Llegamos a la mitad del camino. En mayo, cuando empecé a escribir historias para el blog hacía cada capitulo de una hoja y media pero conforme escribía más historias me di cuenta que era mejor hacerlos de tres o cuatro. Si esta historia la escribiera hoy solo serían dos partes. Siento que he mejorado un poco mi escritura aunque sigo pensando que me falta mucho para sentir que mi escritura es buena. Es por eso que intento que por lo menos tenga buena ortografía para que no les duela los ojos al leerme. Prometo seguir mejorando para dar una historia a la altura.
Parte III
Los siguientes minutos después de
abrir la caja fueron un caos. La chica dentro de ella se volvió loca y empezó a
gritar y a patear cosas.
—¡¿Quién eres y que me hiciste?!
—¡Voy a llamar a la policía y
demandará a todo el mundo!
—¡Regrésenme mi cuerpo!
Logre calmarla, aunque me costó mucho
trabajo.
—Bien, estas calmada. Cuéntamelo todo.
Y así fue. Al principio pensé que era
una broma, pero poco a poco mi sonrisa se borró de mi rostro.
—Déjame ver si entendí, eres yo.
Recuerdas haber ido a la sede de Industrias Klooni y después despertar aquí.
—Ya te lo dije. Que no entiendes, como
sé que eres yo en primer lugar —grito la chica.
O era la broma más elabora jamás
creada o ella (mejor dicho, yo) tenía la razón, le pregunte cosas que nadie
sabe de mí, cosas que nunca las contaría. Secretos personales, ella los sabía
todos.
—Está bien, te creo. ¿Qué vamos a
hacer? —intentaba mantener la calma.
Ella se levantó y se pudo a mirar la
habitación, todo iba bien hasta que miro el calendario. Lo tomo con sus manos y
se puso a gritar de nuevo.
—Esto no es real. ¡Han pasado 3 años!
¡Estuve fuera por 3 años!
Y volvimos al principio.
Ya con más calmada (o cansada de tanto
gritar) se sentó otra vez. Era raro tratarla y pensar en esa chica como una
“ella”. Ella era yo, o por lo menos una versión más joven de mí mismo. Hasta
podríamos tomar esto como un viaje en el tiempo 3 años al futuro.
—No puede ser. No solo estoy en el
cuerpo de una mujer, sino que perdí años de mi vida por culpa de un mísero
pago.
—No te perdiste de mucho —intento
hacerla sentir mejor— las cosas siguen igual solo que gracias a ti ya no nos
ahogamos en deudas. Ese dinero me (nos) salvo la vida.
—Para ti es fácil decirlo, tu sigues
siendo tú, no cambiaste. Continuaste viviendo mi vida. Yo solo me puse un casco
y al despertar lo perdí todo.
Me levanté y me fui a la caja de donde
ella salió. Detrás había un folder con muchos papeles y documentos importantes.
En ellos detallaban todo sobre
Industrias Klooni, era una empresa de vanguardia. Su proyecto secreto era sobre
“la vida eterna” o algo parecido. Eran lideres en investigación biológica,
química, neurológica y tecnológica. Tenían la capacidad de crear cuerpos,
clones 100% compatibles con el comprador para usarlos como donador de órganos,
algo cuestionable moralmente pero un paso revolucionario hacia el futuro.
Sin embargo, la otra parte de su
proyecto era más interesante. Querían ver si podían trasladar la mente de un
paciente a uno de sus cuerpos clonados. Tardaron años en desarrollar un sistema
que pudiera mapear el cerebro completo, la tecnología que requerían era muy
avanzada que tuvieron que esperar hasta que se crearan maquinas suficientemente
potentes para lograr su objetivo.
Este avance permitiría a la gente
cambiarse a cuerpos más jóvenes, pero no solo eso, sus avances les permiten
modificar el cuerpo del anfitrión, volverlo más joven o viejo, cambiarle la
etnia, el color de piel e incluso hasta el género. Era un proyecto secreto y
este mes lo harían público.
—En que nos metimos —me dije a mi
mismo.
—Entonces esto fue nuestra recompensa,
volverme una mujer —dijo mi yo femenino.
—En realidad esa fue la tuya, a mí
solo me dieron una miseria de dinero.
Y por primera vez en toda la noche
sonrió un poco e hizo un sonido lo más cercano a una risa.
—¿Qué más nos habrán dado? —dijo.
Sacamos el sobre que faltaba, dentro
estaban documentos de identidad para mi nuevo yo femenino completamente
legales. Carnet de identidad, acta de nacimiento, certificados de estudios
hasta el momento del experimento y pasaporte.
—Muy gracioso quien hizo estos
documentos.
Miro el nombre en ellos: María José Hernández. Intento no reírme, el destino es irónico ciertas veces.
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