miércoles, 7 de octubre de 2026

SRU - La Piedra de Intercambio (1/2)

Tenemos otra historia traducida de Fictionmania. Si bien no es terrorífica ni nada de eso no tiene un final feliz, pero mejor no sigo para no spoilearlos.

Es una historia que me gusta mucho y creo que fue una de las primeras historias que leí en ese sitio, se siente nostálgico volverla a leer y quería compartirla con ustedes.

La dividí en dos partes para que sea más amena de leer y agregue algunas imágenes, no soy fan de ellas pero sirven para adornar la historia. Para quien no lo sepa (como yo) en el golf, el tee es un pequeño soporte o clavija de madera, plástico o goma que se clava en el suelo para elevar la bola de cara al primer golpe de cada hoyo.

Disfruten de la historia que mañana viene la siguiente parte.

SRU: The Swapping Stone

Parte I

—¡No hay forma de que esto funcione! —dijo Greg, mirando a su novia, Kristy, que era muy bonita.

—Vamos, Greg, sí que va a funcionar, y es la única forma en que puedo ganarle a Alice.

—Bueno, para empezar, no debiste haber hecho esa apuesta con ella.

—Oye, tú fuiste quien dijo que solo necesitaba unas cuantas clases de golf y que jugaría como una profesional —lo acusó Kristy— Así que esto es realmente tu culpa. Además, después de que le ganes a Alice, ella tendrá que dejarnos el departamento por el resto del fin de semana, ¡y eso significa que no estará por ahí acosándote durante dos días enteros! Y si esas razones no son suficientes, solo recuerda cuánto odia perder, y tendrá que pasar el fin de semana con su mamá, que es algo que NO quiere hacer.

Greg sacudió la cabeza y se rió entre dientes al oír eso. 

—¿Qué le pasa últimamente? Es decir, normalmente me evita como a la peste. Ahora, cada vez que me doy la vuelta, o me está mirando fijamente o está tratando de hacer algo bueno por mí. Es un poco espeluznante.

Kristy levantó la mano para tocarle un lado de la cara a Greg. 

—Quizás por fin se haya dado cuenta de lo genial que eres.

—Creo que está loca. ¿Por qué vives con ella? —preguntó Greg.

—¡Oye, sé amable! —espetó Kristy, y luego continuó en un tono más suave— Somos mejores amigas desde primer grado y, además, sin ella no podría pagar el alquiler de este lugar ni estudiar a tiempo completo. Solo estoy cansada de perder siempre contra ella. Por favor, hazlo por mí, Greg. 

Al darse cuenta de que no lo había convencido, Kristy se acercó a Greg y le acarició el pecho musculoso con su delicada mano. Al ver que su determinación flaqueaba, se inclinó rozándole los senos contra el brazo mientras se ponía de puntillas y lo besaba en el cuello.

—Por favor —susurró con voz seductora.

Greg bajó la mirada hacia la pequeña rubia, que ya llevaba su atuendo de golf, y supo que acabaría cediendo. 

—Pero el partido empieza a la una de la tarde, ¿tu hora de salida es a qué, al mediodía? Tendré que perderme el partido.

—Te prometo que te lo compensaré esta noche —Esta vez, cuando Kristy besó a Greg, le pasó la mano muy suavemente por su pene, que se endurecía rápidamente.

—Está bien, está bien, lo haré, si es que esa cosa funciona. ¿Dónde dijiste que la compraste?

—En una tienda extraña del centro comercial, llamada Spells-R-Us. Sé que suena falso, pero el mago que me la vendió fue muy convincente.

Kristy le dedicó a Greg una sonrisa pícara y se apresuró a ir hacia su bolsa de golf. Sacó una pequeña bolsa de terciopelo de un bolsillo lateral, que normalmente se usa para guardar pelotas de golf de repuesto, y dejó caer en su mano una piedra negra muy pulida. Greg se acercó para pararse a su lado y poder verla mejor. Kristy le dio la vuelta para que Greg viera que la superficie de la piedra, por lo demás lisa, estaba marcada por una sola runa de aspecto extraño.

—No parece gran cosa.

—El mago dijo que lo único que tenemos que hacer es tocarla al mismo tiempo y nos intercambiaremos los cuerpos —explicó Kristy, extendiéndole la piedra a Greg.

—¿Guardaste el recibo para que te devuelvan el dinero cuando esto no funcione? —Greg se rió y extendió la mano para tocar la piedra. En el instante en que su mano entró en contacto con la superficie lisa, una descarga eléctrica lo atravesó. Luego, parpadeó y se dio cuenta de que estaba mirándose a sí mismo.

—¡Mierda! Funcionó —exclamó Greg, con la voz más aguda de Kristy, y soltó la piedra mientras ella levantaba los brazos para cubrirse los senos. La piedra cayó al piso con un golpe sordo y rodó unos 30 centímetros antes de detenerse junto a la pared.

Kristy trastabilló hacia atrás y tuvo que extender una mano fuerte para agarrarse a la pared y mantener el equilibrio. Por un momento, los dos se quedaron mirándose en estado de shock.

—¡Joder! ¡Esto es lo más raro que he visto en mi vida! —murmuró Kristy, mientras se llevaba la mano entre las piernas para tocar su nuevo apéndice. Luego miró de reojo a la mujer rubia y bajita que se estaba tocando y dijo: —Si no tienes cuidado, vas a demostrar ese viejo dicho de que las rubias se divierten más.

—¿Qué? —dijo Greg, distraído, y luego agregó— ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

Kristy, ignorando el comentario de Greg, se agachó y recogió la piedra; después de asegurarse de que no estuviera dañada, la volvió a guardar en la bolsa morada. Luego metió la bolsa de nuevo en la bolsa de golf. Cuando Kristy se dio la vuelta, vio que Greg se había movido para pararse frente al espejo que colgaba de la pared junto a la puerta. Greg levantó lentamente la mano y se tocó las mejillas suaves con sus delicados dedos. La imagen del rostro atónito de Kristy en el espejo la miraba fijamente mientras ella imitaba los movimientos de Greg. El tiempo pareció detenerse para Greg mientras su mente desconcertada intentaba procesar las señales imposibles que estaba recibiendo.

—¡Esto es tan genial! —exclamó el nuevo hombre.

Greg, ante la exclamación de Kristy, se dio la vuelta y vio que había levantado la mesa de centro y la sostenía sobre su cabeza, con UNA sola mano.

—¡No puedo creer lo fuerte que soy! —Luego, al ver la expresión en el rostro de Greg, Kristy bajó la mesa—. Deberíamos ir al Club, pero primero necesito verificar algo —dijo Kristy, acercándose a Greg. Kristy puso sus dos grandes manos sobre los hombros de Greg para asegurarse de que él le prestara atención.

—¿Verificar qué?

—¿Me dices tu nombre? —preguntó Kristy.

—Ya sabes quién soy —respondió Greg con brusquedad.

—Solo sígueme la corriente y dime tu nombre de verdad.

—Es Kristina Summers. —En cuanto las palabras salieron de la boca de Greg, ella abrió mucho los ojos, sorprendida—. No era eso lo que quería decir, quería decir que mi nombre es Kristina, no, ¡maldición!, soy Kristy y en realidad soy una chica.

Ante esto, una mirada confusa y aterrada se dibujó en el lindo rostro de Greg, y Kristy no pudo evitar reírse. 

—Supongo que el mago no mentía.

—¡¿De qué estás hablando?!

Kristy dejó que él bajara las manos y continuó: 

—Dijo que la piedra perteneció originalmente a un hechicero que la usó para intentar alcanzar la inmortalidad al intercambiarse con cuerpos más jóvenes. Parte de la magia de la piedra del intercambio obliga a quien la usa a asumir la identidad del cuerpo en el que se encuentra.

—¿Qué quieres decir con “asumir la identidad”? —preguntó Greg, con una mirada asustada en su linda cara.

—No lo sé todo, pero por lo que dijo el mago, nos veríamos obligados a actuar como el otro, o al menos como creemos que actúa la otra persona. No fue muy claro en este punto. Sí dijo que ninguno de los dos podría contarle a nadie más sobre el intercambio.

Al oír esto, la piel pálida de Greg se sonrojó de enojo: 

—Deberías haberme dicho eso antes de que nos intercambiáramos. Creo que ya no quiero hacer esto. Volvamos a intercambiarnos.

Kristy se irguió a toda su estatura, sobresaliendo más de un pie por encima de Greg. 

— ¡Ni hablar! ¡Aceptaste hacerlo!».

De repente, Greg se sintió pequeño, débil e intimidado por el gran tamaño y la fuerza de Kristy. En el pasado, Greg siempre había pensado que podía convencer a Kristy de que hiciera lo que él quería. Ahora, Greg se preguntaba si ella no habría estado utilizando su tamaño para coaccionar a Kristy sin darse cuenta.

—Además —continuó Kristy—, no puedo darme el lujo de perder esta apuesta.

—¿No puedes ceder el departamento por el resto del fin de semana? —preguntó Greg.

—Ah, esa no era mi parte de la apuesta. —El rostro anguloso de Kristy se veía contrariado.

—¿Qué tienes que hacer si pierdes? —dijo Greg, cruzándose los brazos debajo del pecho, tal como lo hacía Kristy cuando estaba enojada.

Ante esto, Kristy se dio la vuelta y tomó la bolsa de golf. 

—Déjame llevarla al auto por ti, cariño.

—¡No cambies de tema! —chilló Greg, y dio una patada con su delicado pie—. Quiero saber qué pasa si pierdo.

Kristy se encogió de hombros. —Mira, ya casi tienes el nivel para ser golfista profesional. Si le ganas a Alice, no hay nada de qué preocuparse.

++++++++++++++++++++++++++++++++++

La fresca brisa otoñal jugaba con la cola de caballo de Greg mientras ella observaba a Alice subir al tee. Para cuando Greg y Kristy llegaron al club de campo, Alice ya se había gastado un cubo de pelotas y estaba lista para jugar. Joyce, la elegante madre de Alice, la acompañaba y, como de costumbre, estaban discutiendo. Joyce quería que Alice regresara a casa.

Kristy había agarrado a Greg para darle un beso rápido y le había susurrado: 

—¡Dale una paliza, nena! —Luego se despidió con la mano y se dirigió al bar deportivo en el extremo sur del club de campo.

Ahora Greg observaba a la morena alta y delgada prepararse para golpear su pelota, y se sentía un poco preocupado. No por el juego, sino por su reacción al besar su antiguo cuerpo. Se había derretido, por así decirlo, en los brazos de Kristy, con el rostro sonrojado y el corazón acelerado. Kristy había dicho que la magia las obligaría a actuar como la otra; ¿significaba eso que ahora se sentía atraída por los hombres?

TING

El sonido del palo de Alice al golpear suavemente la pelota devolvió la atención de Greg al presente. 

—Buen golpe —dijo Joyce.

Greg observó cómo la pelota volaba en línea recta para caer limpiamente en la calle. Greg miró de reojo a la mamá de Alice sintiéndose un poco molesto. Kristy no le había dicho que Joyce también jugaría. Greg sabía que Kristy era muy amiga de Joyce, ya que ella y Alice habían crecido a un par de cuadras de distancia, y le preocupaba un poco que dijera o hiciera algo que delatara su identidad.

—Te voy a dar una paliza, Kristy —se rió Alice.

—Vamos, Alice, no hay razón para ser tan competitiva —dijo Joyce mientras se acercaba para dar su golpe.

“No si yo tengo algo que decir al respecto” pensó Greg. Deseando haber tenido tiempo de golpear un cubo de pelotas, Greg observó cómo Joyce lanzaba un tiro raso que rozó la superficie del césped y, de hecho, superó en distancia al de Alice. Una vez que Joyce se alejó del tee, Greg colocó su primer tiro en el tee.

“Muy bien, suave y tranquilo” pensó Greg “deja que el palo haga el trabajo” Incluso al momento de impactar la pelota, Greg supo que sería un tiro terrible. Se estaba adaptando rápidamente al cuerpo de Kristy, pero aún no se sentía del todo natural. El movimiento de sus senos al balancear el palo la distraía, y sus brazos más cortos la habían desestabilizado. La pelota saltó del tee y se desvió hacia los árboles junto a la calle.

—No está tan mal, para ti, Kristy —sonrió Alice—. ¿Quieres aprovechar tu mulligan ahora?

Greg se tragó la réplica y dijo con la mayor dulzura que pudo: 

—Todavía no, gracias.

Para cuando Greg llegó al séptimo hoyo, ya empezaba a preocuparse. Solo llevaba un par de horas en el cuerpo de Kristy y aún no se había acostumbrado. 

«¿En qué estaba pensando Kristy al intercambiarse conmigo a última hora así?», se preguntó Greg. Estaba cinco golpes detrás de Alice y tenía suerte de estar tan cerca. De hecho, había empatado con Alice en los dos últimos hoyos. Ambas iban detrás de Joyce, quien parecía felizmente ajena a la competitividad de las dos mujeres más jóvenes.

Como aún no había ganado ningún hoyo, Greg volvía a observar a Joyce y luego a Alice mientras daban el golpe de salida. Alice tenía buena técnica y un swing fluido que hacía que la pelota volara por la calle. Su complexión alta y atlética le permitía generar una buena velocidad con el palo, lo que significaba que sus golpes de salida alcanzaban más distancia que los de Greg.

Alice siempre había sido una «marimacho» y se le daban muy bien los deportes, recordó Greg, sintiéndose ansioso. Greg sabía que todavía se estaba adaptando al cuerpo de Kristy, que no era ni de lejos tan atlético como el de Alice. «Mierda, a este paso tendré suerte si gano», pensó Greg. Greg no pudo evitar admirar el cuerpo de Alice mientras ella se agachaba para recoger su tee. 

«Quizá la nariz de Alice sea un poco grande y casi no tenga tetas, ¡pero sus piernas y su trasero no tienen nada de qué quejarse!». Aun mientras esos pensamientos flotaban en la mente confusa de Greg, se dio cuenta de que Alice no le atraía en lo más mínimo. Era más bien un reconocimiento de que su amiga tenía un cuerpo muy en forma. Nada más.

Esta vez Greg le dio bien a la pelota y, a pesar de no alcanzar tanta distancia como Alice, ganó el hoyo. 

—¡Ja! ¡Y comienza la remontada! —dijo Greg burlándose suavemente de Alice.

—Esas clases de las que hablabas deben haber dado resultado, Kristy —asintió Alice, mientras empujaban sus carritos hacia el siguiente hoyo—. Ese golpe que metiste fue increíble. Pero igual voy a ganar.

—Gracias —respondió Greg—. ¡Más te vale tener cuidado, porque ahora solo voy cuatro abajo!

Al darse cuenta de que no podría superar a Alice en el drive, Greg se concentró en su juego corto y ganó los siguientes dos hoyos, cerrando los primeros nueve con una desventaja de dos golpes.

—Bueno, chicas, aquí es donde voy a tener que dejarlas —dijo Joyce, y luego le sonrió ampliamente a Alice—. Tengo que hacer algunos mandados y luego prepararé lasaña para la cena. Por favor, llega a casa a las seis, cariño. Tu papá y yo estamos ansiosos por tenerte en casa esta noche».

Después de que Joyce y Alice se despidieran, Greg miró a Alice. 

—Pensé que pasarías la noche con tus papás si yo ganaba, ¿estás admitiendo la derrota?

Al oír eso, Alice se rió. 

—Por supuesto que no. ¡Pienso ganar! Pero hace mucho que no me quedo a dormir en casa de mis papás, y ya sabes que mamá siempre está insistiendo para que vaya. Pensé que esto la haría feliz y que así me dejaría en paz por un rato.

Greg, un poco confundido, dijo:

—Tomemos un breve descanso antes de empezar los últimos nueve hoyos. Me gustaría ver cómo le va a Greg.

—Claro, me vendría bien un poco de agua y algo para comer. ¿Dónde está Greg? Podría haber jugado con nosotros.

—Ah, quería ver un partido de fútbol americano tonto. Las palabras salieron de su boca antes de que Greg se diera cuenta de que las había dicho. 

«¿Por qué llamé tonto al fútbol americano?», se preguntó Greg.

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