jueves, 3 de septiembre de 2026

Una pequeña equivocación (2/2)

Y terminamos la primera historia del mes, es una historia sencilla pero me gusto mucho escribirla. Esta vez no tengo mucho que decir, me voy sin palabras por el momento. Espero que mañana se me ocurra algo para no dejar esto tan solo.

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Parte II

—¿Recuerdas lo que practicamos ayer señorita? —Milena señalaba a Sergio con su dedo.

—Sí señora Martínez —dijo desganado.

—Ok. Entonces repítelas.

—Pero ayer estuvimos practicando hasta tarde.

—Y no te las aprendiste pap… Mayra —corrigió su hija.

—Bien… —gimió desmotivada la chica de 18 años— No decirle la verdad a Teo, usar ropa femenina todo el fin de semana. Para el resto del mundo soy la hija de tu amiga que vive en otra ciudad y debo de obedecer las reglas como si fuera una chica de verdad.

—Bien. Ojalá te haya quedado claro Mayra. Mi hija y yo nos iremos todo el día, regresaremos mañana temprano. Teo ya sabe que estas aquí y que te quedas en la habitación de Jessie. Cuídalo, pero recuerda que por hoy y mañana no eres su padre.

Las mujeres se fueron dejando solo a Mayra la nueva chica del pueblo.

Sergio odiaba caminar, el pantalón y la forma de cuerpo la hacían caminar extraño, se vio en el espejo y veía como se movió su trasero al dar cada paso. A pesar de usar sostén su pecho se sentía grande y no podía ver debajo de él debido a su tamaño. La chica tenía un buen cuerpo el problema era que él no era esa chica.

Lo único bueno de todo eso era que los dolores que lo aquejaban por trabajar duro todos estos años habían desaparecido. Se sentía con energía todo el día y recupero la elasticidad que pedio hacía varios años.

Se la paso mirando el teléfono hasta que llego su hijo. Teo era un universitario de 22 años a punto de terminar la carrera de Arquitectura. Cuando tocaron el timbre sabía que era él y al abrir pudo ver como su mandíbula se caía y como sus ojos recorrieron el nuevo cuerpo que ahora poseía Sergio.

—Hola Teo —dijo Sergio— pasa esta es tu casa, te he estado esperando.

—Hola, tu debes ser Mayra. Mama dijo que te estabas quedando aquí —el chico no podía apartar la vista de la mujer.

—Te sientes bien…

—Sí, lo siento. Es que no esperaba encontrarme con una mujer tan hermosa como tú. Cuando mi madre me dijo que la hija de una de sus amigas iba a quedarse pensé que sería una niña o una mujer fea, no alguien que parece bajada del cielo.

Sergio estaba en conflicto. Sabía que su hijo había quedado flechado con el cuerpo que ahora poseía y veía como intentaba ligar con él, le daba asco. Pero por otro lado su cuerpo también se sentía atraído por su hijo, y ese coqueteo le había hecho sentir mariposas en el estómago. Era una lucha entre su mente y su cuerpo.

Las siguientes horas fueron muy incomodas para ambos, uno quería hablar más y conocer a la mujer frente a él mientras que la chica intentaba evitar profundizar en su pasado para no derrumbar su farsa.

—Sabes, estoy triste —el chico no apartaba la mirada de la chica frente a él.

—¿Por qué?

—Se supone que hoy mi padre y yo íbamos a salir, pero mi madre dijo que iba a estar ocupado todo el fin de semana. A veces creo que me evita. Puede que sea una decepción para él y no me quiera cerca.

La culpa caía sobre Sergio. No podía decirle la verdad, pero quería salvar lo poco que aun valoraba en el mundo: su familia.

—No digas eso. Se que él te ama —era un intento de defensa.

—No lo creo…

Sergio sabía que en ese momento no podía hacer nada para limpiar su nombre, pero podía intentar animar a su hijo.

—¿Qué tal si tú y yo vamos a la feria de la ciudad?

Al chico se le iluminaron los ojos, desde su perspectiva una chica linda lo estaba invitando a salir, aunque realmente fuera su padre.

—Vamos Mayra —se paró y la tomo de la mano— no te arrepentirás.

“Mayra” tuvo que cambiarse y ponerse algo de acuerdo a la ocasión. Busco en internet ideas para outfits. Eligio ropa de la cual se arrepintió, pero era muy tarde para volver a cambiar.

Sergio no pudo negar que se divirtió, cuando era mayor no le interesaban esas cosas, pero siendo joven otra vez pudo valorarlo desde otra perspectiva. Teo fue todo un caballero e incluso le regalo un peluche que se ganó en uno de esos juegos de habilidad.

Cuando iban de regreso a casa Mayra detuvo a Teo en una tienda de conveniencia.

—Hay que refrescarnos un poco.

Intento comprar alcohol para beber, pero fue imposible debido a que le pidieron identificación. Con ese cuerpo no tenía nada que acreditara su mayoría de edad, pero su príncipe azul llego al rescate.

—Yo los compro no te preocupes —dándole al cajero su identificación.

Regresaron a casa y estuvieron conversando un rato, entre risa y risa iban bebiendo más. Sergio no sabía que ahora como Mayra su cuerpo no toleraba el mismo alcohol que antes y cuando se dio cuenta estaba ebrio.

Inhibido por el alcohol más las hormonas de un cuerpo joven y teniendo frente a ella a un chico guapo Mayra cayo rendida a sus pies. Ella empezó a acercarse poco a poco a él, después lo empezó a besar y en menos de lo que se esperaba estaban bajando en el sofá principal.

—Vamos a mi antiguo cuarto —Teo la alzo con sus dos brazos y llevo a su princesa a sus aposentos.

Como si se tratara de un show de magia la ropa despareció en un instante, Mayra estaba ardiendo de deseo y sin importarle su pasado y que el chico frente a él era su hijo se agacho y empezó a chuparle el pene.

Le costó al principio, pero poco a poco le agarro el ritmo y al final llegó a parecer una profesional. Era algo que nunca imagino que haría, pero le termino gustando mucho.

Teo no se quedó atrás, chupo cada uno de sus pechos, la acaricio suavemente en todas las zonas erógenas que conocía, vio a la mujer frente a él gemir de manera sensual. Llegado el momento se unieron en un solo ser.

Ingreso su miembro a la vagina de la chica, ella grito de placer al sentirlo dentro de él. Siguieron así varios minutos, Mayra era una gritona, no podía dejar de gemir o exclamar cada que su hijo la embestía por detrás.

Sin importarles el mañana Teo termino dentro de Mayra. La chica sintió como se llenaba se semen y en ese momento no importaba que ese era su hijo, se sentía feliz.

Durmieron abrazados toda la noche de cucharita.

El día siguiente Mayra no pudo ver a su hijo a la cara. Evito todo contacto visual con él a pesar de que Teo quería hablar de lo sucedido.

—Fue un error —dijo Mayra— olvídalo, nadie debe saber de esto nunca.

Cuando llego su esposa e hija todo se calmó. Se mantuvo alejado de Teo ese día hasta que en la noche regreso a la universidad.

El resto de la semana paso rápido para las tres mujeres que ahora vivían en esa casa. Sergio contaba los días para dejar de ser Mayra.

Su hija fue la que más disfruto tener una “hermana”. Su esposa también se divirtió teniendo dos hijas en la casa además de alguien que les ayudaba con el quehacer del hogar.

El día llego y fueron de nuevo a buscar el medallón. Cuando lo encontraron lo tomaron con cuidado y sin importar el precio lo compraron. Lo llevaron a la casa pues no querían hacer el cambio en medio de la calle como la última vez.

—Voy a extrañar a Mayra —dijo Jessie.

—Pero tendrás a tu padre de vuelta princesa. Amor, dame el medallón y una de mis camisas —Milena se lo paso con un guante. No quería otro accidente.

Sergio sintió el mismo cosquilleo que la primera vez. Poco a poco se fue haciendo más alto, su cabello se hacía más pequeño y sus pechos iban desapareciendo, pero a la mitad del proceso todo se detuvo. De repente todos esos cambios se revirtieron y regreso a su forma de mujer.

—¿Qué paso? —grito la chica de 18 años.

—¿Mamá?

Milena fue por las hojas en donde imprimió toda la información del Medallón de Zulo que encontró en línea junto a su esposo.

—No sé porque no funciono. Pasaron más de 12 horas desde el ultimo cambio, no esta teniendo la regla y tampoco ha quedado embaraza…

Se detuvo a mitad de la frase al ver la cara Mayra. Solo eso basto para saber la verdad.

—¿Qué hiciste Sergio?

—Yo… he…

No duró mucho, escupió toda la verdad en cuestión de minutos. Les dijo lo que había pasado el sábado pasado con Teo.

—¿Ahora que vamos a hacer? —dijo una asustada Mayra.

—Tengo que hacer unas llamadas —y Milena se fue dejándolo a padre e hija solos.

El día siguiente a primera hora de la mañana Teo llego a casa. Su madre le había pedido que viniera urgentemente. Él pensó que alguien había muerto, pero era todo lo contrario.

—Me estás diciendo que Mayra es en realidad mi padre —Milena asintió— y que ahora estaba embarazada de mi hijo.

No les creyó al principio, pero una demostración del medallón (convirtió a Jessie en una niña pequeña y cuando pudo la devolvió a su cuerpo) hizo que creyera completamente la historia.

—No quiero que esto se vuelva una vergüenza familiar. Qué dirían los vecinos si se enteraran que mi hijo embarazo a una chica y la dejo tirada. Van a tener que casarse, es lo mejor para todos.

—Pero ni siquiera tengo un carnet de identidad —protesto Mayra.

—Llame a una amiga que trabaja en el gobierno. Nos va a costar caro, pero te conseguiremos una nueva identidad.

Unos meses después se celebró una pequeña ceremonia en la que la pareja unió sus vínculos eternamente.

Las fotografías mostraban que la novia no podía ver a novio a los ojos. Parecía que sentía una inmensa vergüenza. Solo 4 personas en el mundo sabían la verdad, en esas fotos también se veía la pequeña panza de embarazada de Mayra.

Después de la graduación de Teo, Mayra se fue a vivir junto a él a otra ciudad. Había encontrado un buen trabajo y una casa decente.

Un día el medallón desapareció sin dejar rastro y aunque Mayra quisiera no podría volver después del embarazo.

Frente a su ex esposa e hija la pareja se veía incomoda, pero lejos de ahí y en la intimidad Mayra se había adaptado a su rol. Después de que naciera su hija volvieron a ser activos sexualmente, eso sí, esta vez usando preservativos. Cada que Teo llegaba a casa veía su esposa esperándolo desnuda y agradecía que el cambio se hubiera vuelto permanente. Ambos disfrutaban su vida y no la cambiarían por nada.


FIN.

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