Hay dos pequeñas cosas de las que quiero hablar, primero, este tipo de entradas "Colección de Historias" son como dice el titulo una recopilación de pequeñas historias que no son lo suficientemente largas como para ser independientes pero tampoco tan cortas como para olvidarlas (aunque en este caso uno de las historias si tiene la longitud suficiente). Se llama volumen 0 porque el volumen 1 lo hice hace meses pero aún no tenía pensando sacarlo, pero debido a que quería traer estas historias tuve que poner el 0.
Segunda cosa de la que quiero comentar, hace unos días me entere que era el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama (se celebra cada año pero muchas veces no presto atención). Y se me ocurrió hacer algo. No sabía si hacer una historia bonita o algo más acorde a la temática del mes (terror), incluso iba a sacar una encuesta pero al final me decidí por hacer ambas, una historia es más grande que la otra, espero no tengan problemas.
Si son mujeres, o tienen una madre, hermana, amiga, etc mayor deberían de comentarle de hacerse los exámenes correspondientes, como prevención. No sé como sentirme al hacer estas historias, si es de mal gusto me pueden decir para eliminarlas. Mi objetivo es concientizar más que nada.
Obviamente no voy a poner imágenes en las historias. Sin otra cosa más que comentar, se despide Mel.
Amor de hijo
Martin se levanta una vez más. Fue una noche difícil en el trabajo, hace su rutina de los últimos meses, se baña, desayuna, se viste, alimenta a sus mascotas y sale directo a su trabajo.
Ha hecho horas extras y tiene mucho dinero guardado, pero necesita más. Dentro de unos días va a gastar más de la mitad de sus ahorros, pero quiere tener un colchón para lo que se viene.
El chico acaba de cumplir 25 años, pero parece un poco más viejo de lo que se ve. Saliendo del trabajo va a ver a su madre, platica un poco con ella y después se despide con un beso para regresar a casa. Esa es su rutina, trabajo, ir con su madre y regresar a casa solo para dormir y repetirlo sin descanso.
Es algo muy duro, se ha querido rendir muchas veces, pero entonces recuerda la promesa que se hizo a si mismo hace tiempo y se levanta para volver a repetir.
Él no siempre fue el chico trabajador que les describo en estos momentos, en realidad hace tan solo unos años era un joven drogadicto que vivía en la calle.
La vida de Martin fue una montaña rusa, creció en los suburbios. Su padre lo abandono incluso antes de que naciera así que fue criado por su madre. Ella trabajaba en dos lugares simplemente para sobrevivir, quería que su hijo tuviera lo que ella nunca tuvo.
Creció como cualquier otro niño de ahí, pobre sí, pero nunca le falto amor. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas como eso.
A los 12 años se juntó con malas amistades, es ahí en donde probo el alcohol por primera vez, era muy joven, pero le gusto. Oculto eso de su madre, ella no tenía por qué saber esa parte de su vida.
Conforme fue creciendo fue cambiando, más y más. A los 16 años probo droga por primera vez en una fiesta, fue por accidente, pero le gusto. Las demás veces no fue un accidente, fue premeditado.
Lo que consumía era caro, por lo que empezó a robar, primero a su madre. Ella seguía trabajando para darle una educación, pero él se gastaba el dinero en sustancias, ella había ahorrado desde que Martin era bebé para su universidad, el chico al enterarse vació la cuenta bancaria para comprar un lote más.
Cuando el dinero de ahí se acabó, el chico empezó a tomar cosas de la casa para venderlas, a veces a menos de la mitad del precio original. Después entró a la habitación de su madre abrió su joyero y tomo algunas cosas de ahí. El anillo que había pertenecido a su familia por generación fue vendido a un precio irrisorio solo para continuar con el vicio de Martin.
Ella nunca le grito o lo regaño, busco ayuda para su hijo. Fue con doctores, psicólogos y lo envió a un centro de rehabilitación, pero nada de eso funciono, era un adicto y nada podía hacer si él no quería.
Cuando no quedaba nada de valor en la casa empezó a robar, primero a personas y después a negocios, un día uno de sus atracos salió mal y fue atrapado por la policía. Lo arrestaron y le cayeron 3 años de cárcel.
Su madre lloró cuando la Juez dio el veredicto, a chico no le importo.
Fueron años duros en ese lugar, logro hacerse contactos que le conseguían droga y siguió con su vicio aun dentro de la cárcel, su madre iba a visitarlo cada que podía, pero él solo la ignoraba, hasta que un día ella llego con cara de haber visto un fantasma.
—Tengo cáncer de mama. Llevo en tratamiento varios meses, pero la cosa no mejora ni empeora.
Ese fue el punto de inflexión para Martin. Se dio cuenta de todo lo que había hecho con su vida y el remordimiento se lo comió vivo.
A partir de ahí formo un plan, iba a cambiar. Él no se merecía esa madre y el amor que ella le dio todos esos años.
Cuando salió de la cárcel a los 21 años era un hombre completamente nuevo y reformado. Le costó mucho trabajo, pero había dejado las drogas, estaba limpió y tenía un plan que estaba a punto de ejecutar.
Costo mucho trabajo y cientos de entrevistas, pero logro obtener un pequeño trabajo como conserje en una compañía. Sus antecedentes penales le hacían que nadie lo quisiera contratar, pero una mujer vio su potencial y le dio una oportunidad.
Trabajo esos años muy duro, escalando posiciones y obteniendo aumentos. Todo para costear el tratamiento de su madre y ahorra el dinero para empezar de nuevo junto con ella.
El tratamiento de su madre continuo, al principio las cosas parecían ir mejorando e incluso durante una visita el medico les dijo que era posible que el cáncer se hubiera eliminado, ellos celebraron y fueron más felices que nunca.
Madre e hijo habían arreglado su lazo que habían perdido hace tantos años, lo malo es que la vida no es una película con un final feliz.
Hace unos meses la madre de Martin se empezó a sentir mal de nuevo, tuvieron que llevarla a urgencias y después de unos estudios su miedo más grande se había hecho realidad: el cáncer de mama había regresado y más fuerte que nunca.
Medicaron a la mujer, hicieron quimioterapias, pero la cosa no mejoraba, un día escucharon una noticia que los rompió a ambos.
—Tiene metástasis. El cáncer se ha extendido y ahora está por todo el cuerpo. Le quedan unos meses de vida.
Martin no se lo tomo bien, lloro toda la noche.
—¡No es posible, todo el tiempo que perdí! En lugar de estar con ella esos años desperdicie mi vida y ahora ella...
Entonces se formó un plan en la cabeza del chico, haría por su madre lo que ella había hecho por él toda su vida.
Y este es el punto donde nos encontramos ahora, él trabajaba sin descanso día y noche solo por dinero hasta que un día cuando su madre estaba más grave y pensaba que estaba a solo días de morir hizo su jugada.
—¿A dónde me llevas? —pregunto la mujer.
Casi no tenía energías, la mayor parte del tiempo ni siquiera estaba en su casa sino en el hospital, había hecho las paces consigo mismo, pero le dolía tener que dejar a su hijo.
—Espera y verás.
Entraron a una clínica, Martin hablo con la recepcionista, la madre no escucho bien lo que conversaron, pero por sus miradas esperaba lo peor. La llevaron junto a su hijo a una sala blanca.
Había dos camillas ahí, la subieron a una de ellas mientras que su hijo se subió a la otra. Conectaron algo en sus cabezas, el personal de ahí estaba moviendo algo en los monitores y estaban esperando la señal.
—Háganlo —dijo Martin.
Pusieron un casco en la cabeza de ambos y la mujer sintió una descarga y un mareo. Cuando se recuperó se dio cuenta que ya no sentía el dolor que la había acompañado todos esos meses.
“Me he curado” pensó muy feliz.
Las enfermeras le quitaron el casco y se sintió mejor que nunca. Le estaban revisando los signos vitales, ella estaba acostumbrándose cuando sintió algo extraño en su entrepierna. Con una de sus manos fue y toca ahí, se dio cuenta que tenía un pene.
El miembro que ahora poseía se pudo duro por el toque de su mano, ella entro en pánico y al voltear casi se desmaya al ver en la otra cama a ella misma.
—¿Que...? —se llevó las manos a la boca al hablar.
Pusieron un espejo frente a ella. Se dio cuenta que ahora estaba en el cuerpo de su hijo, Martin.
Ella corrió a donde estaba su antiguo cuerpo. Estaba demacrado y moribundo. A duras penas se mantenía con vida.
—Martin ¿estás ahí? —le pregunto a su antiguo cuerpo.
Su cara solo pudo asentir.
—Acércate —le dijo su hijo en su cuerpo.
Le costaba hablar, casi susurraba, pero tenía que decirle todo.
—Siempre fui un mal hijo. Desperdicie no solo mi vida sino la tuya también. Todo el esfuerzo que hacías para mí yo lo usaba para fiestas y drogas. Vendí todas tus cosas solo para saciar mi adicción y cuando fui a la cárcel rompí tu corazón. Cuando te diagnosticaron cáncer por primera vez me prometí que iba a cambiar, y lo hice. Quería que estuvieras orgullosa de mí, quería reconstruir nuestra relación, juntos. Pero la vida no siempre es justa. Cuando vi que te quedaban pocos meses de vida tomé una decisión. He ahorrado y trabajado sin descanso todos estos meses solo para pagar por este intercambio. Tengo una gran cantidad de dinero ahorrado en el banco para que construyas la vida que siempre quisiste y además en casa está la joya familiar, después de tantos años la recuperé espero que encuentres el amor y le des un mejor uso que yo. Terminé mis estudios por lo que puedes ir a la universidad que quieras, ahora eres Martin, te amo hijo.
Y sin poder responderle Martin murió en el cuerpo de su madre.
La mujer, ahora hombre, lloro desconsoladamente. Paso semanas de luto, pero después de casi un mes salió de casa.
Sabía que su hijo se sacrificó por ella, él quería que aprovechara su vida y eso iba a hacer, sin olvidar a su hijo que dio todo por ella al final.
FIN.
Trampa
Ramón sabía que no estaba loco, todos lo habían tachado así desde que dijo que estaba siendo vigilado, fue ridiculizado, pero él sabía que era verdad.
No estaba lo loco ¿o sí? Cuando regresaba a su apartamento las cosas estaban fuera de lugar, en las noches escuchaba ruidos y a veces podía ver una sombra a lo lejos que lo seguía a donde quiera que fuera.
No podía ir a la policía, no solo lo tomarían por loco sino, si lo tomaban en serio empezarían a indagar en su vida y descubrirían la verdad sobre él. Nadie podía saberlo, ocurrió hace años, pero si lo averiguaban su vida acabaría.
Cuando hablaba de ello con sus amigos lo tomaban como loco.
—Es igual a la película que vimos la semana pasada —le decían entre bromas cuando les contaba todas las cosas que le sucedían.
En el trabajo podía sentir la mirada de algo cuando iba a la fotocopiadora que estaba al fondo del pasillo. Estaba escondida y casi nunca había nadie por ahí, cuando iba las luces empezaban a parpadear y escuchaba susurros que venían de todos lados pero que se escuchaba como si estuvieran al lado de él, diciéndole palabras al oído.
—Tu rendimiento ha bajado estas últimas semanas. Tienes que tomarte un tiempo libre, mira, la compañía te ofrece una psicóloga especializada en el estrés laboral. Ve a algunas sesiones para ver si mejoras y entonces podrás regresar —le dijo su jefe un día que llegó más cansado de lo habitual.
A pesar de que quererlo al final decidió ir, total, no había nada que perder.
—Así que eres Ramón Lopéz —dijo la mujer mayor.
Romina tenía 56 años, había sido psicóloga especializada en burnout desde hacía años y tenía un convenio con la empresa en donde laboraba Ramón.
—Sí, déjeme contarle todo. No diga nada, no estoy loco. Lo sé.
Y el hombre fue repasando todos los eventos que lo llevaron al estado en que se encontraba actualmente.
Cuando termino la sesión se sintió renovado.
—Podremos trabajar en ello la próxima sesión.
El gustoso acepto. Empezó a ir cada 3 días. Se sentía mejor cada día, incluso recibió un mensaje de su jefe diciéndole que la psicóloga le había mandado los resultados y que podría regresar al trabajo pronto.
Ramón se sentía feliz hablando con ella, le contó sobre su vida, sus amistades y sus rutinas. Romina era buena escuchando y el hombre estaba gustoso de contarle todo sobre él.
Un día la mujer llego tarde a la consulta, era raro porque siempre era puntual.
—La Sra. Smith llegará tarde el día de hoy. Tiene suerte, cancelo a todos sus pacientes excepto a usted. Debe de ser muy afortunado —le dijo la secretaria.
Romita entro tambaleándose al consultorio, apenas podía estar de pie y soltó un suspiro cuando se sentó en la silla.
—¿Está bien? —pregunto Ramón.
—No, pero pronto estaré mejor.
La mujer se acomodó lo mejor que pudo y saco de su bolsa un incienso y lo prendió, el olor poco a poco lleno el lugar, Ramón se sentía un poco mareado.
—Podrías apagarlo, es que...
—Creo que mi tiempo ha llegado, además he aprendido todo lo que quería de ti.
El hombre no entendía de lo que hablaba su psicóloga.
—Todos esos avistamientos, todas esas cosas que te pasaron fui yo, todo ese tiempo. Verás soy una bruja. Hace años tenía una hija que quería mucho. Un día salió con su novio a una cabaña a un lago no muy lejos de aquí. No la volví a ver, la encontraron muerta junto a su novio semanas después. No me fue difícil descubrir quien lo hizo con un poco de magia.
El hombre se tensó, quería escapar y salir corriendo, pero sus extremidades no le funcionaban.
—Quería vengarme y hacerte lo mismo que le hiciste a ella, pero tenía que esperar. Yo te recomendé para el empleo que ahora tienes, yo fui quien sugirió que vinieras aquí para una consulta ¿Y para que te preguntarás? Fácil, estoy muriendo de cáncer de mama. Estoy en etapa terminal y no me queda mucho tiempo.
La boca de Ramón se abría, pero de ahí no salía ningún sonido.
—Tarde algo de tiempo, pero conseguí los ingredientes para hacer un incienso que nos pudiera cambiar de cuerpo. Es lo que estas oliendo en estos momentos.
El chico sintió un mareo y al recuperar su conciencia se dio cuenta que su cuerpo estaba en llamas, tenía un dolor indescriptible. A penas podía mantenerse cuerdo.
—Y ahora soy tu —dijo el nuevo Ramón, parándose y admirando su nuevo cuerpo— que mejor castigo que dejarte mi cuerpo moribundo y que sufras mis últimos momentos de vida.
La nueva Romina solo miraba con ojos suplicantes al nuevo hombre.
—Mañana regresaré a mi trabaja como si nada hubiera pasado. La amable señora Romina ya me dio de alta —le hizo un guiño— y además no puedes decirle a nadie del cambio, lance un pequeño hechizo para no complicar mucho las cosas.
El nuevo hombre se acercó a la puerta.
—Antes de irme quiero que sepas y usaré toda la magia posible para alargar tu vida y puedas sufrir del dolor de mi antiguo cuerpo. Yo estaré en una cena con esa novia mía. Espero que le guste el nuevo yo. Gracias “Romina”, me diste una nueva vida.
Y “Ramón” se fue, dejando a “Romita” al borde del colapso. Esta era su nueva vida, pero puede que no por mucho tiempo.
FIN.

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