La última historia del mes y también la ultima historia del Especial del Orgullo. Seguía la letra Q de queer pero sinceramente no se me ocurrió nada así que decidí escribir usa historia sobre Crossdressing o algo parecido. Es una idea que desde hace años había querido hacer y por fin se dio. Si bien ya se acabo el mes de vez en cuando voy a escribir historias que toquen estos temas. Espero que como yo hayan disfrutado este especial y sin hacerles perder más el tiempo disfruten la historia.
So Puta
—Puta, puta, puta, puta.
Esas palabras se quedaron en mi cabeza
grabadas todo el día, en la noche soñé con ellas y al despertar seguían ahí.
Estaba en clase, el maestro había
salido e intentaba tomar las notas que dejo escritas en el pizarrón. Estaba
lejos de mis amigos, quería que el tiempo pasara volando para regresar a mi
casa.
Sin querer empecé a escuchar la
conversación de unas compañeras detrás de mí, eran las chicas populares
mientras que yo era una más.
—Eres una puta Fabiola —una de las
chicas— pero no la más puta de nosotras.
Escuche como ella el fin de semana
pasado fue con su novio y el amigo de su novio a una fiesta y después de ahí se
fueron a un motel a tener sexo.
—Me encanto, fue mi primera vez en un
trio, pero no la última.
Todas las chicas se rieron. Su
conversación me cautivo, yo aun era virgen y escuchar eso me puso caliente.
Mi error fue voltear muchas veces
mientras seguían conversando hasta que una de ellas me atrapo. Se movió más
cerca de mí y siguió platicando con sus amigas, pero ahora lo decía sabiendo
que yo escuchaba y parece que ella quería eso.
—So puta —me susurro al oído.
No levante mi mirada. La chica,
llamada Julissa, me hablaba de manera calmada a mi oído. Cuidando su tono de
voz, evitando a chismosos indiscretos.
—¿Te gusto no es así? Aquí todas somos
así, y estoy segura que tu eres una de nosotras. Yo lo sé.
Sonó la campana, tomé mis cosas y salí
corriendo de ahí.
Evite sentarme cerca de ella todo el
día, regrese a mi casa, pero esas palabras que me dijo me persiguieron todo el
día.
El día siguiente el maestro falto a
clases, dejo algunas actividades para realizar que revisaría el día siguiente.
Estaba concentrado resolviendo los ejercicios cuando una voz salió de la nada.
—So puta. ¿Has pensado en lo que
hablamos ayer?
Era Julissa. Se había movido hasta mi
lugar para encontrarme, para hablar conmigo.
—No se de que me hablas —le dije.
No quería verla a los ojos, con solo
recordar lo que pasó ayer me excitaba.
—No puedes negarlo, estabas
hipnotizado por nuestras historias, quieres ser una de nosotras. Tu boca puede
decir palabras, pero tu erección el día de ayer decía la verdad.
Iba a decir algo, pero al voltear y
verla a los ojos me quede en blanco.
—Shhhhh —dijo poniendo un dedo en mi
boca— no hace falta más. Toma esta memoria, escucha con atención y mañana me
respondes.
Se fue dejándome solo con mis
pensamientos.
El día fue más largo que ayer, la
intriga me mataba y cuando llegué a mi casa en lugar de comer o hacer la tarea
fui a mi cuarto a reproducir el USB que me había dado. Era un audio de 20
minutos. Sin más lo reproduje.
—So
puta, hola Yahir se que estas escuchando esto. Me prendió saber que tú eres
como yo. Quiero hablarte sobre lo que me contó Fabiola ayer. Ella salió con su
novio, estaba usando una falda muy corta cuando fueron al cine. El lugar estaba
vacío, pero ella decidido sentarse encima de él. A mitad de la película sabía
que le faltaba algo así que levanto su minifalda y bajo el cierre del pantalón
de novio y metió su pene dentro de ella. Así de simple, quería sentirse llena,
nosotras anhelamos sentir algo dentro sino no nos sentimos completas. No
tuvieron sexo ahí ni siquiera tuvieron un orgasmo. Solo era una puta a la que
le faltaba su complemento.
Me
masturbe escuchando su historia, su voz, pero sobre todo su relato se me hacía
super caliente. Me vine varias veces, y volví a escuchar el relato muchas veces
más.
—Te
gusto —fue lo que me dijo en la fila de la cafetería— yo sé que sí. No es
necesario que me lo agradezcas.
—Toma
tu memoria —le dije entregándole su USB.
La
recogió y de su mochila saco una pequeña bolsa.
—Mañana
sin falta —y se fue dejándome solo en la fila una vez más.
En
mi cuarto a la luz de la noche abrí la bolsa que me dio la cual había guardado
como un preciado tesoro todo este tiempo. Eran 5 juegos de ropa interior
(bragas y sostenes), de colores rosa, amarillo, azul cielo y demás colores
pastel muy femeninas con un moñito enfrente y una nota.
—Mañana
quiero que las uses. So puta.
Esa
frase se estaba volviendo mi mantra.
Caminando
solo por los pasillos de la escuela me dirigía al baño, ere día hacía mucho
calor y me acababa de quitar el suéter del uniforme antes de salir cuando sentí
que alguien agarro mi sostén por atrás y soltó el resorte, entre en pánico
hasta voltear y ver a Julissa.
—Sin
tu feo suéter se te ve el sostén. Me gusta que te guste presumir —su mano fue y
jalo mis pantalones hacia abajo, no suelo usar cinturón así que se bajaron y
pudo ver las bragas que estaba usando— me gusta que combine. Sabía que eras una
de nosotras.
Se
fue y yo regrese corriendo al salón por mi suéter, prefería morirme de calor
antes que descubrieran mi secreto.
Mis
amigos se fueron a jugar fútbol a la cancha, yo no podía cualquier paso en
falso, un forcejeo y se darían cuenta de mi sostén.
—Dame
tu mano —dijo Julissa saliendo de la nada.
Le
hice caso, me llevo con sus amigas. Me senté junto con ellas y como si fuera lo
más normal del mundo empezaron a pintarme las uñas.
—Todo
el mundo lo hace, incluso los hombres —dijo Juli.
—Lo
hago con mi novio todo el tiempo —mencionó Fabiola.
Mientras
todos los chicos estaban haciendo deporte jugando futbol o basquetbol yo estaba
con las putas pintándome las uñas, lo peor, no creía que desentonara.
Aunque
trate de ocultarlo mis amigos me acabaron descubriendo.
—Bonitas
uñas princesa —dijeron.
Las
chicas por otro lado me elogiaron.
—Eres
muy valiente. Ojalá todos los hombres no tuvieran la masculinidad frágil y
fueran igual a ti —decían.
—Toma,
creo que estas listo. Es hora de aumentar el nivel —dijo Julissa.
Eran
muchos babydolls para usar en casa y lo que me sorprendió, tangas de las más
diminutas que había.
—Mis
amigas y yo usamos esto todos los días, nos hace sentir empoderadas —y mientras
nadie veía levanto la falda y pude confirmar que era verdad
—So
puta —me repetí a mi mismo en la mañana antes de salir de mi casa.
El
hilo de la tanga se hundía en mi trasero, eso me excito todo el camino. Al
agacharme pude ver como una chica de otro salón se me quedo viendo y en sus
ojos pude ver que sabía lo que estaba usando.
Mi
caminar cambio un poco, la tanga me hacía caminar con más delicadeza, de manera
mas femenina. Los otros chicos no lo notaron, pero todas las chicas de mi clase
lo hicieron.
Lavar
mi ropa interior fue un reto, logre ocultarlo varios días, pero eventualmente
mi mama me descubrió. No sabía que inventar.
—Eres
mi hijo y te apoyo en todo —fue lo que dijo.
El
día siguiente cuando regrese de la escuela ella estaba en la sala con un
uniforme femenino, con falda y medias
—Creo
que es hora que muestres tu verdadero yo al mundo.
Quería
resistir, pero no quería quedar como un pervertido así que decidí seguir con su
juego, un juego que cada vez parecía más real.
Llegue
a la escuela vestido como niña, mi madre les había avisado a todos los maestros
del cambio, algunos lo tomaron bien y otros no tanto. El problema fue
enfrentarme con todos mis compañeros.
—Así
que ahora eres una chica.
—Siempre
lo supe, eras muy femenino.
—Todo
el mundo sabía que eras un maricón.
—Te
vi usando sostén la semana pasada, la verdad ni me sorprende.
—Que
bien que hayas sido tan valiente para mostrarte tal y como eres.
Fueron
de las coas que me dijeron al llegar al salón de clases.
Sabiendo
cual era mi destino fui y me senté junto con Julissa y sus amigas.
—Al
fin aceptas el destino como una de nosotras. No pensé que te unirías tan
rápido, y para ser tu primer día como chica llevas la falda más corta que
ninguna de nosotras. En verdad eres una puta. So puta.
Me
sonroje era verdad, el corto de la falda lo elegí yo, de manera consciente o
inconsciente había sellado mi destino. Tal y como debía ser.
—Mañana
vamos a hacer una fiesta de piyamas en casa de Fabiola, debes de venir. Aquí
está la dirección.
El
día siguiente en la noche fui obediente a mi primera salida de chicas.
Lleve
el babydoll que Juli me regalo, mi sorpresa llego cuando ellas estaban usando
un piyama normal.
—Que
exhibicionista —decía una de las chicas.
—Debo
de cuidarme sino me robará mi novio —dijo otra.
Fui
su muñeca esa noche, me pintaron el pelo, me maquillaron y me depilaron el
cuerpo.
—Con
razón quiere ser una chica, el tamaño de su pene es muy pequeño.
—En
realidad es tamaño medio, mi novio es un poco más pequeño —dijo Fabiola.
—Bueno
lo siento por ti chica. A mi me gustan grandes y parece que a nuestra nueva
amiga también.
—Me
sonroje y mi pene se levantó.
—Ese
si es un buen tamaño. Y dime, ¿Cuál es tu nombre de chica? —me preguntaron.
No
lo sabía, no lo había pensado hasta ese momento, pero decidí un nombre honrando
a la persona que me había llevado a este camino.
—Melissa.
Mi nuevo nombre es Melissa.
—Bueno
Melissa… —dijo Julissa— es hora de que aprendas a ser una puta de verdad.
Fue
a la habitación de Fabiola y saco de ahí ropa reveladora y consoladores muy
grandes.
—Vamos
a práctica. La clase Puta 101 inicia hoy. Tienes mucho que aprender para llegar
a ser igual de buena que nosotras.
Me
pintaron en cabello de rubio, me pusieron un pintalabios que simula el botox y
me dieron un micro bikini. Yo no me queje en ningún momento.
—Una
chica debe saber complacer a su hombre. Debes de aprender a hacer garganta
profunda, vamos.
Chupar
un consolador parece sencillo, excepto cuando mide 30 centímetros y tiene el
grosor de un pepino gigante.
—Wow,
lo domina rápido. A mi me tomo dos días aprender esa técnica.
Me
sentí orgullosa, el truco esta en la respiración, en cuanto lo dominas puedes
chupar lo que quieras hasta el fondo.
—Ahora
de cuclillas. Baja hasta meterlo todo hasta el fondo.
Pusieron
el consolador en el piso con lubricante y tuve que introducirlo dentro de mí.
Haciendo sentadillas para poder meterlo y sacarlo.
—Uno
dos, uno dos, uno dos, uno dos…
Sentí
dolor al principio y casi lo dejo, pero Juli no me dejo.
—Una
puta nunca se rinde.
“So
puta” pensé.
Cerré
los ojos y pensé en uno de mis amigos. Recuerdo un día que nos cambiamos en los
vestidores pude verlo desnudo, recordé la forma y tamaño de su pene. Así es
como creció mi erección y sentí una excitación enorme.
Empecé
a saltar más fuerte, abrí mis nalgas y empecé a gemir, entonces sentí una
sensación extraña, como de querer orinar. No lo supe en ese momento, pero
estaba llegando a mi primer orgasmo prostático.
Seguí
sin parar mientras las chicas son una sonrisa seguían viéndome, una de ellas
incluso empezó a grabar son su celular, a mi ya no me importaba eso. Solo
importaba el placer que estaba experimentando y después de unos momentos llego
mi recompensa, algo un líquido salió de mi pene, pero no me detuve hasta quedar
satisfecho.
Llene
todo el cuarto de semen. Incluso llegue a salpicar a una de las chicas, sin
embargo, no le importo y lo lamió.
—Has
pasado la prueba física con éxito. Es hora de que aprendas la teoría.
Julissa
saco un pizarrón y toda se pusieron alrededor de ella para escuchar su ponencia
como si fuera una eminencia en la materia.
—Muchos
dicen que una puta debe ser sumisa y una fácil pero no hay nada más lejos de la
realidad —decía lentamente mirándome de vez en cuando— una puta en realidad
siempre esta en control de la situación.
Las
chicas y yo estábamos calladas escuchando cada una de sus palabras.
—Los
hombres piensan que se acuestan y juegan con una, pero es todo lo contrario,
una puta no se acuesta con cualquiera, una puta de verdad manipula para que el
hombre crea que él está al mando. Si yo me quiero acostar con alguien él debe
de creer que él me esta llevando a la cama no al revés. ¿Entendido?
—¡Si
maestra! —gritamos todas.
—Es
hora de la diversión chicas.
Sacaron
una caja con más consoladores y nos pusimos a jugar con ellos.
“Llego
la hora de tu graduación. Sabes lo que tienes que hacer. Si tienes miedo solo
recuerda mis palabras: So puta”
Fue
lo que me dijo Julissa después de la pijamada.
Estuve
practicando toda la semana lo que aprendí en esas clases, incluso Fabiola me
regalo uno de sus consoladores favoritos, el viernes estaba lista.
Modifique
mi uniforme escolar al límite de lo permitido, la falda que apenas cubría mi
tanga, mi blusa lo suficiente transparente para que se viera mi lencería y unas
medias de red con unos zapatos con el tacón más alto permitido.
En
solo dos semanas todo el mundo sabía que el chico que nadie le importa ahora
era Melissa la puta. Los chicos me trataban con respeto y lujuria mientras que
las demás chicas me tenían envidia.
Vi
a mi objetivo pasar y decidí actuar, me acerqué a él, mi antiguo amigo. Mi
víctima.
—Hola
perdido ¿a dónde vas? No tienes tiempo para hablar con una antigua amistad —una
voz dulce y suave con un puchero y un maquillaje que hacía ver mis ojos más
grandes— me has estado ignorando y me rompe el corazón no poder hablar contigo.
Mi
amigo bocabierto no sabía que decir, pude ver que sus ojos se dirigían a mi
falda estaba orgullosa de mis muslos y me agradaba que lo notara, me desnudaba
con su mirada.
—Yahir…
—Melissa.
Mi nombre ahora es Melissa bobito.
Lo
elegí a él sobre todos los demás por el reto que suponía, él era un chico
homofóbico. Ahora estaba babeando por su mejor amigo.
—Si,
Melissa… perdón he estado muy ocupado. Con el futbol y esas cosas…
—Ok.
No te preocupes. —le dije y me di la vuelta alejándome, pero tirando un condón
al lado mío— Ups, perdón. No debiste ver eso.
—¡Melissa
espera!
Bingo,
había picado el anzuelo.
—No
quieres ir al cine mañana y jugar videojuegos como en los viejos tiempos.
—Me
encantaría —le dije— te veré mañana entonces. Pasas por mi a las 6. Sabes donde
vivo.
Me
alejé y me reuní con Juli quien vio toda la escena.
—Ni
yo pude hacerlo mejor. Mañana es hora del spa y de la estética, ese chico no
sabe con quién se está metiendo.
Me
puse el puti vestido más corto que encontré, pinté mi pelo de rosa y me puse
lentes de contacto. Ya no quedaba nada de Yahir, ahora era Melissa la puta.
—Holis
—le dije en mi puerta al recogerme.
El
se quedo embobado viéndome. Mi madre nos tomo unas fotos antes de irnos, estaba
orgulloso de su nueva hija y de su primera cita.
Todo
el mundo dirigía su mirada hacia mí en cualquier lugar que pisáramos, en el
cine a media película y sin importar que hubiera gente alrededor me moví de mi
asiento y me subí arriba de él.
—No
estas usando ropa interior —dijo al darse cuenta.
—No
me gusta cómo se siente con este vestido y quería estar cómoda.
Cada
que sucedía una escena fuerte me hacía la asustada y daba brincos hasta sentir
a su amiguito cada vez más grande.
—Parece
que si te gusta lo que estás viendo.
Saliendo
me llevo a su casa, su madre puso una cara de asco al verme, no me reconoció
como el amigo que siempre iba a su casa. Me veía como lo que era, una puta.
Nos
pusimos a jugar un rato, pero yo no había venido a eso, puede que en mi
anterior vida sí pero ahora me interesaban otras cosas, algo de 13 centímetros
para ser exactos.
Acerque
mi mano al bowl de botanas y “por error” mi mano se equivoco y toco su
entrepierna.
—Ups
—dije pareciendo inocente— perdón tenía las manos llenas de salsa y manché tu
pantalón. Deja limpiarlo.
Agarre
una servilleta y empecé a frotarlo como si no hubiera mañana. La primera parte
de mi plan tuvo éxito.
No
funciono quítate el pantalón, deja ir a lavarlo.
A
regañadientes se lo quito muy apenado y me salí de la habitación no sin antes
dejar un paquete de condones a la vista.
Su
madre estaba ocupada viendo una novela.
“Una
está a punto de tirarse a su hijo y ella está riendo en la sala” pensé.
Esperé
un rato antes de volver a entrar, cuando lo hice lo encontré masturbándose
semidesnudo.
—Oh
—me tape la boca de sorpresa.
El
me jalo y me tapo la boca con sus manos, olían a semen. Era un olor mejor que
el mío.
—Todo
esto fue tu culpa. Me has estado calentando las bolas. Es hora de que pagues
por ello puta.
Con
un movimiento me quito el vestido, debajo de el no llevaba nada, ni sostén ni
bragas o tanga. Ese puti vestido era lo único que me cubría.
—No
eres un hombre. Tienes un pene diminuto no como el mío. Yo soy un macho alfa tu
eres solo un receptor de semen.
Me
tiro al piso y empezó a penetrarme, envestida tras embestida pude sentir su
miembro entrando y saliendo de mí. Empecé a gemir, pero el tapo mi boca.
—Cállate
puta, mi madre sigue en casa no se puede enterar.
Sentía
como sus bolas chocaban con las mías al golpearme por detrás, ni a él ni a mí
me importaba.
Se
paro y me voltio. Lo mire a los ojos, no quedaba nada de inteligencia dentro
de él, solo quedaba el animal interior.
—Chúpalo
—dijo con voz autoritaria.
Sin
importarme que estuviera sucio por haberlo metido dentro de mi empecé a
chuparlo como Julissa me había enseñado.
A
diferencia del consolador de plástico este tenía una textura diferente, un olor
penetrante, se sentía la carne viva, aunque era más pequeño.
Mientras
lo hacía mi propio pene empezó a crecer. Estaba húmedo y quería que continuara
para tener mi orgasmo.
—Para.
Ya casi llego.
Me
tomo y esta vez no me volteo, empezó a meterme su pene dentro de mí, frente a
frente, el podía verme a los ojos, ver a mi pene erecto y eso me encantaba.
—Eres
una puta, eso te mereces —y entonces me beso.
Después
de eso siguió golpeándome hasta ambos nos vinimos y lo manche de mi semen, cara
y sus pectorales. Mi ano lleno de un líquido caliente.
Quedamos
acostado un rato, el intentaba procesar lo que paso, escondido vi como lamio un
poco del semen que le lance a su cara. Parece que le gusto.
Me
lanzo mi puti vestido y me corrió de su casa.
Regresé
a mi casa, no pude caminar bien me dolía todo, pero estaba feliz. Le llamé a
Julissa y le conté todo.
—La
alumna supero a la maestra. Felicidades, eres la mayor puta de la escuela.
Estaba
feliz, soy quien siempre debí ser.
Lo
que quedaba del ciclo escolar me la pase acostándome con mis antiguos amigos y
compañeros, ya había labrado mi reputación y todos me respetaban, a su manera.
Pero
llego el verano y con ello las vacaciones. Mi madre no me dejo salir muchas
veces, pero cuando lo hacía no perdía el tiempo, tríos y orgias para recuperar
el tiempo perdido.
Lo
malo de ser una mujer era que mi madre me ponía a hacer el quehacer y me
mandaba a la cocina en las reuniones familiares.
—Es
el lugar de una mujer y tú ahora eres una.
Esperaba
el regreso a clases, estaba triste por que iba a cambiar de compañeros de
curso, Juli ni Fabiola iban a estar conmigo, sin embargo, mi reputación se
había esparcido por toda la escuela y todos me conocían o bueno. Casi todos.
—Mi
récord son dos penes en la boca, dos en mi ano y mi propio pene en la boca de
un chico. Espero lograr meter tres en mi boca, pero deben ser un poco más
chicos y debo de practicar mi respiración —les decía a mis amigas.
De
reojo enfrente mío veía al nuevo chico que apenas acaba de ingresar a la
escuela, un chico nuevo que no conocía a nadie pero que estuvo escuchándonos
hablar sin perder el interés ni un segundo.
Pude
ver su erección. Le gustaba lo que escuchaba. Sabía que era una de nosotras.
Me
acerque sigilosamente mientras seguía hablando para no levantar sospecha hasta
que pude susurrarle al oído:
—So
puta.
Pude
verlo en su cara. Era como nosotras. Debía ayudarlo, así como me ayudaron a mí.
Su viaje estaba a punto de comenzar
FIN.
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