viernes, 14 de agosto de 2026

Vida Resuelta (2/2)

Y con la historia de hoy terminamos con las peticiones ganadoras. Es la primera vez que hago algo como esto y espero que a los ganadores les haya gustado.

Sin embargo, esto no termina aún. Les prometí que las otras peticiones también las haría solo que tendrán que esperar hasta el siguiente mes para verlas realizadas.

No se ustedes pero creo que con cada historia voy mejorando un poco más. Un consejo que me dieron es usar más imágenes para mis historias y lo estoy intentando, paso a paso. 

Hablando de la historia actual mi parte favorita fue el final, no es nada nuevo incluso es cliché pero siempre me gusta ver eso. 

Cada una de las historias fue especial en cierta forma. Con La Sirena me gustó el toque de drama y amor que le di, en Superior un cambio de niño a adulto fue interesante de abordar por primera vez y en esta historia ver el cambio desde fuera sin que el protagonista lo sepa. Aprendí mucho y espero que en siguientes historias lo aborde mejor.

Los dejo por hoy, cuídense y nos vemos hasta la próxima.

Parte Anterior

Parte II

—¿Dónde dejaste esa madre? ¿Dónde dejaste el medallón?

La platica entre mi esposa e hija me despertaba, estaba aún en el sofá. No pude dormir en la cama de la preocupación, seguí ahí en la sala de estar en donde vigilé la entrada a su habitación toda la noche.

—Lo guarde en la maleta de esa morra. No queremos que haya algún accidente. Hay que disfrutar el ultima día de vacaciones antes de regresar a la vida de estas perras.

No entendía lo que estaba escuchando, quería pensar que aún seguía adormilado y no entendía lo que estaban discutiendo. Ellas salieron como si nada y nos fuimos a desayunar. Intente sacar el tema de lo que paso ayer, desde la aparición de esos hombres hasta la cena, pero ellas desviaron el tema en cada ocasión. Las acompañe de compras y después regresamos a la suite del hotel.

—¡Vamos a la playa! —gritaron en cuanto entramos.

Corrieron directo al cuarto y se encerraron para cambiarse.

Fui por alcohol para relajarme un momento, quizás pasar el rato en la playa el ultimo día haría olvidarme de lo de ayer. Tome varios tragos cuando las dos salieron de la habitación. Casi escupí al ver a mi hija.

Erika mi esposa vistió un traje de baño de una pieza, solo que tenía un escote muy pronunciado, a ella no le gustaba mostrar mucho y ya eran dos días seguidos en donde mostraba sus pechos con orgullo.

Pero mi hija era la que me volvió loco. Estaba usando un bikini rosa que mostraba todo su cuerpo. Era algo vulgar para una mujer de su calibre y ni siquiera sabía que tenía algo así en su guardarropa. Esperaba que mi esposa me apoyara en esta.

—No puedes usar eso en la playa. Pareces una cualquiera. Erika, tienes que apoyarme en esta. No puede salir con eso.

—Relájate hombre, es una mujer adulta y quiere presumir su cuerpo. Déjala en paz —decía mi esposa sin poder creerme lo que escuchaba.

—Además fui mi mama la de la idea, lo acabamos de comprar en la ultima tienda. Si tengo un buen cuerpo tengo que presumirlo.

Fue como discutir como una pared, mis dos chicas se pusieron de acuerdo para usar trajes de baño que mostraban de más en lugar de sus trajes bonitos pero conservadores de siempre.

—¿Vamos a ir a la playa o te vas a quedar ahí anciano? —grito mi hija desde la puerta.

No estaba convencido, pero decidí ir a la playa a cuidarlas y vigilarlas. No era posible que de un día para otra hayan cambiado tanto, no creía que ese evento traumático las haya cambiado tanto.

Mientras me puse el bloqueador pude ver que ellas se lo pusieron entre ellas, pero se estaban manoseando no como una madre e hija sino de una manera más sexual, incluso muchas personas se les quedaron viendo.

Mi hija presumió su cuerpo en la playa, camino enfrente de varios hombres y les pidió favores. Con ese cuerpo era la reina del lugar.

Mi esposa se le unió varias veces, mentiría si dijera que no me molestaba eso y se lo hice saber.

—Sabes que para mí eres mi reina, pero me molesta que tu y nuestra hija estén de calienta pollas. Somos una familia de valores, no quiero que digan que tengo dos putas viviendo conmigo.

—Cálmate hombre, si no te gusta te puedes regresar.

Al final del día recogimos nuestras cosas y regresamos a casa. El encargado del hotel nos llevo personalmente al aeropuerto y nos compró boletos de primera clase.

—Por las molestias —nos dijo antes de abordar.

Regresamos un domingo en la mañana, el lunes tenía que reportarme a mi trabajo. Si bien las vacaciones no salieron como esperaba estaba emocionado por esta nueva etapa en mi vida como gerente regional.

—Wow que casa tan grande —dijo Erika.

—Vivimos aquí. Elegimos bien el cambio —dijo Linsy.

Al llegar ambas entraron como si nunca hubieran estado en la casa antes, veían todo con asombro sin poder creérselo.

—Son tres baños —grito una desde el segundo piso.

—Mi armario esta del tamaño de mi antiguo cuarto.

Sabía que algo andaba mal pero no sabía que. ¿Era el trauma?

—Reina —le decía a mi esposa que estaba revisando nuestra alcoba— creo que deberían de ir al psicólogo. No digo que estén locas o algo así pero después de vivir…

—¡Shhh! —me puso un dedo en los labios— mi hija y yo estamos bien. Tu vete a hacer tus cosas y déjanos con lo nuestro.

Fui a bañarme para pensar que hacer a continuación, mi teléfono empezó a sonar, pero era un numero desconocido y lo deje sonar.

Durante la ducha sonó de nuevo, quise salir para ver quien estaba hablando. No contestaba números desconocidos, pero en caso de ser el mismo suponía que debía de ser importante.

Me apuré y antes de abrir la puerta pude escuchar a mi esposa e hija hablar.

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—Como les va en la cárcel putitas —dije Efren al teléfono.

—Por favor regrésenos nuestros cuerpos. Por su culpa nos van a dar varios años de cárcel. Les daremos el dinero que quieran o lo que pidan, pero por favor… —suplico Erika.

—Silencio zorra. Ahora ustedes son los sucios albañiles que tanto menospreciaron. Tenían unos cuerpos de infarto y nunca los aprovecharon —menciono Edgar— ahora soy una señora tetona que le gusta mostrar sus bubis por tragos.

—Deja el cuerpo de mi madre en paz —grito Linsy desde el cuerpo de Efren— juro que les voy a…

—¿Que vas a hacer princesa? —se burlo Efren— desde la cárcel no podrás hacer nada.

—Cuando mi papa se entere…

—Ese hombre es un tonto. No se da cuenta de nada. Piensa que su reina y su princesa están pasando por un shock después de lo que “Edgar y Efren” nos hicieron. No importa como actuemos, el solo se preocupa por nosotras.

—Les ayudaremos a encontrar otros cuerpos, unos mejores que los nuestros. Conozco hombres bien parecidos que pueden robar sin problemas. Solo regrésenme mi cuerpo por favor —suplico Erika.

—Lo siento. El objetivo no era quedarnos con sus cuerpos, los íbamos a usar para obtener cuerpos de hombres mejores, pero después de disfrutar las mieles de ser mujer…

—Mujeres mantenidas con un papi rico no se te olvide —ayudo Efren.

—Mujeres mantenidas si, ahora es imposible salir de estos cuerpos. Tenemos la vida resuelta. Les estamos agradecidas por donarlos. Por lo que veo mi nuevo marido esta saliendo de bañarse. A ustedes no les queda más llamadas desde prisión y además bloquee su número. Despídanse porque es la ultima vez que sabrán de nosotras. Se despiden Erika…

—Y Linsy, bye bye.

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—Y Linsy, bye bye —escuche a mi hija decir al salir de la ducha.

—Reina, princesa. ¿Qué hacen aquí? —pregunto.

—Te estaban llamando, era una estafa. No te preocupes bloquee el número. Todo estará muy bien ahora cariño —dijo mi esposa Erika.

—Te quiero mucho papito —me dice mi hija mientras me abraza.

Ambas sonríen, una sonrisa extraña, y si no las conociera mejor diría que malévola.

—Perdón por actuar extraño cariño. Linsy y yo te prometemos que iremos a terapia. Tu solo sigue como hasta ahora.

—Si papi. Me prestas tu tarjeta, quiero ir al centro comercial a comprar algo con mi mami.

A pesar de lo extraño que se comportaban eran mi familia y las amaba.

—Claro que si amores. El dinero no importa, pueden gastar lo que quieran mientras sean felices. Mientras este aquí tendrá la vida resuelta.

Ellas sonrieron, sabían que siempre estaré ahí para ellas.

 

Epilogo

—Cabron ¿en donde esta? —le grito “Erika” a “Linsy”.

—¿De qué hablas?

—Como que de que hablo. El medallón. ¿Dónde está? —grito como loca Erika.

—Lo dejo detrás del librero ¿por qué?

—Para mantener la fachada de esposa perfecta tuve que tener sexo con ese pendejo. Estoy cansada de estar embarazada. Quiero escapar de esta vida, volver a tener el cuerpo de un hombre.

—Serás pendejo. No recuerdas que no puedes cambiar si tienes un niño en la panza. Lo deje aq… mierda. ¿Dónde quedó? —dijo Linsy.

—Es lo que te pregunte imbécil —grito Erika.

—Despareció —dijo sorprendida Linsy.

—No puede ser. Por tu culpa estoy embarazada.

—No fui yo quien se dejó meter un pene.

—Ni digas nada porque te he oído gritar como puta con tu novio ese —le reclamo la madre.

—Por lo menos nosotros usamos protección.

—Hija de puta.

—Parece que tendré un nuevo hermanito mami —se burló la hija.

—Ni te emociones, le diré a tu papi que te quite la mesada cabrona. Para que aprendas a respetarme.

—Hija de…


FIN.

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