domingo, 26 de julio de 2026

Yo, mío, mi, mía, mí, mismo (5/6)

Releyendo la historia meses después de escribirla me doy cuenta que es mejor de lo que pensaba. Tal vez el yo que la escribió no es el mismo yo que la esta leyendo ahora. Las cosas cambian le gusten a nuestro protagonista o no.

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Adaptarse a una nueva vida es difícil, no se sí yo podría hacerlo, pero lo gracioso es que me estoy viendo a mí mismo hacerlo.

Vivir con una compañera de cuarto es raro y más si comparte muchos de tus mismos gustos y sabe en lo que estas pensando la mayor parte del tiempo.

Vamos al baño las mismas horas, queremos comer lo mismo y nos peleamos por querer algo al mismo tiempo. Ella y yo somos uno mismo.

Después de algunas semanas consiguió un trabajo, no tan bueno como el mío, pero le daba lo necesario para vivir y hacernos la vida más fácil a los dos.

—No entiendo como las mujeres han soportado años respetando el uniforme cuando es sexista e incómodo.

Una falda, medias y unos zapatos con elevación, no es por ser narcisista, pero me veía sexy usando eso, si yo trabajara ahí miraría de reojo a todas las mujeres que pasaran cerca de mi área de trabajo.

—Se lo que piensas, pero no es cómodo. Me siento como un trofeo que solo sirve para servir café y servir a los hombres.

—Vamos no es tan…

—¿Quieres usarlo y comprobarlo? Lo único bueno es que pagan decente y no esta muy lejos de aquí. Ya que no me quieres prestar el auto…

—Mi auto.

—Nuestro auto recuerda. Yo también trabaje y sude para comprarlo. Es mi bebe.

—Yo fui quien lo hizo, yo soy el yo real no…

Sabía que la había cagado. Se me quedo mirando y después se fue llorando al baño. Intenté sacarla de ahí pero no pude. Paso toda la noche en ese lugar y no pude dormir por el arrepentimiento.

Pasaron varios días antes de que volviera a dirigirme la palabra y aun más para poder conversar con ella normalmente justo como lo hacíamos antes de esa conversación.

—He ido a comprar ropa con una compañera de trabajo —me comento— no me mires así, ella sabe todo. En realidad, toda la oficina lo sabe, lo dije en mi entrevista y el rumor se esparció como pólvora el primer día. Tal es por eso que me contrataron, para generar morbo.

Me sentía incomodo, no quería que las personas supieran eso. Como tal eso no me afectaba directamente, quien sufría toda la discriminación y el morbo era MariJo pero aun así se sentía raro.

—Es raro, tener que usar este tipo de ropa. No es muy diferente a la que he estado usando todo el tiempo aquí, pero esa era la ropa de Rosario, esta ropa yo la escogí (con ayuda). Creo que oficialmente soy una chica a la que le gusta ropa femenina.

Su nuevo guardarropa no era relevador ni algo remotamente parecido, pero no es algo que yo u otro hombre hubiera escogido. No era ropa que un hombre le regalaría a otra mujer, era ropa que una mujer compro para si misma. Era algo pequeño, pero en ese momento supe que, aunque sea un poco ya no éramos la misma persona.

La vi ir y regresar del trabajo, salir y volver con sus nuevas amistades mientras que yo hacía lo mismo con las mías.

Ella por respeto a mi decidió no involucrarse mucho con mis/sus amigos, le dolía no poder volver a verlos, ser cercanos a ellos, pero era raro para todos y me dije que era lo mejor. Así que decidió crear su propia vida fuera del trabajo

—Oye fui por snacks, no íbamos a ver…

—Lo siento, hice planes con Chloé —me dijo— puedes ver el episodio de hoy, mañana me pongo al corriente.

Salió de la casa dejándome solo. No es que no me guste estar solo, pero tener a alguien que me entienda era algo a lo que me había acostumbrado y se había esfumado una vez más.

—Es raro —le comenté a un amigo— éramos como dos gotas de agua hace meses, pero ahora somos completos desconocidos viviendo en la misma casa.

—Las personas cambian, incluso uno mismo. Son los eventos y la compañía lo que nos definen —me decía— pueden ser la misma persona, pero ambos tomaron un rumbo diferente en su vida y eso está bien.

Regresé a casa y fui directo a mi alcoba, habíamos repartido el lugar mitad y mitad, ella había conseguido un colchón barato en oferta así que ya no teníamos que compartir la cama. Su lugar era muy diferente a lo que yo hubiera decorado si fuera mujer.

No era super femenino, pero se notaba que era de una chica, su guardarropa estaba lleno de vestidos, ropa interior, camisas y jeans variados, había creado su propio estilo.

Tal vez mi amigo tenia razón, ya no éramos la misma persona, ahora ella era su propio “yo”. Ya no era José María sino María José no solo en nombre sino en todo su ser.

Y me sentí triste, como si hubiera perdido una parte de mí que no sabía que tenía.


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