martes, 27 de octubre de 2026

Sangre en la celda 9 (1/2)

Regresamos con el especial. Uno de los comentarios que recibí me hizo darme cuenta que en realidad hubo muy pocas historias mías sobre estos temas. Creo que voy a dejar de nombrar a estas cosas especiales o mejor, juntar las historias para lanzar las seguidas. No va a cambiar nada, simplemente no se llamaran especiales, no se preocupen.

Dos cosas antes de continuar, el termino "Alcaide" esta bien escrito, es quien maneja la prisión (yo pensaba que era Alcalde) y segundo, no tuve tiempo de poner imágenes, solo puse una así que van a tener que usar su imaginación esta vez.

Sangre en la celda 9

Parte I

Philip Lincoln había sido condenado a cadena perpetua hace un año después de ser encontrado culpable por la corte. Fue un juicio muy rápido, el hombre si aún se podía considerar de esa manera fue acusado de haber matado a más de 10 personas a lo largo de 5 años en pueblos rurales.

Fue uno de los criminales más buscados de la costa Este, lo llamaban el Carnicero del Pueblo, así que cuando por un error de novato fue alcanzado por la policía su juicio se volvió en la sensación de televisión.

El seguimiento a su juicio se volvió el evento televisivo del año y todos lo querían ver muerto.

Su abogado en cambio logro hacer la defensa del siglo, evito la condena de muerte y logro que lo rebajaran a cadena perpetua, lo cual no hacía mucha diferencia pero que hizo que la reputación de Alastar Smith creciera como espuma.

—¿Por qué defendió a ese monstruo? —le preguntaban en televisión nacional.

—Un cliente es un cliente y creo que todos merecen un juicio y una defensa justa —decía Smith a los reporteros.

Lo cierto es que odiaba al hombre y quería que lo condenara a muerte, pero lograr esa hazaña le dio un gran renombre. Por fin sería uno de los mejores abogados del país, era la sensación del momento. No podía esperar los contratos que lograría a partir de ese momento.

Philip fue llevado a la prisión de máxima seguridad de la zona, alejado de toda civilización nadie había escapado nunca de ese lugar. No solo tenían vigilancia 24/7 y cámaras por todas partes. Al estar lejos de cualquier zona habitada los prisioneros quedaban varados en medio del desierto.

Quien lograba burlarlos regresaba despavorido a la prisión, la cruel naturaleza era una gran aliada para mantener a esos hombres presos.

La celda 9 era el hogar de Philip a partir de ese momento y para siempre. Había pasado un mes desde que había entrado a ese lugar y la fama como todo en la vida fue efímera, todos se olvidaron de él y siguieron con el siguiente tema candente.

La vida en prisión no era tan mala para él, toda su vida se la paso de hogar en hogar e incluso de adulto muy pocas veces se quedaba en un solo lugar para echar raíces.

No pertenecía a ningún lugar, era un nómada.

Pero era un tipo duro, los primeros días muchos presos intentaron intimidarlo con amenazas y golpes, pero el hombre era difícil de impresionar y los había dejado en el suelo cuando intentaron golpearlo

Pronto se formó una reputación de hombre fuerte y solitario. Los demás reos le tenían miedo y respeto a partes iguales.

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—Odio trabajar aquí, no podemos matar a todos y asunto arreglado —dijo Gloria, la enfermera del lugar.

Era una mujer de 30 años que odiaba ese lugar. Pero seguía trabajando ahí porque pagaban muy bien.

Su trabajo era sencillo, casi rutinario. Tenía que revisar medicamente a cada reo para ver su salud, tomar muestras de sangre para hacer análisis e impedir que se murieran por las peleas que había todos días.

—Todos quisiéramos eso cariño. Pero la ley está a favor de ellos. Tenemos que darles un trato digno, aunque no lo merezcan —dijo el Alcaide Lawrance.

El hombre de 62 años tampoco estaba de acuerdo con las leyes. Podía entenderlo de las demás prisiones, pero está en la que estaban juntaba a lo peor de lo peor. La escoria de la sociedad. Esos hombres valían más muertos que vivos.

—Lo dejo Alcaide, tengo que atender a 5 pacientes hoy.

El primer paciente de Gloria no fue otro que Philip, ella lo conocía por el circo mediático a su alrededor y lo quería muerto sin haberlo visto ni una vez.

“Una sola inyección mal puesta y moriría. A nadie le importaría un asesino menos en el mundo” pensaba mientras le tomaba la presión y muestras de sangre y orina.

El hombre se le quedaba viendo a la mujer sin ocultarlo lo más mínimo. Gloria se había acostumbrado a que todos los reos la vieran así, todos eran unos cerdos, pero esa mirada de Philip le causaba escalofríos.

Ella era una mujer sexy, ella misma lo sabía. Le gustaba presumir su cuerpo excepto en el trabajo, pero ni el uniforme podía cubrir sus atributos.

“En estos momentos es cuando desearía no ser un bombón” pensaba.

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Philip tenía una misión, escapar y vengarse de todo quien se hubiera burlado de él, sabía que el lugar era muy resguardado y que era imposible escapar por lo medios convencionales, pero él no era alguien normal.

Los pueblos son los lugares donde la magia y la superstición conviven con el día a día, navegando por esos pueblos encontró una manera, un botón de emergencia en caso de que algo como esto pasara alguna vez.

El un ritual, era simple de realizar y con materiales que se podían conseguir en cualquier lugar. Pero era muy peligroso hacerlo, cualquier mínima falla podía desatar algo terrible sobre él.

Espero varios días hasta que reunió los ingredientes necesarios, espero hasta un día de luna llena y con el reloj marcando las 3:33 de la madrugada empezó el ritual.

—¡Agueo Ilisiewun Cartomoyu Biriaku Motolole Kum! —decía con todas sus fuerzas al círculo frente a él.

El viento se detuvo, la temperatura bajo mucho y el sonido desapareció.

El circulo con runas antiguas se ilumino de rojo y rayos salieron del suelo, un remolino se formó en el interior y de un portal de otro mundo un demonio salió para encontrarse cara a cara con el asesino.

—¿Quién osa llamarme a mí? —grito el demonio.

—Philip Lincoln —dijo el hombre sin titubear.

—Y que quieres mortal. Nadie me llama sin pagar el precio.

El demonio miraba al Philip esperando una reacción de miedo, pero el hombre ya no tenía sentimientos en su interior, el deseo de venganza ardía dentro de él.

—Lo sé —por fin respondió— puedes tener mi alma a tu disposición, pero antes me gustaría hacer un trato contigo.

El demonio pensó en lo que acababa de escuchar, en verdad quería condenar al hombre, pero le interesaba mucho lo que tenía que decir.

—Adelante —dijo por fin.

—Quiero venganza, pero requiero tu ayuda. A cambio te daré un suministro de almas hasta que cumpla mi venganza. ¿Qué dices?

El demonio sonrió. 

—Trato hecho. ¿Y qué es lo que deseas?

Philip sonrió, se acercó al demonio y le dijo su petición en voz baja.

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Gloria se despertó temprano ese día, había trabajado mucho el día anterior y seguía cansada, pero ocupaba el dinero.

Su cuerpo le dolía más que de costumbre, no era tan vieja como para tener esos dolores. Al abrir los ojos, noto algo extraño, no estaba en su habitación.

Conocía ese lugar, era una de las celdas de la prisión de donde trabajaba. Entro en pánico, pensaba que la habían metido por error a ese lugar.

Al pararse noto que su cuerpo se movía diferente, llevo sus manos a su pecho y noto que sus tetas habían desaparecido. Sus manos eran grandes, su cabello corto.

Por el reflejo de un charco que se formó por las goteras de la celda puro ver su rostro. Era Philip Lincoln, estaba la celda 9 en el cuerpo del asesino más grande de los últimos tiempos y si ella estaba en ese cuerpo eso quería decir que Philip estaba en el suyo.

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Hacía mucho tiempo que Philip no despertaba en una cama cómoda en una habitación que no oliera a humedad.

No estaba en sus planes tener el cuerpo de una mujer, pero después de formular su plan era el mejor curso de acción.

Esa mañana se tomó el tiempo de explorar su nuevo cuerpo. Toco sus pezones, apretó sus tetas y llevo sus manos a su vagina.

Tenía el cuerpo de una diosa y tenía que verlo todo, sin embargo, no tenía tiempo para eso.

Se puso el uniforme de la mujer, con una placa con su nuevo nombre: Gloria.

Iba directo a la prisión, su plan estaba a punto de iniciar.

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Esa mañana fue la peor en la vida de Gloria, si tener el cuerpo de un hombre no era lo suficientemente malo tener el cuerpo de un asesino era mucho peor.

Nadie se le acercaba, todos le tenían miedo.

“Por lo menos no tengo que interactuar con esa basura” pensaba la mujer.

—Hey tú, asesino. Te hablan de la enfermería —le dijo uno de los guardias.

Gloria fue corriendo a su antiguo lugar de trabajo cuando abrió la puerta quedo petrificada frente a su antiguo cuerpo. Su cuerpo era sexy, ella lo sabía, pero era la primera vez que lo veía desde otro punto de vista. No podía aportar su mirada y se empezó a excitar. Philip no se había puesto sostén y había dejado uno de sus botones abiertos para aumentar el escote de su uniforme.

—Hijo de xxxxx. Devuélveme mi cuerpo —le grito después de agarrarla del cuello.

—Cuidado no le quieres hacer daño a tu cuerpo ¿verdad?

—Como lo hiciste —dijo Gloria después de soltarlo— y porque me haces ver como una puta.

—Todas las mujeres son putas, unas más que otras. Además, deberías de presumir tu cuerpo —decía el asesino— pero volviendo a la importante, si te portas bien te regresaré tu cuerpo. No quiero ser mujer, pero lo necesito para completar unos recados antes de escapar.

—No te saldrás con la tuya monstruo.

—Ah no… —dijo con una sonrisa.

Las sirenas empezaron a sonar por toda la prisión, uno de los guardias entro a la enfermería a escoltar a su celda a quien pensaba era Philip.

—Está bien señorita Gloria —le dijo otro de los guardas a Philip.

—¿Qué paso? —dijo con su mejor actuación de mujer asustada.

—El Alcaide ha muerto en su oficina. Alguien lo mato.

Gloria pudo escuchar la conversación antes de que se llevaran, y por la mirada que le dio Philip supo que él había sido.

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