Regreso con la siguiente parte. A pesar de que nadie respondió la pregunta que hice en la primera historia del mes al final decidí publicar la historia seguida sin nada de por medio. Creo que así es mejor para no romper el ritmo de la historia. Espero que les guste esta segunda parte. Agradezco sus visitas y comentarios. Los quiere, Mel.
Parte II
Fran se había levantado y se miró al espejo, en efecto, era una mujer. Una mujer de unas cuarenta y tantos años, de mediana edad, cara redonda con ojeras. Su cuerpo era ancho, sus senos estaban caídos y estaba algo gordita, su piel era más oscura que la de él. Era una mujer de clase media baja.
No pudo seguir mirando el espejo, regreso a su colchón y se sentó ahí. Su respiración era irregular, cerro los ojos solo para recordar su verdadero cuerpo. Su atlético cuerpo que logro gracias a entrenamientos y dietas. Podía tener a cualquier mujer bajo sus pies, ahora no tenía nada de eso.
Volvió a tocarse el pecho, con rabia. Eran blandos, con cualquier toque o movimiento se movían. La sensibilidad era distinta, bajo sus manos y toco sus lonjas llenas de grase, las apretó con fuerza.
Estaba usando un camisón viejo y desgastado. Un camión que paso haciendo mucho ruido lo saco de sus pensamientos. Abrió los ojos y se dio cuenta que seguía en el mismo lugar. No era un sueño, era la vida real.
Miro por la ventana, no estaba la vista al horizonte que siempre lo saludaba en la mañana, estaba en un segundo piso viendo el barrio extenderse a lo lejos, tendederos, transporte público.
Estaba furioso, él podía tener la a la mujer que quisiera, despertaba en una cama mas cara que todo el edificio y tenía a mayordomos sirviéndole las mejores comidos, estaba atrapado en este cuerpo viejo, pobre sin saber que hacer.
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Lejos de ahí una mujer también despertaba.
Abrió los ojos y vio como la luz entraba por su ventanal, el aire olía a sabanas limpias, a madera cara y a un perfume masculino.
Se levanto, pero en lugar de costarle su cuerpo respondió bien, sin dolores de ningún tipo. Rocío sabía que algo andaba mal.
Su cuerpo era ligero, sin el peso de siempre. No había pechos pesados tirando hacia abajo, su torso era firme y tenía vello por todas partes. Su piel era fina y suave, bien cuidada.
—¿Qué…? —se detuvo. Esa voz no era la suya.
Era joven, grave y profunda. Miro sus nuevas manos, uñas bien cuidadas, suaves y grandes.
Se sentó en la cama pensando en todo, el colchón era suave, podía volver a dormirse ahí sin problemas.
Al moverse noto algo entre las piernas, bajo la mirada y vio un bulto enorme debajo del bóxer imposible de ignorar. Levanto la prenda solo para verlo de cerca. Era grande, largo y venoso, muy sensible al tacto un solo roce le hizo gemir un poco.
Se levanto y busco un espejo, entro a un cuarto que era del tamaño de su apartamento solo que ese cuarto solo era un guardarropa. Ahí estaba un espejo del tamaño de la pared, la persona en el espejo era un hombre de veintitantos años, atractivo, ojos claros y muy atlético. Ella era ese hombre.
Cerro los ojos pensando que era un sueño, los volvió a abrir y seguía ahí. El miedo que tenía se convirtió en alegría.
Ya no tenía sus senos caídos, las caderas anchas o sus lonjas molestas. Era un hombre joven y blanco. Toco otra vez su pene, se sentía bien. Era un hombre privilegiado, con mucho dinero y juventud.
Volvió a mirar a su cama, ahí estaba durmiendo una mujer.
Rocío sonrió, por primera vez en mucho tiempo le gustaba lo que estaba viendo.
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La vida no se detiene para nadie, ni siquiera para Fran.
Su nuevo casero, un hombre mayor entro exigiéndole dinero del arrendamiento.
—No sé de lo que habla señor.
—Si no me traes el dinero esta noche sacaré tus cosas a la calle.
El chico no sabía nada de su nueva vida, hurgando en las cosas de la mujer cuyo cuerpo ahora habitaba descubrió que ahora vivía en una ciudad vecina. No tenía tiempo ni dinero para ir a ver su antiguo cuerpo.
No le quedaba de otra más que conseguir el dinero si no quería dormir en la calle, por lo menos esa noche.
Su nuevo teléfono y su bolso en la esquina fueron de gran ayuda. Descubrió que su nuevo nombre era Rocío, una mujer de 47 años. No tenía estudios y trabajaba atendiendo una tienda en un local grande.
Con mucho esfuerzo tomo la primera ropa que encontró en su armario y se la puso, cerro los ojos pues no quería ver nada de ese cuerpo que le daba asco pero que por el momento era suyo.
El viaje en metro se sintió eterno, pensaba en que mal había hecho para ser castigado de esa manera.
—Camila… —dijo en voz baja al darse cuenta.
El trabajo de Rocío no era difícil, pero si muy aburrido y humillante. Tenía que atender a todos los clientes, ellos la trataban con condescendencia y la miraban hacia abajo como si no valiera nada. Antes cuando entraba a la habitación todos se callaban para escucharlo, ahora todos lo ignoraban o no lo tomaban en cuenta.
Pero eso solo eran la mitad de sus problemas, le molestaba moverse, su cuerpo le dolía, sus senos se movían cada vez que corría para atender a una persona y le daba vergüenza que su vientre fuera muy grande.
La edad también era un factor, se cansaba más rápido y no podía cargar cosas pesadas ni hacer actividades físicas demandantes.
Solo podía quedarse en la caja, ayudando a las mujeres ahora más jóvenes que él a comprar alguna cosa.
—Aquí esta tu paga Rocío. Te desconté lo que te presté la semana pasada. ¿De acuerdo? —dijo el gerente.
Al abrir el sobre Fran solo se decepciono más.
—Trabaje todo el día solo para esta miseria. Ganaba más en una hora invirtiendo cuando tenía mi cuerpo —susurraba.
Regreso a su nueva casa, le pago todo lo que tenía al casero y con lo poco que le sobro compro algo barato para cenar.
—Si sigo así no voy a poder ahorrar para ver a Camila y que arregle esto. Ojalá me hubiera aprendido su número de teléfono.
El chico se quedó sentado pensando en cómo resolver su error.
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Ese mismo día en otra parte Rocía estaba teniendo el mejor día de su vida.
Descubrió que el nombre del cuerpo que ahora habitaba era Fran, era un chico universitario blanco de padres ricos. Tenía la vida resuelta incluso antes de nacer, había nacido en una cuna de oro.
Se sorprendió al despertarse al lado de una mujer, ella nunca pensó en las mujeres de esa manera, pero tenía que reconocer que era hermosa y con un cuerpo envidiable.
Ella se despidió y le pidió que volvieran a salir, le dio un beso en la mejilla y se fue dejando sola a Rocío en el apartamento de chico.
Una rápida investigación le dijo todo lo que necesitaba saber sobre su nueva vida. Estudiaba administración de empresas, pero viendo sus calificaciones estaba segura que el chico había pagado por aprobar. Por el dinero que manejaba pudo averiguar que le gustaba invertir dinero y si bien perdía más de lo que ganaba no le importaba pues su padre le seguía depositando a su cuenta todos los días.
Busco la ropa más cara que encontró y fue a la universidad, no sabía que había causado el cambio, pero quería disfrutarlo todo el tiempo que durara.
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Camila caminaba por la universidad triste, aún estaba dolida por perder a su novio y a su mejor amiga. No amaba a Fran, pero extrañaba su dinero, a la que si le dolía perder era a Inés.
En medio del camino pudo visualizar a Fran caminando como si nada hubiera pasado, incluso más feliz que antes.
—Esa maldita estafadora, me dijo que iba a perderlo todo y a sufrir.
Fue a confrontar a su ex muy enojada, pero al acercarse de dio cuenta que había algo diferente en él.
—¿Fran? —pregunto ella.
—Te conozco —respondió quien pendo era su ex novio.
Unas horas después en un café Camila aún no creía lo que le habían contado.
—Jajaja. No puedo creerlo. En serio funciono.
—¿Me crees? —dijo Rocío confundida.
—¿Qué si te creo? Estoy segura que fui la causante de esto.
Y le conto lo que hizo con Yelena.
—Pensé que me habían estafado, pero parece que mi deseo se cumplió solo que no como yo esperaba. Fran va sufrir viviendo tu vida de pobre, sin ofender Rocío.
—No me ofende. Pero el tiempo que dure esto lo voy a disfrutar. Amo ser joven, soy fuerte, tengo un pene puedes creerlo. ¿Me ayudarás a hacerme pasar por Fran?
—Bueno “Fran”. Creo que tenemos un trato.
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—Te dije que acomodaras la mercancía que acaba de llegar. No puedes seguir una simple orden —le gritaba el gerente a Fran.
Sus nuevos jefes ni siquiera sabían su nombre, lo trataban como basura. El chico solo recordaba como él mismo en su cuerpo llegaba a tratar a las mujeres debajo de él de la misma manera.
—Señora, señora, señora.
Esa frase que le decían los clientes solo era un recordatorio de su nueva condición de vida. Se iba al baño a llorar. Nunca había llorado cuando era hombre, pero ahora lo hacía muy seguido.
Ser la mujer de mayor edad en ese trabajo era malo puesto que la ponían a hacer trabajaos sucios como barrer o limpiar los baños.
En esos momentos tranquilos, vaciando los botes de basura y barriendo solo podía fantasear en recuperar su antiguo cuerpo y vengarse de Camila.
Pero para eso le faltaba mucho dinero, y necesitaba tiempo para juntarlo.
Soy el del comentario de ayer, repito historias como estás de cambio de rol me encantan porfa hoy sube la siguiente parte , te quedó demasiado increíble 🫢😃 felicidades
ResponderEliminarTus deseos son órdenes 😉
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