viernes, 6 de noviembre de 2026

Un día más con ella

Esta es la entrada numero 150 del blog. Gracias a todos por ayudarme a llegar hasta aquí. Como regalo para ustedes decidí publicar un historia que acabo de hacer (la hice el lunes). Es muy erótica, tabú y puede que muchos la consideren de mal gusto pero parece que a todos nos gusta este tipo de historias de vez en cuando.

A pesar de no parecerlo léanla completa. Una vez más, gracias por las visitas y los comentarios. Cada que puedo se los recuerdo porque sin ustedes este blog solo serían palabras mías lanzadas al aire, ahora por lo menos tengo un publico que por lo menos lee (a veces) mis desvaríos.

Un día más con ella

Intento mantenerme consciente mis últimos momentos de vida, estaba en mi trabajo, una constructora cuando uno de mis compañeros erro un movimiento y grandes materiales de construcción cayeron encima mío.

Dicen que la vida pasa frente a tus ojos cuando estas a punto de morir, recuerdo cuando nací, esos primeros momentos viendo por primera vez a mis padres. Mis primeros pasos, mis primeras palabras. El día que entré a la escuela y cuando conocí a mi esposa, el día de mi boda y el nacimiento de mi hija.

Todos esos momentos pasaron frente a mi como una película, me costaba respirar, pero estos últimos alientos eran de felicidad. Había vivido una buena vida, pero lo que más iba a extrañar era sin duda ver a mi Fatima, mi hija, crecer.

—Ojalá… —decía con mis ultimas fuerzas— pudiera estar un día más con ella…

Veía a mis compañeros de construcción venir corriendo a los escombros intentando salvarme, escuchaba a uno de ellos llamar a la ambulancia y a otro ir por el kit médico, yo solo cerré mis ojos esperando el final…

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Una alarma me despertó. 

Me levante confundido. Hace tan solo unos momentos estaba a punto de morir, pero ahora estaba acostado en una cama en una habitación extraña.

Estaba lleno de posters de artistas, un color rosa inundaba el lugar y al mover mi cabeza para ver todo el lugar sentí como mi pelo era largo y llegaba hasta mi espalda.

Usé mis manos para quitarme los mechones de la cara, pude ver mis manos y eran pequeñas y muy finas. Mis manos eran grandes llenas de moretones y ampollas, pero estas eran delicadas y estaban pintadas de color rosa.

Mire la cama en la que estaba, sabanas rosas. Pero lo que me sorprendió era que estaba usando un camisón, uno de mujer y sobresaliendo estaban dos grandes masas de carne, usé mis nuevos manos para tocarlas, una descarga eléctrica sentí cuando las toque y mis pezones se pusieron duros de solo un roce.

Lleve mis manos a mi tren inferior solo para confirmar lo que ya era una obviedad. En efecto, no había nada ahí abajo. Era una hendidura en donde uno de mis dedos pudo entrar sin problemas.

Me levante con cuidado, aun no me acostumbraba a la nueva movilidad de mi cuerpo. Camine paso a paso hasta encontrar un espejo y verme por primera vez. Quien me devolvía la mirada no era el hombre de 44 años que siempre fui, sino una chica, joven, posiblemente de la edad de mi hija.

Me pellizque, no podía creer lo que estaba viendo. Soy un hombre no me juzguen. Me quite el camisón hasta quedar desnuda frente al espejo. El cuerpo que ahora tenía ero lo opuesto al mío, nada de una barriga de papa cervecera, tenía un abdomen plano, un trasero bonito y unas tetas firmes que podía dejar de mirar.

Mi cuerpo no tenía ningún vello, estaba lampiña no como mi anterior cuerpo lleno de pelos por todas partes. Siguiendo hacía abajo pude ver la vagina que ahora poseía. Era muy bonita, recién rasurada y podía ver el clítoris desde el espejo.

El sonido de un celular interrumpió mi exploración, fui a la mesita de noche a buscarlo y tuve dos sorpresas que casi me matan de nuevo.

Lo primero era un mensaje de mi hija, reconocía esa foto donde fuera, sabía que era ella.

<<Amiguis recuerda que hoy pasamos por ti. Besos>>

Pero el mensaje fue lo que menos me sorprendió, era la fecha: 06 de noviembre. El día de ayer cuando morí era 08 de mayo. De alguna manera había estado muerto por 6 meses o había viajado al futuro. Cualquiera de los dos escenarios era igual de aterrador.

No sabía lo que había pasado, pero ahora estaba en el cuerpo de la amiga de mi hija y ella me iba a recoger para llevarme a la escuela. Hacía casi 26 años que no pisaba un aula.

No tenía tiempo que perder, si quería respuestas tenía que ir con mi hija a clases, deje mi exploración para más adelante y busque el uniforme escolar de la chica.

—No se porque aun tienen que usar uniformes. Se supone que solo lo usan en primaria y secundaria —me decía a mi mismo al ponerme la blusa y la falda.

A duras penas me llegaba a las rodillas, las medias apretaban mis muslos y la blusa blanca dejaba ver el sostén que usaba.

—Estoy seguro que hacen esto para ver a las chicas, malditos pervertidos.

No sabía nada de la vida de esta chica, solo el nombre: Marcela. No tenía el horario de sus clases así que tomé todas sus libretas y libros y las metí a la mochila. 

Al bajar las escaleras no había nadie, preparé un café, pero lo escupí al probarlo.

“Esta chica odia el café. Genial” pensaba enojado. Yo había amado el café en mi cuerpo de hombre y ahora lo odiaba.

En ese momento la bocina de un auto sonó por toda la sala. Mire por la ventana y era mi esposa en su auto junto mi hija. Tomé las llaves que estaban colgadas ahí y salí para ir con ellas.

—Holis —dijo mi hija al verme.

Bajo del auto para darme un abrazo. Yo le devolví el abrazo y casi lloro. Pensé que nunca lo haría de nuevo y aquí estaba, haciéndolo una vez mas y no quería que terminara.

—Chicas suban rápido, van a llegar tarde a clases —grito mi esposa.

—Si mami, ahí vamos.

El viaje en el auto se puede resumir en mi hija hablando todo el camino y yo solo asintiendo y diciendo palabras monosílabas.

Cuando llegamos a la escuela ella me tomo del brazo y me llevo a nuestro salón de clases. Al estar sentadas por fin pude preguntarle algo que quería hacer desde que salí de la casa.

—Oye… y…. ¿tu padre? —fue todo lo que pude decir.

Su sonrisa y energía desaparecieron de repente.

—Aún lo extraño, no dejo de pensar en él ni un solo día, pero cada día intento salir adelante. Es lo que él hubiera querido.

Mi corazón casi se detiene al escucharla decir eso, quería llorar y abrazarla, decirle que aún estaba aquí, pero me detuve. Ella no merecía eso.

—Le pedí a las estrellas que estuviera aquí conmigo y creo que lo cumplieron. Esta aquí, en mi corazón.

Sonó la campana y empezaron las clases. No pude hablar con ella más que en el receso para la comida y un poco entre clases.

Hablando de estas, nunca fui el mejor alumno cuando era estudiante, pero después de no ir por más de 20 años no recordaba casi nada. No entendía nada de lo que decían, a penas recordaba como sumar y restar y ahora estaban usando letras para las matemáticas. Cuando me pasaron al pizarrón para resolver un sencillo problema me quede en blanco y todos se rieron de mí. Quería llorar, pero no quise darles el gusto.

Di un suspiro de alivio cuando la campana sonó y terminaron las clases.

—Oye, quieres ir a mi casa, o a la tuya —le pregunte a mi hija Fátima.

—Perdón Marce, pero le prometí a Tom que saldría con él hoy.

Se me helo la sangre, recordaba el nombre de ese chico. Fátima lo llevo varias veces a reuniones familiares con amigos, lo conocía de lejos y sabía que quería algo con mi pequeña. Ese muchacho no me la iba a quitar.

—¿No eres muy joven para salir con él? —pregunte.

—Acabamos de cumplir 17, ya somos suficientemente mayores como para tener novio —me dijo antes de darme un beso en la mejilla y despedirse de mi— y, oye… —grito antes de desaparecer de mi vista— le voy a preguntar eso que me dijiste ayer. Estoy seguro que le gustara.

Y se fue dejándome solo con mis pensamientos.

No me quede más tiempo del necesario en la escuela, quería ir con mi esposa, pero sería raro que la amiga de mi hija estuviera en su casa si ella. Así que tuve que ir a mi nueva casa. Solo por primera vez desde la mañana investigue un poco de la vida que ahora era mía.

Por lo visto sus padres trabajaban todo el día, se veía que no lo faltaba nada a la chica solo que estaba muy sola. Intente hacer la tarea que había dejado, pero al final me enoje al no entender nada y le pregunte a Chatgpt por las respuestas.

—Aprovechemos que termine mis deberes del día de hoy.

Nunca me interesaron estas cosas, pero este cuerpo estaba haciendo algo en mi cerebro y lo estaba cambiando. Abrí su guardarropa y empecé a modelar todos los conjuntes que estaban en su armario.

Cosas sencillas desde blusas y tops pasando por faldas, leggins y vestidos. Tenía un cuerpo muy hermoso, pero me sentía culpable. No por tener su cuerpo sino por estar viendo con morbo a alguien de la edad de mi hija.

—Soy un monstruo —me dije a mi mismo.

Guardando las cosas noté que una esquina del armario estaba oculta una caja, al sacarla de ahí y abrirla descubrí que Marcela tenía guardado ahí sus consoladores.

No dije nada, los saque de la caja y los puse en la cama para verlos mejor. Nunca había visto uno de esos en persona, mi esposa no los usaba y solo los conocía por el porno. Pero verlos en persona era muy extraño.

Mi cuerpo estaba caliente y antes de darme cuenta había tomado uno de ellos con mi mano y lo encendí. Vibraba y podía modificar su frecuencia. La lujuria me gano y lo lleve directo a mi vagina.

Jugué con ellos más lo que quiero admitir, pero, aunque amaba la sensación de tenerlo dentro de mi vagina lo logre llegar al orgasmo.

—¡Maldición! —grite después de casi una hora intentándolo sin éxito.

Cansado me fui a dormir, mañana era sábado y tocaba descansar.

El día siguiente me levanté tarde y pude conocer por fin a los padres de la chica, mis nuevos padres. Hablamos un poco, les conté de la escuela sin entrar en muchos detalles y ellos me dijeron que me amaban. Ellos dijeron que hoy iban a trabajar también pero que descansarían mañana y saldríamos de paseo. Terminando de desayunar se despidieron y me dejaron sola con mis pensamientos.

Me sentía culpable por robarle la vida a esta chica. Y además no sabía si este iba a ser mi cuerpo para siempre o solo por unos días. Tenía muchas preguntas y no sabía si tendrían respuesta.

Use mi tiempo para aprender más de la vida que ahora vivía, me sentía un intruso leyendo los mensajes privados entres Fátima y Marcela, pero debía hacerlo si no quería levantar sospechas. Aprendí cosas de mi hija que nunca debí de haber sabido, desde que probo el alcohol y las drogas en una fiesta (aunque dijo que lo odio y que nunca lo volvería a hacer) y la relación con Tom y el día que perdió la virginidad con él.

—La próxima vez que lo vea lo matare —dije.

Ahora conocía las relaciones con mis padres, maestros y diversas personas de mi ahora vida. No era un experto, pero podía hacerme pasar por ella sin ningún problema.

Eran casi las 6 de la tarde, iba a ponerme a ver una película cuando recibí un mensaje de Fátima.

<<Amiga adivina que. Dijo que sí. Nos vemos en mi casa en una hora.>>

Pensé en declinar la oferta, pero estaba tentado en saber lo que tenían planeado. Fui a mi habitación por algo de ropa y salí a mi antigua casa para ver que había hecho mi hija.

Sabía que la casa estaba sola, mi esposa tenía que trabajar el día de hoy. Toque la puerta y en un instante abrieran la puerta, pero no quien yo esperaba.

—¡Tom! —dije al ver el novio de Fátima.

—Hola Marce, pasa.

Entre con cautela, mi hija estaba en la sala sentada muy emocionada.

—Fati… ¿qué planeaste? —le susurre esperando una respuesta normal.

—¿No te acuerdas? —dijo con una sonrisa— el jueves me dijiste que siempre te gusto mi novio y me pediste que le preguntara si tendría un trío con nosotras dos.

Mi mandíbula se cayo al escuchar eso. Me levante para salir corriendo de ahí, pero Tom me poco de la cadera al voltearme y me beso.

—¿Están listas chicas? —dijo el chico.

—Si amor. Vamos al cuarto de mi madre.

Subimos, pero antes de entrar Fátima detuvo a Tom.

—Espera, deja que nos preparemos.

Ella le cerro la puerta y me llevo al baño que estaba en el antiguo cuarto que mi esposa y yo compartíamos.

Ella tenía una bolsa ahí preparada, saco lencería de ahí y me la dio.

—Vamos póntela. Quiero que este momento sea inolvidable.

Tome una de las bragas que me dio, no era sexy sexy pero comparada con mis bragas de abuelita si era mucha diferencia.

—Vamos tomate una foto. Te ves como una zorra Marce —decía con una sonrisa.

Le hice caso. Una parte de mí odiaba esto, pero el tabú y la humillación me estaban calentando y quería saber cómo terminaría esto.

Ella fue a la puerta y nos vio a ambas, vistiendo ropa sexy esperándolo a él.

Las dos lo tomamos de la mano y lo llevamos a la cama. Estaba en piloto automático y no sabía como actuar así que solo me relaje e imite los movimientos de mi hija.

Tom se recostó y se bajo el pantalón, Fátima le quito el bóxer y su pene salió libre de su prisión. Quede hipnotizado, era la primera polla que veía que no fuera la mía y aunque era más pequeña que la que tenía desde este punto de vista se veía enorme.

Mi hija se puso de rodillas, yo la imite y ella empezó a chupar el pene del chico. Yo tenía miedo, una parte de mi no quería hacer eso, pero otra quería en serio por lo menos darle una lamida.

Ella al verme dudar se detuvo.

—Vamos Marce. Somos amigas recuerdas, ven sabe muy rico. Dale una probada, hay que hacerlo juntas.

Con un poco de pena al principio empecé a chuparlo junto a ella, no podía creer que estaba chupando una polla al lado de mi hija y que me estaba empezando a gustar. Estábamos compartiendo la polla de su novio e incluso estábamos empezando a pelear por ella.

Me gustaba mucho el sabor y la textura, cuando Fátima me hacía de lado para chuparla la miraba con enojo y esperaba a que se descuidara para robársela y metérmela en la boca.

Después logre ponerme de frente y tuve la polla para mí misma (si, ahora me consideraba una mujer) y se la chupe como me hubiera gustado que mi esposa lo hiciera. Fatima en lugar de seguir luchando se rindió, pero empezó a chuparme a mi mientras yo se la chupaba a su novio.

—Mírenla, primero no quería y ahora no puede separarse de ella —dijo mi hija riendo.

Estaba en el cielo y no quería que este momento terminara. Así seguimos hasta que Tom nos detuvo. 

—Esperen chicas. Esto es solo el plato de entrada.

El novio de Fatima me volteo y empezó a penetrarme. No sabía si Marcela era virgen, pero yo lo era en su cuerpo. Grite al principio de dolor, pero después de algunas embestidas se transformó en placer.

Sentía la polla entrando y saliendo de mi vagina.

—Tom… Tom… Tom… por favor no pares —gritaba con mi aguda voz que después se transformó en gemidos.

El chico que antes odiaba ahora le estaba rogando por su pene. Mi hija puso su vagina frente a mi para callar mis gritos.

Chupaba su vagina mientras que recibía el pene de su novio, si no estaba muerto esto era lo más cercano al cielo que podía estar.

—Voy a terminar… —decía Tom.

—Espera amor —decía Fatima— si vas a terminar que sea dentro de mi boca.

Ella se hizo para adelante para sacar el pene de su novio de mi vagina y empezó a chuparlo hasta que acabo dentro de su boca.

—Wow —ambos dijeron.

Yo quede decepcionada, quería que terminaran dentro de mí.

—No estes triste Marce. La siguiente vez te toca a ti.

Una sonrisa se formo en mi cara. Puede que ya no fuera su padre, pero estaba feliz de estar cerca de mi hija, como su mujer amiga que comparte el pene de su novio.

Esto era mejor que el cielo y estaba lista para experimentar la sexualidad de mi nuevo cuerpo con o sin mi hija.


FIN.

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