lunes, 29 de junio de 2026

So Puta

La última historia del mes y también la ultima historia del Especial del Orgullo. Seguía la letra Q de queer pero sinceramente no se me ocurrió nada así que decidí escribir usa historia sobre Crossdressing o algo parecido. Es una idea que desde hace años había querido hacer y por fin se dio. Si bien ya se acabo el mes de vez en cuando voy a escribir historias que toquen estos temas. Espero que como yo hayan disfrutado este especial y sin hacerles perder más el tiempo disfruten la historia.


So Puta

—Puta, puta, puta, puta.

Esas palabras se quedaron en mi cabeza grabadas todo el día, en la noche soñé con ellas y al despertar seguían ahí.

Estaba en clase, el maestro había salido e intentaba tomar las notas que dejo escritas en el pizarrón. Estaba lejos de mis amigos, quería que el tiempo pasara volando para regresar a mi casa.

Sin querer empecé a escuchar la conversación de unas compañeras detrás de mí, eran las chicas populares mientras que yo era una más.

—Eres una puta Fabiola —una de las chicas— pero no la más puta de nosotras.

Escuche como ella el fin de semana pasado fue con su novio y el amigo de su novio a una fiesta y después de ahí se fueron a un motel a tener sexo.

—Me encanto, fue mi primera vez en un trio, pero no la última.

Todas las chicas se rieron. Su conversación me cautivo, yo aun era virgen y escuchar eso me puso caliente.

Mi error fue voltear muchas veces mientras seguían conversando hasta que una de ellas me atrapo. Se movió más cerca de mí y siguió platicando con sus amigas, pero ahora lo decía sabiendo que yo escuchaba y parece que ella quería eso.

—So puta —me susurro al oído.

No levante mi mirada. La chica, llamada Julissa, me hablaba de manera calmada a mi oído. Cuidando su tono de voz, evitando a chismosos indiscretos.

—¿Te gusto no es así? Aquí todas somos así, y estoy segura que tu eres una de nosotras. Yo lo sé.

Sonó la campana, tomé mis cosas y salí corriendo de ahí.

Evite sentarme cerca de ella todo el día, regrese a mi casa, pero esas palabras que me dijo me persiguieron todo el día.

El día siguiente el maestro falto a clases, dejo algunas actividades para realizar que revisaría el día siguiente. Estaba concentrado resolviendo los ejercicios cuando una voz salió de la nada.

—So puta. ¿Has pensado en lo que hablamos ayer?

Era Julissa. Se había movido hasta mi lugar para encontrarme, para hablar conmigo.

—No se de que me hablas —le dije.

No quería verla a los ojos, con solo recordar lo que pasó ayer me excitaba.

—No puedes negarlo, estabas hipnotizado por nuestras historias, quieres ser una de nosotras. Tu boca puede decir palabras, pero tu erección el día de ayer decía la verdad.

Iba a decir algo, pero al voltear y verla a los ojos me quede en blanco.

—Shhhhh —dijo poniendo un dedo en mi boca— no hace falta más. Toma esta memoria, escucha con atención y mañana me respondes.

Se fue dejándome solo con mis pensamientos.

El día fue más largo que ayer, la intriga me mataba y cuando llegué a mi casa en lugar de comer o hacer la tarea fui a mi cuarto a reproducir el USB que me había dado. Era un audio de 20 minutos. Sin más lo reproduje.

—So puta, hola Yahir se que estas escuchando esto. Me prendió saber que tú eres como yo. Quiero hablarte sobre lo que me contó Fabiola ayer. Ella salió con su novio, estaba usando una falda muy corta cuando fueron al cine. El lugar estaba vacío, pero ella decidido sentarse encima de él. A mitad de la película sabía que le faltaba algo así que levanto su minifalda y bajo el cierre del pantalón de novio y metió su pene dentro de ella. Así de simple, quería sentirse llena, nosotras anhelamos sentir algo dentro sino no nos sentimos completas. No tuvieron sexo ahí ni siquiera tuvieron un orgasmo. Solo era una puta a la que le faltaba su complemento.

Me masturbe escuchando su historia, su voz, pero sobre todo su relato se me hacía super caliente. Me vine varias veces, y volví a escuchar el relato muchas veces más.

—Te gusto —fue lo que me dijo en la fila de la cafetería— yo sé que sí. No es necesario que me lo agradezcas.

—Toma tu memoria —le dije entregándole su USB.

La recogió y de su mochila saco una pequeña bolsa.

—Mañana sin falta —y se fue dejándome solo en la fila una vez más.

En mi cuarto a la luz de la noche abrí la bolsa que me dio la cual había guardado como un preciado tesoro todo este tiempo. Eran 5 juegos de ropa interior (bragas y sostenes), de colores rosa, amarillo, azul cielo y demás colores pastel muy femeninas con un moñito enfrente y una nota.

—Mañana quiero que las uses. So puta.

Esa frase se estaba volviendo mi mantra.

Caminando solo por los pasillos de la escuela me dirigía al baño, ere día hacía mucho calor y me acababa de quitar el suéter del uniforme antes de salir cuando sentí que alguien agarro mi sostén por atrás y soltó el resorte, entre en pánico hasta voltear y ver a Julissa.

—Sin tu feo suéter se te ve el sostén. Me gusta que te guste presumir —su mano fue y jalo mis pantalones hacia abajo, no suelo usar cinturón así que se bajaron y pudo ver las bragas que estaba usando— me gusta que combine. Sabía que eras una de nosotras.

Se fue y yo regrese corriendo al salón por mi suéter, prefería morirme de calor antes que descubrieran mi secreto.

Mis amigos se fueron a jugar fútbol a la cancha, yo no podía cualquier paso en falso, un forcejeo y se darían cuenta de mi sostén.

—Dame tu mano —dijo Julissa saliendo de la nada.

Le hice caso, me llevo con sus amigas. Me senté junto con ellas y como si fuera lo más normal del mundo empezaron a pintarme las uñas.

—Todo el mundo lo hace, incluso los hombres —dijo Juli.

—Lo hago con mi novio todo el tiempo —mencionó Fabiola.

Mientras todos los chicos estaban haciendo deporte jugando futbol o basquetbol yo estaba con las putas pintándome las uñas, lo peor, no creía que desentonara.

Aunque trate de ocultarlo mis amigos me acabaron descubriendo.

—Bonitas uñas princesa —dijeron.

Las chicas por otro lado me elogiaron.

—Eres muy valiente. Ojalá todos los hombres no tuvieran la masculinidad frágil y fueran igual a ti —decían.

—Toma, creo que estas listo. Es hora de aumentar el nivel —dijo Julissa.

Eran muchos babydolls para usar en casa y lo que me sorprendió, tangas de las más diminutas que había.

—Mis amigas y yo usamos esto todos los días, nos hace sentir empoderadas —y mientras nadie veía levanto la falda y pude confirmar que era verdad

—So puta —me repetí a mi mismo en la mañana antes de salir de mi casa.

El hilo de la tanga se hundía en mi trasero, eso me excito todo el camino. Al agacharme pude ver como una chica de otro salón se me quedo viendo y en sus ojos pude ver que sabía lo que estaba usando.

Mi caminar cambio un poco, la tanga me hacía caminar con más delicadeza, de manera mas femenina. Los otros chicos no lo notaron, pero todas las chicas de mi clase lo hicieron.

Lavar mi ropa interior fue un reto, logre ocultarlo varios días, pero eventualmente mi mama me descubrió. No sabía que inventar.

—Eres mi hijo y te apoyo en todo —fue lo que dijo.

El día siguiente cuando regrese de la escuela ella estaba en la sala con un uniforme femenino, con falda y medias

—Creo que es hora que muestres tu verdadero yo al mundo.

Quería resistir, pero no quería quedar como un pervertido así que decidí seguir con su juego, un juego que cada vez parecía más real.

Llegue a la escuela vestido como niña, mi madre les había avisado a todos los maestros del cambio, algunos lo tomaron bien y otros no tanto. El problema fue enfrentarme con todos mis compañeros.

—Así que ahora eres una chica.

—Siempre lo supe, eras muy femenino.

—Todo el mundo sabía que eras un maricón.

—Te vi usando sostén la semana pasada, la verdad ni me sorprende.

—Que bien que hayas sido tan valiente para mostrarte tal y como eres.

Fueron de las coas que me dijeron al llegar al salón de clases.

Sabiendo cual era mi destino fui y me senté junto con Julissa y sus amigas.

—Al fin aceptas el destino como una de nosotras. No pensé que te unirías tan rápido, y para ser tu primer día como chica llevas la falda más corta que ninguna de nosotras. En verdad eres una puta. So puta.

Me sonroje era verdad, el corto de la falda lo elegí yo, de manera consciente o inconsciente había sellado mi destino. Tal y como debía ser.

—Mañana vamos a hacer una fiesta de piyamas en casa de Fabiola, debes de venir. Aquí está la dirección.

El día siguiente en la noche fui obediente a mi primera salida de chicas.

Lleve el babydoll que Juli me regalo, mi sorpresa llego cuando ellas estaban usando un piyama normal.

—Que exhibicionista —decía una de las chicas.

—Debo de cuidarme sino me robará mi novio —dijo otra.

Fui su muñeca esa noche, me pintaron el pelo, me maquillaron y me depilaron el cuerpo.

—Con razón quiere ser una chica, el tamaño de su pene es muy pequeño.

—En realidad es tamaño medio, mi novio es un poco más pequeño —dijo Fabiola.

—Bueno lo siento por ti chica. A mi me gustan grandes y parece que a nuestra nueva amiga también.

—Me sonroje y mi pene se levantó.

—Ese si es un buen tamaño. Y dime, ¿Cuál es tu nombre de chica? —me preguntaron.

No lo sabía, no lo había pensado hasta ese momento, pero decidí un nombre honrando a la persona que me había llevado a este camino.

—Melissa. Mi nuevo nombre es Melissa.

—Bueno Melissa… —dijo Julissa— es hora de que aprendas a ser una puta de verdad.

Fue a la habitación de Fabiola y saco de ahí ropa reveladora y consoladores muy grandes.

—Vamos a práctica. La clase Puta 101 inicia hoy. Tienes mucho que aprender para llegar a ser igual de buena que nosotras.

Me pintaron en cabello de rubio, me pusieron un pintalabios que simula el botox y me dieron un micro bikini. Yo no me queje en ningún momento.

—Una chica debe saber complacer a su hombre. Debes de aprender a hacer garganta profunda, vamos.

Chupar un consolador parece sencillo, excepto cuando mide 30 centímetros y tiene el grosor de un pepino gigante.

—Wow, lo domina rápido. A mi me tomo dos días aprender esa técnica.

Me sentí orgullosa, el truco esta en la respiración, en cuanto lo dominas puedes chupar lo que quieras hasta el fondo.

—Ahora de cuclillas. Baja hasta meterlo todo hasta el fondo.

Pusieron el consolador en el piso con lubricante y tuve que introducirlo dentro de mí. Haciendo sentadillas para poder meterlo y sacarlo.

—Uno dos, uno dos, uno dos, uno dos…

Sentí dolor al principio y casi lo dejo, pero Juli no me dejo.

—Una puta nunca se rinde.

“So puta” pensé.

Cerré los ojos y pensé en uno de mis amigos. Recuerdo un día que nos cambiamos en los vestidores pude verlo desnudo, recordé la forma y tamaño de su pene. Así es como creció mi erección y sentí una excitación enorme.

Empecé a saltar más fuerte, abrí mis nalgas y empecé a gemir, entonces sentí una sensación extraña, como de querer orinar. No lo supe en ese momento, pero estaba llegando a mi primer orgasmo prostático.

Seguí sin parar mientras las chicas son una sonrisa seguían viéndome, una de ellas incluso empezó a grabar son su celular, a mi ya no me importaba eso. Solo importaba el placer que estaba experimentando y después de unos momentos llego mi recompensa, algo un líquido salió de mi pene, pero no me detuve hasta quedar satisfecho.

Llene todo el cuarto de semen. Incluso llegue a salpicar a una de las chicas, sin embargo, no le importo y lo lamió.

—Has pasado la prueba física con éxito. Es hora de que aprendas la teoría.

Julissa saco un pizarrón y toda se pusieron alrededor de ella para escuchar su ponencia como si fuera una eminencia en la materia.

—Muchos dicen que una puta debe ser sumisa y una fácil pero no hay nada más lejos de la realidad —decía lentamente mirándome de vez en cuando— una puta en realidad siempre esta en control de la situación.

Las chicas y yo estábamos calladas escuchando cada una de sus palabras.

—Los hombres piensan que se acuestan y juegan con una, pero es todo lo contrario, una puta no se acuesta con cualquiera, una puta de verdad manipula para que el hombre crea que él está al mando. Si yo me quiero acostar con alguien él debe de creer que él me esta llevando a la cama no al revés. ¿Entendido?

—¡Si maestra! —gritamos todas.

—Es hora de la diversión chicas.

Sacaron una caja con más consoladores y nos pusimos a jugar con ellos.

“Llego la hora de tu graduación. Sabes lo que tienes que hacer. Si tienes miedo solo recuerda mis palabras: So puta”

Fue lo que me dijo Julissa después de la pijamada.

Estuve practicando toda la semana lo que aprendí en esas clases, incluso Fabiola me regalo uno de sus consoladores favoritos, el viernes estaba lista.

Modifique mi uniforme escolar al límite de lo permitido, la falda que apenas cubría mi tanga, mi blusa lo suficiente transparente para que se viera mi lencería y unas medias de red con unos zapatos con el tacón más alto permitido.

En solo dos semanas todo el mundo sabía que el chico que nadie le importa ahora era Melissa la puta. Los chicos me trataban con respeto y lujuria mientras que las demás chicas me tenían envidia.

Vi a mi objetivo pasar y decidí actuar, me acerqué a él, mi antiguo amigo. Mi víctima.

—Hola perdido ¿a dónde vas? No tienes tiempo para hablar con una antigua amistad —una voz dulce y suave con un puchero y un maquillaje que hacía ver mis ojos más grandes— me has estado ignorando y me rompe el corazón no poder hablar contigo.

Mi amigo bocabierto no sabía que decir, pude ver que sus ojos se dirigían a mi falda estaba orgullosa de mis muslos y me agradaba que lo notara, me desnudaba con su mirada.

—Yahir…

—Melissa. Mi nombre ahora es Melissa bobito.

Lo elegí a él sobre todos los demás por el reto que suponía, él era un chico homofóbico. Ahora estaba babeando por su mejor amigo.

—Si, Melissa… perdón he estado muy ocupado. Con el futbol y esas cosas…

—Ok. No te preocupes. —le dije y me di la vuelta alejándome, pero tirando un condón al lado mío— Ups, perdón. No debiste ver eso.

—¡Melissa espera!

Bingo, había picado el anzuelo.

—No quieres ir al cine mañana y jugar videojuegos como en los viejos tiempos.

—Me encantaría —le dije— te veré mañana entonces. Pasas por mi a las 6. Sabes donde vivo.

Me alejé y me reuní con Juli quien vio toda la escena.

—Ni yo pude hacerlo mejor. Mañana es hora del spa y de la estética, ese chico no sabe con quién se está metiendo.

Me puse el puti vestido más corto que encontré, pinté mi pelo de rosa y me puse lentes de contacto. Ya no quedaba nada de Yahir, ahora era Melissa la puta.

—Holis —le dije en mi puerta al recogerme.

El se quedo embobado viéndome. Mi madre nos tomo unas fotos antes de irnos, estaba orgulloso de su nueva hija y de su primera cita.

Todo el mundo dirigía su mirada hacia mí en cualquier lugar que pisáramos, en el cine a media película y sin importar que hubiera gente alrededor me moví de mi asiento y me subí arriba de él.

—No estas usando ropa interior —dijo al darse cuenta.

—No me gusta cómo se siente con este vestido y quería estar cómoda.

Cada que sucedía una escena fuerte me hacía la asustada y daba brincos hasta sentir a su amiguito cada vez más grande.

—Parece que si te gusta lo que estás viendo.

Saliendo me llevo a su casa, su madre puso una cara de asco al verme, no me reconoció como el amigo que siempre iba a su casa. Me veía como lo que era, una puta.

Nos pusimos a jugar un rato, pero yo no había venido a eso, puede que en mi anterior vida sí pero ahora me interesaban otras cosas, algo de 13 centímetros para ser exactos.

Acerque mi mano al bowl de botanas y “por error” mi mano se equivoco y toco su entrepierna.

—Ups —dije pareciendo inocente— perdón tenía las manos llenas de salsa y manché tu pantalón. Deja limpiarlo.

Agarre una servilleta y empecé a frotarlo como si no hubiera mañana. La primera parte de mi plan tuvo éxito.

No funciono quítate el pantalón, deja ir a lavarlo.

A regañadientes se lo quito muy apenado y me salí de la habitación no sin antes dejar un paquete de condones a la vista.

Su madre estaba ocupada viendo una novela.

“Una está a punto de tirarse a su hijo y ella está riendo en la sala” pensé.

Esperé un rato antes de volver a entrar, cuando lo hice lo encontré masturbándose semidesnudo.

—Oh —me tape la boca de sorpresa.

El me jalo y me tapo la boca con sus manos, olían a semen. Era un olor mejor que el mío.

—Todo esto fue tu culpa. Me has estado calentando las bolas. Es hora de que pagues por ello puta.

Con un movimiento me quito el vestido, debajo de el no llevaba nada, ni sostén ni bragas o tanga. Ese puti vestido era lo único que me cubría.

—No eres un hombre. Tienes un pene diminuto no como el mío. Yo soy un macho alfa tu eres solo un receptor de semen.

Me tiro al piso y empezó a penetrarme, envestida tras embestida pude sentir su miembro entrando y saliendo de mí. Empecé a gemir, pero el tapo mi boca.

—Cállate puta, mi madre sigue en casa no se puede enterar.

Sentía como sus bolas chocaban con las mías al golpearme por detrás, ni a él ni a mí me importaba.

Se paro y me voltio. Lo mire a los ojos, no quedaba nada de inteligencia dentro de él, solo quedaba el animal interior.

—Chúpalo —dijo con voz autoritaria.

Sin importarme que estuviera sucio por haberlo metido dentro de mi empecé a chuparlo como Julissa me había enseñado.

A diferencia del consolador de plástico este tenía una textura diferente, un olor penetrante, se sentía la carne viva, aunque era más pequeño.

Mientras lo hacía mi propio pene empezó a crecer. Estaba húmedo y quería que continuara para tener mi orgasmo.

—Para. Ya casi llego.

Me tomo y esta vez no me volteo, empezó a meterme su pene dentro de mí, frente a frente, el podía verme a los ojos, ver a mi pene erecto y eso me encantaba.

—Eres una puta, eso te mereces —y entonces me beso.

Después de eso siguió golpeándome hasta ambos nos vinimos y lo manche de mi semen, cara y sus pectorales. Mi ano lleno de un líquido caliente.

Quedamos acostado un rato, el intentaba procesar lo que paso, escondido vi como lamio un poco del semen que le lance a su cara. Parece que le gusto.

Me lanzo mi puti vestido y me corrió de su casa.

Regresé a mi casa, no pude caminar bien me dolía todo, pero estaba feliz. Le llamé a Julissa y le conté todo.

—La alumna supero a la maestra. Felicidades, eres la mayor puta de la escuela.

Estaba feliz, soy quien siempre debí ser.

Lo que quedaba del ciclo escolar me la pase acostándome con mis antiguos amigos y compañeros, ya había labrado mi reputación y todos me respetaban, a su manera.

Pero llego el verano y con ello las vacaciones. Mi madre no me dejo salir muchas veces, pero cuando lo hacía no perdía el tiempo, tríos y orgias para recuperar el tiempo perdido.

Lo malo de ser una mujer era que mi madre me ponía a hacer el quehacer y me mandaba a la cocina en las reuniones familiares.

—Es el lugar de una mujer y tú ahora eres una.

Esperaba el regreso a clases, estaba triste por que iba a cambiar de compañeros de curso, Juli ni Fabiola iban a estar conmigo, sin embargo, mi reputación se había esparcido por toda la escuela y todos me conocían o bueno. Casi todos.

—Mi récord son dos penes en la boca, dos en mi ano y mi propio pene en la boca de un chico. Espero lograr meter tres en mi boca, pero deben ser un poco más chicos y debo de practicar mi respiración —les decía a mis amigas.

De reojo enfrente mío veía al nuevo chico que apenas acaba de ingresar a la escuela, un chico nuevo que no conocía a nadie pero que estuvo escuchándonos hablar sin perder el interés ni un segundo.

Pude ver su erección. Le gustaba lo que escuchaba. Sabía que era una de nosotras.

Me acerque sigilosamente mientras seguía hablando para no levantar sospecha hasta que pude susurrarle al oído:

—So puta.

Pude verlo en su cara. Era como nosotras. Debía ayudarlo, así como me ayudaron a mí. Su viaje estaba a punto de comenzar

 

FIN.

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