascinado por verla.

—Sabes —dijo el chico platicando con ella— yo ingrese a esta expedición no para cazar o matar a alguien de tu especie. Yo quería conocer a una sirena de verdad, ese siempre fue mi sueño y esta fue la única manera de lograrlo.

Platicaban todo lo que podían, primero unas cuantas frases al día hasta largas platicas que duraban horas y horas en donde el tiempo se detenían para ellos dos.

—Te digo la verdad. No siempre fui una sirena. Antes era un chico igual que tú. La habitante original de este cuerpo me robo el mío y ahora estoy condenado a vivir por toda la eternidad como un ser marino.

Obviamente Pedro no lo creyó a Julieta (como ahora ella se denominaba). Pensó que era una broma y le siguió la corriendo durante un tiempo hasta que poco a poco le fue creyendo.

—No puedo creer que fueras ese chico. Me caías mal, sin ofender —dijo entre bromas— ahora somos grandes amigos.

—Por lo menos hubo algo bueno en esa maldición.

—Ellos te van a entregar a un laboratorio en los Estados Unidos. En unas tres semanas llegaremos a esa base militar y si te entregan vivirás ahí el resto de tu vida.

—No quiero vivir encerrada. Ya es lo suficientemente malo vivir en este cuerpo voluptuoso. Pero no quiero vivir en el mar, tengo miedo. Toda mi vida viví traumado debido al suceso que destruyo mi familia y ahora estoy condenado a vivir como una de las creaturas que lo causo.

Cada día que pasaba Julieta vivía con miedo de llegar al destino del barco. No sabía si era peor vivir encerrada en un laboratorio siendo un conejillo de indias o ser arrojada al infinito océano y tener que vivir ahí el resto de sus días.

—Lo he decidido —le dijo un día a Pedro— vivir en el mar es aterrador, pero es mejor que vivir encerrado. Por favor, ayúdame a escapar.

Día tras día usaron cada momento juntos para planear su escape, tenía que ser prefecto pues en caso de enterarse Pedro sufriría las consecuencias.

—¿Estás dispuesto a hacer esto por mí? —pregunto Julieta— no quiero que arriesgues tu vida. Has sido todo para mí y no quisiera que te pasara nada.

— Julieta… —se detuvo un momento antes de continuar— conocerte, bueno a una sirena, siempre fue el sueño de mi vida. Puede que no seas una sirena “real” pero nadie merece vivir encerrado. Daría mi vida por ti.

Apuntaron los horarios y rutinas de todos los tripulantes de la nave, recolectaron equipo para ayudarles en el escape y Julieta entreno su nada con su nuevo cuerpo.

“Maldición” se decía a si mismo durante esos entrenamientos “estos pechos no me dejan moverme a gusto. Además, esta cola de pescado es super incomoda de mover. No lo lograré.”

Sin embargo, al mirar a Pedro esforzarse tanto hacía que no se rindiera y se esforzara por lograr nadar y superar su miedo.

—¿Qué harás cuando seas libre? —pregunto una noche Pedro a Julieta acostados uno al lado del otro con unos barrotes entre ellos.

—No lo sé, nunca lo he pensado. No puedo regresar a casa, me es imposible vivir en la superficie así que tendré que vivir en el mar.

—Iré a visitarte al mar cada que pueda. Para que no te sientas sola. Te lo prometo.

—Gracias, en verdad aprecio eso, y deja de verme las tetas por favor. Se que son grandes, pero disimula al menos.

—Lo siento —le dijo Pedro sonrojado.

Cuando faltaban pocos días para alcanzar el punto de no retorno decidieron poner en marcha el plan.

Lo hicieron durante una noche, la oscuridad les daba una ventaja y muchos de los tripulantes estaban dormidos. Ese día Pedro tenía que cuidar la prisión de la sirena por lo que la liberación fue sencilla.

Con mucha paciencia Pedro ayudo a subir sigilosamente a Julieta desde el sótano por las escaleras hasta la cubierta. La falta de piernas hacía casi imposible que lograran subir sin a ver mucho ruido, pero lo lograron.

—A esta hora es cuando los vigilantes de las torres van al comedor por bebidas. No te separes de mí, si seguimos derecho podremos llegar a los botes salvavidas y salir de aquí.

Chico y Sirena caminaron (y se arrastraron) por la cubierta en dirección a su libertad, pero el ser humano es impredecible. Una mala comida el día anterior hizo que uno de los tripulantes tuviera que ir al baño justo a esa hora de la noche.

—¡Está escapando! —grito desde la otra punta de la cubierta.

En menos de un minuto todos se despertaron y se alistaron para defender su botín. El camino a su salvación fue bloqueado.

—Pedro, Pedro, Pedro… —decía el Capitan— estoy muy decepcionado de ti. Pensé que eras uno de los nuestros y nos traicionaste por un par de tetas.

—Es inhumano lo que le vas hacer.

—Niño, ella no es humana. Es un monstruo de las profundidades. Ella es nuestro boleto de lotería, nos hará ricos a todos.

—Antes morir que volver a prisión —dijo Julieta.

—No te queda de otra muñeca. Somos 30 contra ustedes dos.

Poco a poco los iban rodeando, dejándoles sin espacio. Pedro tomo su decisión hacía tiempo, pero al ver que no había salida tuvo que actuar.

—Me sabe mal no cumplir mi promesa, Julieta no importa quien fuiste o quién eres, te amo por lo que eres dentro de ti.

Y en un momento que pareció una vida para ambos la beso, un beso que duro una eternidad.

—Adiós.

Y con todas sus fuerzas Pedro levanto a Julieta y la lanzo al mar, dejando al chico atrapado a merced de la tripulación del barco.

—Pedro…

—Corre o nada, lo que sea.

Hizo lo que estuvo entrenando todas esas semanas, semanas en donde solo lo hacía por el esfuerzo que Pedro hizo por ella. Con el corazón destrozado salió nadando lejos del barco sin mirar atrás. Por qué era lo que él quería que hiciera. Sabiendo que no lo volvería a ver nunca más.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Semanas vagando por alta mar, sin rumbo fijo y con el espíritu roto.

“Ahora que” pensaba la sirena.

No tenía un lugar al que ir. Viviendo con miedo de volver a encontrarse con cualquier humano. Rodeado por el agua que le causo pesadillas toda su vida. Solo que ahora el sonido del océano le relajaba.

Cerca de una chimenea marina se formó una capa de agua capaz de reflejar cualquier cosa, pudo ver su cuerpo por primera vez.

Era cierto lo que decían, era linda y entendía porque Pedro quedaba hipnotizado por sus tetas. Su pelo rojo era muy hermoso y su voz en el agua era cautivadora.

“Nunca entenderé lo que paso esa noche hace tantos años cuando era un niño, pero ahora por el recuerdo de todos los que se sacrificaron por mi debo vivir. No es la vida que quería o el cuerpo que tenía. Es diferente, debo de aprender a vivir como una Sirena. El mar es inmenso y aterrador, pero ahora es mi hogar. Ayudare a todo el que encuentre y ojalá que algún día pueda rencontrarme con mis seres queridos”.

Y así la Julieta salió nadando hacia el horizonte, viviendo su nueva vida como una Sirena.


FIN.

1 comentario:

  1. muy buen desenlace para la historia, ojala Pedro y Julieta(Julio) se hubieran quedado juntos, gracias a su sacrificio pudo ser libre

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