Por suerte para las dos personas que lo pidieron, Josie's TG Captions hizo una secuela (en este caso precuela) para Follada por la novia de mi hijo desde el punto de vista del hijo. Es una lastima que sea la penúltima entrega pero espero que disfruten de la traducción.
Parte 1
En un momento estaba en mi habitación y, al siguiente, en
el salón viendo la tele tras un relámpago cegador. Al instante, todo me parece
raro. El programa que echan es la telenovela de mi madre. Estoy sentado con las
piernas cruzadas, bien acurrucado, pero no noto que se me aprieten los
testículos. Al bajar la vista, veo que llevo ropa de mujer; y que me queda
perfecta. Unos vaqueros ajustados que se ciñen a unas caderas anchas que casi
no puedo ver, sobre mis evidentes pechos nuevos. Me levanto de inmediato y me
estabilizo, ya que mi centro de gravedad ha cambiado. Me dirijo al pasillo y
voy directamente hacia el espejo y allí, mirándome fijamente, está mi madre.
Tras un momento de sorpresa y de explorar el rostro que he visto tantas veces,
grito:
«¡Mamá!», suponiendo, o quizá esperando, que al menos
ella estuviera en mi cuerpo. Fue tan extraño oír su voz diciendo eso, oírla
salir de mi… boca. Empecé a subir las escaleras, un poco torpemente, ya que
realmente no estoy acostumbrada a este cuerpo, ¿quién lo estaría en esta
situación? Me dirijo a mi habitación y abro la puerta; efectivamente, allí
estoy, justo donde me dejé.
—Vaya —dije—. Esto es increíble —continué, sin dejar de
mirarme a mí mismo, con ambos poniendo las expresiones más confundidas.
—Puedes repetirlo —dijo mi cuerpo—. Supongo que tú eres
Ethan.
—Sí, o al menos lo era. ¿Qué está pasando?
—No me lo creería si no estuviera ahora mismo en el
cuerpo de mi propio hijo… ¡Debe de haber sido ese relámpago y ese trueno!
—¿Crees que podemos revertirlo?
Tras un momento de silencio reflexivo, me di cuenta de
que mi madre ya se estaba acariciando la barba mientras pensaba:
—Supongo que fue ese relámpago, increíble. Es muy raro
verme y oírme a mí misma desde esta perspectiva.
—Ni que lo digas.
—¿Crees que podemos hacer algo para revertirlo?
—Teniendo en cuenta lo completamente descabellado que es
todo esto, no tengo ni idea; ni siquiera sabría por dónde empezar, y si fue el
rayo, no estoy muy segura de que que me vuelva a caer uno vaya a resolver esto
—dijo con un tono un poco angustiada.
—No te preocupes, seguro que se arregla solo de la noche
a la mañana —dije, intentando tranquilizarla un poco.
—Lo siento, necesito un trago —dijo mientras se levantaba
y bajaba a la cocina.
Yo volví a sentarme en mi habitación, sin saber muy bien
qué hacer a continuación. No quería agobiar a mi madre más de lo que ya lo
estaba haciendo esta situación, así que decidí darle un poco de espacio. Me
resultaba muy extraño estar sentado en mi propia habitación, pero me sentía
casi como un extraño. La silla de mi ordenador se sentía diferente bajo mi
trasero. Mirar hacia mi armario me ponía de los nervios; ninguna de esas
prendas me quedaría bien ahora mismo…
Bajar la mirada me desconcertó por completo. Esas esferas
de carne a solo unos centímetros de mi cara, tan grandes (gracias a un novio) y
tan suaves. NO, son las tetas de mi madre, la mujer que me dio a luz... Me
estremecí al pensar que ahora mismo tenía su vagina, de la que salí. Esa idea me daba mucho asco, así que decidí
intentar distraerme jugando a algunos videojuegos.
Call of Duty fue un desastre; no tengo los movimientos
precisos grabados en la memoria muscular para apuntar con exactitud. Por no
hablar de que, cada vez que daba indicaciones, la gente se ponía muy rara en el
chat de voz y me pedía que hiciera cosas realmente inapropiadas. Uno incluso me
envió su Discord y me pidió que le hiciera un «espectáculo». Muchos chicos se
limitaron a comentar lo sexy que sonaba mi voz. La voz de mi madre… o supongo
que mi voz es bastante aguda, pero también suena bastante madura. Digamos que
no me confunden con un niño de 12 años.
Después de probar otros cuantos juegos, al final me cansé de tener que volver a aprender todos los movimientos y combinaciones de teclas para mis nuevas manos y bajé a ver qué estaba haciendo mi madre. Resulta que ella lo está llevando mucho peor que yo: estaba desmayada en el sofá, completamente borracha por lo que parecía, sobre todo por las dos botellas de vino vacías que tenía al lado. Limpié el desastre que había dejado y decidí irme a la cama, ya que era bastante tarde.
Mientras subía las escaleras, intentando ignorar el
traqueteo, me encontré con un dilema. Mi habitación o la de mi madre. Puede que
esto no parezca importante, pero no podía decidir qué hacer. De pie en el
pasillo entre ambas habitaciones, estaba completamente confundido. Por un lado,
necesitaba ropa de mi madre, así que tendría que entrar allí de todos modos;
por otro, ¿sería raro dormir en mi cama con su cuerpo? ¿Sería raro dormir en su
cama de todos modos?
Decidí que, al menos, me cambiaría en su habitación,
aunque entonces me di cuenta de algo: ¿realmente hace falta? Sería raro dormir
con la ropa puesta, ¿no? Es decir, mi madre lleva ropa de dormir bastante…
¿sexy? Es raro, pero cierto. Lleva ropa de dormir curiosamente sexy. ¿Sería
raro? Para empezar, tendría que desnudar a mi propia madre y luego ponerme su
camisón…
Decidí que dormir con la ropa puesta era quizá más raro,
y que si me iba a poner la ropa de dormir de mi madre, también dormiría en su
cama. Y así llegó la parte más extraña de mi noche. Siempre me han dicho lo
sexy que es mi madre y mis amigos bromean diciendo que es una «milf», lo que
siempre me ha frustrado, pero ahora creo que entiendo por qué. Nunca había
mirado a mi madre de esta manera antes, pero algo en estar en su cuerpo debe de
estar alterando mi percepción de ella. Mi madre tiene casi 50 años, y a sus 48
tiene un aspecto fenomenal. Y no me había dado cuenta de lo en forma que se
mantenía, al ver los indicios de unos abdominales marcados mientras se subía la
camiseta (¿la mía?). Desnudándome rápidamente hasta quedarme en nada, no pude
evitar posar un poco ante el espejo. Mi madre es realmente bastante sexy… «Soy
bastante sexy», me reí para mis adentros.
Me puse rápidamente su pijama habitual y seguí mirándome.
Por primera vez, le acaricié con delicadeza los pechos. Mucho más firmes que
los de mis novias, probablemente gracias a los implantes, pero se sentían de
maravilla en mis manos. Me recorrían pequeños escalofríos por el cuerpo
mientras jugaba con ellos. Le pellizqué suavemente un pezón y me sorprendió el
efecto que tuvo. Todo mi cuerpo se estremeció y empecé a excitarme.
En ese momento, básicamente, salí de mi trance, noté que mis braguitas se humedecían y el coño de mi madre estaba, eh, activo, y al pensar en eso decidí intentar dormir. Aún no tenía el valor suficiente para adentrarme en lo que la feminidad tiene que ofrecer.
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