jueves, 23 de julio de 2026

Yo, mío, mi, mía, mí, mismo (4/6)

Se que muchas veces critico mis escritos pero es que sé que puedo dar más de mí. Sin embargo el de hoy es una excepción. Creo que es de los pocos escritos del cual me siento bien al leerlo. Ojala les este gustando la historia. Los últimos dos capítulos son más largos y hay una parte que ahora que lo veo en perspectiva no me gusto mucho, pero creo que era necesario para el final que quería. Aún estoy dudando si hacer un cambio a última hora. Cuando lleguemos a esa parte comentaré con más detalle. Mejor me callo y sigamos con la historia.

Parte Anterior

Parte IV

Tuve que convencerla, no quería, en serio no quería, pero logré hacer que tomara un baño. Olía horrible, tal vez por estar dentro de un tubo de ensayo toda su vida.

Verla salir del baño y entrar a mi alcoba por ropa fue muy raro, a pesar de ser mi “gemela” no se parecía mucho a mí, era más parecida a una de mis tías o primas.

—Es muy incómodo usar mi propia ropa con este cuerpo —dijo saliendo de la habitación.

Usaba una de mis playeras favoritas y un pants que le quedaban muy grandes.

—Vamos a tener que comprar ropa que te quede. Sigo sin ser rico, pero veremos que se puede hacer.

Vi en su mirada que se le ocurrió una idea, me conozco a mí mismo es por eso que lo sé, pero después su rostro mostro una preocupación y disgusto que no pudo ocultar.

—¡Aaaaaaah! No que queda de otra, ahora vuelvo.

Volvió a mi habitación y cerró la puerta. Mientras fui a comer un poco de lo había en la nevera, ese paquete arruino todos mis planes. Escuche la puerta abrirse y voltee para mirar y casi me atraganta lo que veo.

—No te burles, mi/tu ropa era muy incómoda y tenía que hacer algo y fue lo único que se me ocurrió.

Ahí estaba yo, usando la ropa de mi exnovia y lo peor de todo es que le quedaba bien.

—Está un poco apretada del pecho, Rosario se moriría de envidia si supiera que tengo los pechos más grandes que ella.

—Como supiste que aún tenía guardada su ropa —le grite.

—Bueno eres yo y pareces que sigues sin tener novia. Lo más seguro es que aun la recuerdes con cariño y no te deshicieras de sus cosas, es lo que yo haría y tú eres yo.

—Sabes que tienes razón, me voy a dormir. Mañana tengo trabajo.

Fui a mi alcoba y cerré la puerta, ver esa ropa me trajo amargos recuerdos.

—Vas a dejar dormir a una chica en el sillón —escuche decirlo riendo.

Decidí ignorarla y me dormí.

El día siguiente me desperté temprano y me fui al trabajo, en la sala ella estaba durmiendo así que traté de no hacer ruido, antes de irme le di un vistazo, pude ver que estuvo llorando toda la noche.

Regrese temprano, pero no había nadie en casa, solo una nota.

“Regreso mañana, tuve que salir a limpiar mi mente.

Pd. Tome un poco de nuestro dinero. Algún día te lo pagaré.”

Fui a dormir temprano, no quería pensar en ella ni en mi ex.

En medio del trabajo recibí un mensaje de un numero desconocido.

“Soy yo (o tu). Es mi nuevo número. Me preguntaba qué quieres de cenar.”

Ya en casa después del trabajo la encontré con la cena, había traído mi comida favorita.

—Soy tu, sabía lo que ibas a querer. Solo te mande el mensaje por cortesía.

La comida era muy buena, del lugar de donde me encanta comprarla.

—¿A dónde fuiste? —le pregunto.

—No sabía que hacer así que decidí ir a ver a mis padres. Lo que paso me hizo darme cuenta que nunca me volverán a ver de la misma manera. Al principio no me creyeron, pensaron que era una mujer loca, pero les mostré la conferencia de prensa que dio Industrias Klooni el día de ayer en la mañana presentando el proyecto a todo el mundo. Lloraron un poco, tanto de tristeza como de felicidad. Madre dijo que siempre quiso una hija.

—Bueno parece que al final la tuvo. Aunque creo que le hubiera gustado tenerla de otra manera.

—Me dieron algo de dinero y de ropa vieja de mis primas que mi tía dejo hace años para venderlas. No pude sacar mucho de ahí, pero si lo suficiente para no preocuparnos por comprar ropa para mí.

Decidí hacer la pregunta que habías estado evadiendo todo este tiempo.

—¿Y ahora qué?

No respondió, yo tampoco. Comimos en silencio un rato.

—Esperaba quedarme contigo un tiempo, buscar un trabajo y rehacer mi vida, supongo.

No le dije nada, yo tampoco sabía qué hacer. Ese plan era tan bueno como cualquier otro así que decidimos seguirlo.

—La cama es mía —le dije.

—También es mi cama, yo también pague por ella. Lo justo es que nos turnemos un día sí y otro no. Tú la usaste dos días así que me toca usarla los dos días siguientes.

—No es justo —le dije.

Nos peleamos por eso un buen rato, pero fue un momento feliz en un mundo de incertidumbre.

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