Como les prometí les traigo una entrada para celebrar el día del padre. si hay alguno aquí felicidades, al hacer esto me di que no hay un día fijo sino que es cada tercer domingo de Junio (y en algunos países varía), cada día se aprende algo nuevo. Aún quedan dos historias del Especial del orgullo y dos traducciones para este mes, sin más disfruten la historia.
24 horas de Celebración
Joaquín estaba cansado, llego a su casa del trabajo y
solo quería cenar, bañarse y relajarse viendo su serie favorita. Pero por
desgracia no todo puede ser bueno.
En cuando se bajo del auto y se acerco a la puerta pudo
escuchar los gritos de toda su familia, no quiso abrir la puerta. Una parte
dentro de él quería darse la vuelta y salir de ahí sin mirar atrás, pero por
desgracia su gran sentido de responsabilidad le impidió hacer tal acto de
desaparecer para siempre.
Todos los días era lo mismo una y otra vez. Llegaba a la
casa y había gritos por todas partes. Si no era su esposa Consuelo con su hija
Rebecca era su esposa con su hijo Javier o una pelea entre ambos hijos por
cosas insignificantes.
El hombre de 53 años abrió la puerta solo para
encontrarse a su esposa gritándole a su hijo sobre hacer los deberes del hogar.
—Cuando yo tenía 16 igual que tú —gritaba Consuelo a su
hija— mi madre me ponía a lavar la ropa y a servir la comida a mis 6 hermanos.
—Y ahora tienes 46. No tengo la culpa que pienses que
eso. Javier también lo puede hacer, míralo ahí sentado jugando con sus
jueguitos.
Javier estaba con su consola y sus audífonos puestos
ignorando los gritos de las mujeres de la casa. El chico de 20 años odiaba
estar en casa, amaba su vida universitaria en el campus. En la mañana ir al
gym, después ir a clases y al final salir con sus amigos al bar más cercano a
conquistar chicas. Lastima que había paro así que tenía que estar en su casa
encerrado con sus personas menos favoritas.
—Amor, cálmate por favor —intento mediar Joaquín— yo hoy
lavaré los platos. ¡Javier! Ayúdale a tu madre a limpiar la mesa y tu pequeña
ayuda a tu madre con la comida.
De alguna manera logro calmar las aguas. La cena fue
tranquila comparado con lo de antes, el hombre pudo disfrutar la cena sin
muchos contratiempos. Mañana era sábado e iba a descansar. No tenía nada
planeado y dudaba que su familia planeara algo así que pensó que pasaría todo
el día descansando, eso sí, si su familia no empezaba otra pelea de la nada.
Después de lavar los platos se fue directo a la cama,
estaba agotado como para bañarse o ver la televisión.
Su familia se quedo en la sala principal apenados de ver
al hombre de la casa tan deprimido.
—No podemos tratar así a su padre. Él sale a trabajar
todos los días para traer a la casa algo de comer y ustedes me hacen regañarlos
—decía Consuelo.
—Mañana es el día del Padre, deberíamos hacer algo por
él, es lo menos que podemos hacer por él. Eso y no pelear por lo menos un día —sugirió
Javier.
—Tengo una idea. Se que sonará loco pero mi amiga es una
bruja. Ella me debe un favor. Podríamos hacer que su día fuera más placentero.
Pero tienen que confiar en mi y estar de acuerdo para que funcione.
Juntos idearon el plan para que su padre pase el mejor
día de todos. El hechizo requería que todos estuvieran de acuerdo y había unas
pequeñas clausulas que debían evitar. En cuando estuvieron listos bajo la luz
de las velas a las 3 de la mañana recitaron los canticos arcanos y fueron a
dormir confiando en las palabras de Rebecca.
Joaquín despertó como todos los días solo que
extrañamente esta vez no estaba cansado, miro la hora del reloj que había en la
recamara y eran las 8 de la mañana. Se sorprendió pues su cuerpo estaba
acostumbrado a despertarse más temprano. Se levanto rápido y hasta ese momento
se dio cuenta que no estaba en su habitación, se sorprendió viendo que estaba
en el cuarto de su hijo.
Bajo la vista solo para notar la falta de su panza
cervecera en cambio veía sus músculos tonificados.
—¿Eh? —se tapó la boca.
Esa no era su voz. Tardo en comprender, pero cuando lo
hizo por fin entendió que estaba en el cuerpo de su hijo.
—¡Consuelo! ¡Javier! ¡Rebecca! —grito el padre a todo
pulmón.
Bajo del segundo piso a la sala de estar solo para
encontrarse a su esposa e hija ya despiertas junto a su cuerpo que supuso que
estaba habitado por Javier.
—¡Papá cálmate! —dijo Javier en el cuerpo de su padre.
—Podemos explicar todo. Solo no entres en pánico —continuo
su hija.
Y así fue como explicaron todo. El hechizo era un pequeño
conjuro de cambio de cuerpo. Cada uno le prestarían a Joaquín su cuerpo por 8
horas. 8 horas como Javier, 8 horas como Rebecca y finalmente 8 horas como
Consuelo.
—Pero… ¿por qué? —fue todo lo que pudo declarar.
—Por todo lo que haces por nosotros. Tu eres el sostén de
la familia, era necesario que descanses. Desde que te conocí hace 25 años no
has dejado de trabajar ni un solo día. Te lo mereces más que nadie —dijo su
amada esposa.
—Ya llevas en mi cuerpo 5 horas —comento Javier— ¿Por qué
no vas al gym para distraerte? Eso siempre despeja mi mente. Rebecca y mi mamá
ya hicieron planes para ti en sus cuerpos. Conmigo solo disfruta mi fuerza y mi
juventud.
Con un poco de ayuda de su hijo, Joaquín fue al gimnasio por primera vez en su vida. Javier le dijo que le pidiera ayuda al instructor para las rutinas. El señor en cambio se quedo admirando su cuerpo juvenil, hacía años que no tenía un cuerpo en forma.
Hizo las rutinas básicas, pero en medio de su programa su
vista lo hacía voltear hacia las chicas en las otras maquinas. Estaban en forma
y eran muy hermosas. Cuando una de ellas lo atrapo viéndola pensó que llamaría
a seguridad para reportarlo como un pervertido, pero en cambio le sonrió y le
dio una mirada de cómplices.
Ella se acerco y empezaron a charlar, el señor ya mayor
sin saber mucho de los temas de ahora intento seguir la conversación sin hablar
demasiado, solo necesario. Haciendo uno que otro comentario en referencia al
físico de la chica.
—Eres muy atento y sabes escuchar. ¿No te gustaría ir a
tomar un café después de esto? —le dijo la chica.
—Sería un placer pasar el rato con una mujer tan hermosa
como tú.
Fue al vestidor corriendo para poder ir con la chica, se tomó
una ducha rápida y salió volando solo que en cuanto volvió con ella sintió como
su cabeza giraba y de repente estaba en otro lado. Se dio cuenta que su tiempo
como su hijo había acabado.
Estaba en un lugar en el centro de la ciudad, afuera de
la plaza comercial favorita de sus hijos. No tuvo que buscar un espejo para
saber con quién había cambiado solo tuvo que mirar hacia abajo para ver los
pechos firmes que tenía.
Era su hija Rebecca.
Si el cuerpo joven de su hijo se sintió fuerte y lleno de
energía en el cuerpo joven de su hija se sentía pequeña y sexy. Era moralmente
incorrecto decirlo por ser su padre, pero el cuerpo de Rebecca era sexy, no era
una modelo ni nada de eso, pero tenía una buena figura, unos pechos bien vistos
y un trasero firme y grande.
El aire entro por sus piernas, estaba usando una falda
muy corta que si hubiera sabido lo pequeña que se veía hubiera impedido a su
hija no solo usarla sino comprarla en primer lugar. Sus zapatos de tacón (no
muy alto) hacían difícil el caminar y su cabello le estorbaba por el aire que
hacía.
Estaba en la entrada del centro comercial perdido sin
saber que hacer hasta que se dio cuenta de la bolsa rosa que llevaba en el
hombro. Ahí ella guardaba su celular, maquillaje, condones y una nota dirigida
a él.
“Papá si lees esto es porque ha llegado la hora en la que
estas en mi cuerpo. Estoy muy emocionada que hice muchos planes para que
disfrutes la estancia en mi cuerpo primero necesito que…”
Joaquín decidió dejarse llevar por los deseos de su
familia y siguió el plan de su hija a pesar que no le gustaba en nada.
El primer paso era ir a la Boutique Fomoria. Era una
tienda algo cara pero que había ofertas de verano y rebajas por liquidación en
esas fechas.
—Aprovecho que voy a estar en su cuerpo para comprarle
ropa —murmuro la niña temporal.
Estaba lleno por las ofertas y tuvo que luchar por entrar
con otras chicas. Buscar ropa de la talla de su hija era una batalla campal, le
arranco una blusa de las manos a otra niña y araño el cabello de otra chica
solo para conseguir unos jeans que se veían bonitos.
Cuando consiguió suficiente ropa siguió la parte más
difícil de todas. Entrar al probador a probarse la ropa.
Era un lugar prohibido para los hombres y ahora el padre
de familia tenía que cambiarse en frente de mujeres que tenían desde los 15
años hasta los 60.
Era un hombre de valores y respetuoso, pero eso no
impidió voltear de vez en cuando a ver a una que otra chica. Joaquín sin
embargo estaba más ocupado intentando evitar ver el cuerpo de hija al
cambiarse.
Toda la ropa que eligió se quedaba pegada a su cuerpo,
haciendo resaltar sus curvas y no dejando nada a la imaginación. Salió de ahí
con algo de ropa que esperaba que a su hija de gustará usar.
“Comprar ropa es muy divertido papi, pero lo es más
comprar ropa interior. Espero que no te moleste, pero necesito que compres
algunas prendas para mí. No te preocupes, así vivirás la experiencia completa”
decía la carta de Rebecca.
Se quedo frente a la tienda de Victoria's Secret varios
minutos parado sin hacer nada. Si comprar ropa y usarla era algo que un padre
no debía hacer entrar a una tienda de ropa interior para su hija era algo fuera
de los límites.
“Lo siento hija. Me largo” pensó el hombre.
Lastimosamente al darse la vuelta el destino le tenía
algo.
—¡Rebeeeeeee! —grito una chica de la edad de su hija.
El padre pudo reconocer ala chica como Zahorí, una de las
amigas de Rebecca y con quien había convivido en lo más mínimo.
—Zahori… ¿Qué haces aquí?
—Venía a comprar algo de ropa en Victoria's Secret y
parece que tú también. Vamos a comprar juntas amiguis.
La propuesta dejo helado a Joaquín. Sin poder responder
la chica tomo su mano y la jalo adentro de la tienda.
Para un hombre la ropa interior solo consistía en
calzoncillos y boxers. Y calcetines. Para una mujer era un mundo en si mismo,
había mil variedades de sostenes y de bragas en todos los tamaños, colores y
formas. Él no sabía en donde buscar… pero Zahori sí.
—Mira llévate este, este esta lindo también llévatelo.
Este es sexy ponlo ahí, este es más casual también ponlo. Este no es de viejita
déjalo.
Parecieron unos minutos, pero fueron horas buscando ropa
y probándosela.
A diferencia de la Boutique Fomoria los vestuarios eran
individuales, pero para su desgracia Zahori quería que los modelara.
Ahí estaba el un hombre de 53 años, padre de familia
modelando frente a una niña de 16 años en el cuerpo de su hija.
Zahori también modelo frente a él e incluso tuvo que tomarse fotos para aparentar.
Salió de la tienda sintiéndose sucio. Se decidió de la
amiga de su hija y fue a la entrada del centro comercial en donde su hijo
estaba esperándolo en su auto.
—¿Cómo te fue “hermanita”? —dijo el chico.
El tiempo en el centro comercial como una mujer es
relativo, pueden estar comprando unas horas, pero cuando salen se fue todo el
día.
—No puede ser son las 6:58 —se sorprendió Joaquin— te
juro que pasé menos tiempo ahí. Espera eso quiere decir…
—Si, prepárate. En cualquier momento volverás a cambiar.
Mi mamá estaba muy emocionada con lo que planeo esta noche. Me siento mal por
no planear algo bueno con mi cuerpo. Si hubiera tenido más tiempo…
Joaquín no pudo escuchar a su hijo terminar la frase porque se sintió mareado y cuando recupero el conocimiento estaba en su casa. Frente a él estaba el espejo de su cuarto, el espejo del tocador y devolviéndole la mirada estaba la cara de su esposa, arreglada con maquillaje y un vestido. Lista para salir.
Si bien su esposa tampoco estaba en buena forma, tenía
unos kilos de más que se notaban en las lonjas y varices en sus piernas, él aun
la consideraba bella y cada día que se levantaba en las mañanas admiraba su
belleza.
Después de pasar más de medio día en tacones caminar con
unos más grandes que había escogido su esposa fue muchísimo más sencillo, la
facilidad con la que logro adaptarse a su cuerpo de mujer madura le sorprendió
bastante.
Bajo las escaleras para encontrarse a su esposa en su
cuerpo arreglado listo para salir a cenar.
—¿Qué está pasando? —se preguntó Joaquín.
—Vamos —dijo Consuelo en su cuerpo temporal— el carruaje
la espera bella dama.
El hombre se sonrojo. Salieron afuera y se encontraron
con un auto que los estaba esperando para ir al restaurante a cenar.
El lugar no era muy lujoso, pero a veces no importa el
lugar sino la persona con la que pasas todos esos momentos. Reservaron una mesa
con vista al jardín y pidieron sus platillos favoritos.
—¿Como? —dijo Joaquín en medio de la comida.
—Bueno nada de esto lo hubiera logrado sin la ayuda de
tus hijos. Javier podo el césped, pinto la mesa de afuera y algunos trabajos más
en el poco tiempo que estuvo en tu cuerpo. Rebecca busco tus mejores ropas para
que te vieras guapo, quería que nos viéramos bien el día de hoy. Incluso tuvo
que bañarse en su cuerpo y realizar sus rituales de belleza en tu cuerpo, debes
de agradecerle después. Yo hice las reservaciones y planeé esta noche. Use mi
mejor vestido y busque el mejor tutorial de maquillaje que encontré, quería que
te sintieras como una mujer bella esta noche.
El ex—hombre no se lo podía creer. Su familia la cual
todo el tiempo se la pasaba discutiendo sin descanso se logro poner de acuerdo
para celebrar su día. No era lo que esperaba, pero se divirtió mucho en los
cuerpos de sus hijos y ahora estaba teniendo una hermosa cena con su bella esposa,
aunque no como se lo imaginaba.
Por primera vez en mucho tiempo pudieron platicar sobre
su día tranquilos sin que nada interrumpiera su momento de esposos, Joaquín
recordó porque amaba a su esposa y se enamoro aún más de ella.
—Vamos —dijo Consuelo al terminar la cena— antes de ir a
casa hay una sorpresa más. Algo que no le conté a nuestros hijos.
Su transporte personal que rentaron por esa noche los
llevo a un motel en los limites de la ciudad, un lugar intimo para ellos dos.
—Esto no está bien… no debem…
—Shhh —su esposa lo interrumpió— déjate llevar. Te
enseñare el verdadero placer en mi cuerpo.
Con mucho cuidado y cariño Consuelo empezó a tocar a su
esposo en su cuerpo, ella lo conocía como la palma de su mano, tocando cada
parte que sabía que le gustaba, llegando a zonas que él nunca toco pero que
ella lo hacía.
Joaquín se tapó después de que su esposa le quitara la ropa y lo dejara en lencería. Tenía mucha pena de mostrar su cuerpo.
—No tienes nada que ocultar, he visto ese cuerpo cada día
de mi vida, conozco cada arruga, cada varice, cada lonja. Amo cada parte de mi
ser y es hora de que tú lo hagas también.
Decir lo que paso después no es necesario, solo basta que
sepan que Joaquín no contuvo sus gemidos y pidió que la penetraran más duro. No
usaron condón esa noche, ella le prometió que no era necesario.
La noche se fue y el día siguiente llego. Cuando Joaquín
se despertó en lugar de regresar a su cuerpo como le prometieron se encontró
que seguía en el cuerpo de su esposa.
—¡Noooooooooo! —grito.
Despertó a su esposa y la obligo a cambiarse rápido para
regresar con sus hijos a su casa y descubrir lo que había pasado.
—Esto no tiene sentido —dijo Rebecca revisando los
mensajes de su amiga— papá debía de regresar a las 3 de la mañana. Lo único que
podría impedirlo es que tuvieran sexo sin protección y el semen llegara a su
vagina, pero antes de hacer el intercambio le dijimos a mamá eso. Era la cláusula
más importante.
Joaquín volteo a ver a su esposa. Ella no le dijo nada de
eso, incluso le dijo que lo hicieran sin protección. Ella la lleno de semen no
una sino tres veces en la noche. Es más, seguía llena en ese momento pues no
pudo limpiarse por regresar rápido.
—¿Qué hiciste? —le grito— tu lo supiste desde el
principio. Tu me manipulaste para dejarme atrapado en tu cuerpo.
—Amor, no culpes a nadie más que a mí. Tienes razón, yo
planee esto. Pero fue por tu bien —le dijo.
—Como puede ser por mi bien si…
—Trabajas todos los días sin descanso. Lo has hecho toda
tu vida y gracias a ello nunca nos ha faltado nada a nosotros. Te mereces una
jubilación anticipada, aunque no como esperabas. Quiero reponer todos esos años
que has luchado por nosotros.
Joaquín no estuvo de acuerdo, pero no le quedo de otra
que aceptar pues el intercambio era permanente. Aun si quisiera regresar a
trabajar su esposa no tenía ningún papel que avalara sus conocimientos y
tampoco ninguna experiencia. Estaba atrapado como ama de casa por el resto de
su vida.
Eso no fue lo peor que le paso, un mes después tenía vómitos
en la mañana, su hija le convenció de hacerse una prueba de embarazo y casi se
desmaya al ver que salió positiva.
El embarazo fue difícil, a una edad tan “grande” era de
alto riesgo requería muchos cuidados. Cuando por fin tuvo a su bebe fue la
madre más feliz del mundo.
Ahora era mayo, Consuelo estaba en toalla pensando en los últimos meses, se había adaptado a su nueva vida como madre de tres hijos y ama de casa a tiempo completo. Su esposo trabajaba duro para que no le faltara nada ni a ella ni a sus hijos. Todo siguió igual a excepción del nuevo integrante de la familia.
—Bueno mamá —dijo Rebecca— al menos no tuviste que
esperar un año para que celebremos tu día. Feliz 10 de mayo.
Se hija le abrazo. Y le dio un regalo envuelto en una
caja. Al abrirlo era un cupón para cuidar a su hermanito esa noche, una
reservación a un motel y una caja de condones.
—Solo por si acaso —menciono Rebecca— no quiero otro
hermanito.
FIN.
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